El expresidente de Paraguay Santiago Peña fue trasladado cerca de la medianoche del viernes 6 de noviembre desde su residencia en el barrio Santísima Trinidad, en Asunción, hacia el Regimiento Escolta Presidencial. El operativo de seguridad se ejecutó en tres camionetas bajo custodia policial, en medio de disturbios protagonizados por manifestantes que rodeaban la vivienda.
Durante la desconcentración de los vehículos, grupos de manifestantes arrojaron piedras, huevos y otros elementos contundentes contra la comitiva oficial. Efectivos de la Policía Nacional intervinieron en el lugar y reprimieron con balas de goma para dispersar la protesta, que exigía que el exfuncionario cumpliera la medida judicial en una cárcel común y no bajo arresto domiciliario.
Por qué las fuerzas de seguridad ordenaron la evacuación
La orden de traslado fue dispuesta por los equipos de seguridad ante la masiva concentración vecinal y versiones sobre personas infiltradas en la manifestación. De acuerdo con las fuerzas policiales que custodiaban el área, no estaban dadas las condiciones para garantizar el resguardo de la propiedad ni la integridad de sus ocupantes.
Hasta ese momento, Peña permanecía en su vivienda por disposición del Ministerio Público. La fiscalía había establecido que el dirigente debía guardar detención en su domicilio hasta comparecer ante la Unidad Especializada de Delitos Económicos y Anticorrupción para prestar declaración.
El juicio político y la pérdida de fueros
La situación judicial de Peña se precipitó tras su destitución en el Congreso. El Senado de Paraguay resolvió removerlo de su cargo por mal desempeño de funciones mediante juicio político, con el voto unánime de los 44 legisladores presentes en el recinto. Tras esa votación, el hasta entonces vicepresidente Pedro Alliana asumió la presidencia de la Nación.
La decisión parlamentaria de avanzar con la destitución en lugar de aceptar la renuncia que Peña había presentado tuvo un efecto procesal directo: le impidió acceder a la banca de senador vitalicio y lo dejó sin fueros frente a las investigaciones en curso.
La crisis financiera detrás de las protestas
El descontento social que derivó en las manifestaciones se originó en la crisis financiera vinculada a Ueno bank, entidad de la cual Peña había sido accionista. El martes anterior, el Banco Central de Paraguay dispuso la intervención de la entidad bancaria, una medida que dejó a unos 2,94 millones de clientes sin acceso a sus cuentas y fondos.
La suspensión de operaciones desató reclamos inmediatos de ahorristas en distintas ciudades del país y aceleró el proceso político en el Congreso, que culminó con el cambio de mando y las medidas cautelares sobre el expresidente.
El expresidente de Paraguay Santiago Peña fue trasladado al Regimiento Escolta Presidencial cerca de la medianoche del viernes 6 de noviembre. La decisión de las fuerzas de seguridad respondió a las protestas e incidentes frente a su casa en Asunción, donde manifestantes exigían que cumpliera la detención en una cárcel común tras el colapso de Ueno bank y su destitución en el Senado.
La experiencia prémium del arresto domiciliario VIP acaba de perder su quinta estrella. Santiago Peña descubrió cerca de la medianoche del viernes 6 de noviembre que su coqueta residencia del barrio Santísima Trinidad, en Asunción, tenía una falla arquitectónica imperdonable: no resistía la lluvia torrencial de huevos y piedras cortesía de los ahorristas furiosos. El combo incluyó balas de goma policiales y una evacuación relámpago en tres camionetas blindadas hacia el Regimiento Escolta Presidencial, transformando lo que prometía ser una plácida velada de detención previa a declarar ante la Unidad Especializada de Delitos Económicos y Anticorrupción en un escape cinematográfico clase B.
El descontento popular no nació de la nada, sino de un corralito moderno: el Banco Central de Paraguay intervino el martes anterior a Ueno bank, entidad de la que el exmandatario fue accionista, congelando los fondos de unos 2,94 millones de clientes que de pronto se encontraron sin un solo guaraní para pagar el almuerzo. Mientras los manifestantes rodeaban la manzana exigiendo a viva voz que el arresto sea en una cárcel común y corriente y no en un living con aire acondicionado, los equipos de seguridad concluyeron que la integridad del expresidente cotizaba en baja y activaron la mudanza forzada al cuartel ante el temor a infiltrados.
Toda esta catástrofe institucional se desató tras un récord olímpico de desmoronamiento político: el Senado lo eyectó mediante juicio político por mal desempeño de funciones con una implacable unanimidad de 44 votos a favor, consagrando a Pedro Alliana en el sillón presidencial. Como los legisladores prefirieron destituirlo antes que aceptar su renuncia voluntaria, le anularon de un plumazo el pasaporte a la banca de senador vitalicio y lo despojaron de fueros, demostrando que cuando la rueda financiera se traba, ni las paredes de tu casa ni los votos del pasado alcanzan para frenar el impacto del pavimento.
