La previa de la semifinal del Mundial 2026 entre Argentina e Inglaterra también se juega fuera de la cancha. En las últimas horas, el tabloide británico The Sun publicó un informe especial dedicado a Emiliano «Dibu» Martínez, al que define como un arquero capaz de influir en el desarrollo de los partidos mediante una serie de recursos psicológicos que el medio calificó como sus «10 trucos sucios».
El artículo sostiene que la influencia del marplatense va mucho más allá de sus condiciones bajo los tres palos y analiza, uno por uno, los comportamientos que consideran determinantes para desestabilizar a los rivales, especialmente en instancias decisivas como una definición por penales.
Los diez recursos que identificó la prensa inglesa
Según el informe, Martínez utiliza de manera consciente distintas herramientas para alterar la concentración de los ejecutantes y modificar el ritmo del encuentro. Entre ellas aparecen la intimidación en las tandas de penales, las provocaciones verbales, la demora para entregar la pelota, arrojar el balón lejos del punto de ejecución, los reclamos constantes al arbitraje, las celebraciones efusivas, el contacto visual sostenido, el aprovechamiento de su estatura de 1,95 metros, los rebotes dirigidos hacia zonas incómodas y la decisión de asumir el papel de «villano» para absorber la presión y favorecer a sus compañeros.
El medio británico interpreta estas conductas como parte de una estrategia destinada a incomodar a los adversarios y condicionar el desarrollo del juego, en especial durante los momentos de mayor tensión.

Un arquero que vuelve a estar en el centro de la escena
La publicación llega en la antesala de un nuevo cruce entre Argentina e Inglaterra, un partido que promete alta intensidad y que se disputará en el Estadio de Atlanta. La figura de Martínez vuelve a ocupar un lugar central debido al impacto que suele generar en este tipo de encuentros y al antecedente de sus actuaciones en definiciones desde los doce pasos.
Más allá de que The Sun presente estas acciones como parte de un supuesto «juego sucio», el informe también evidencia la atención que despierta el arquero argentino entre los rivales. Su capacidad para combinar presencia física, fortaleza mental y manejo de la presión lo convirtió en uno de los futbolistas más observados antes de una semifinal que promete disputarse con máxima tensión tanto dentro como fuera del campo de juego.
The Sun publicó un informe especial en la previa de la semifinal del Mundial 2026 entre Argentina e Inglaterra, en el que enumera diez conductas de Emiliano «Dibu» Martínez que considera parte de su «juego sucio». El medio británico describe recursos psicológicos y estratégicos del arquero argentino, cuya presencia vuelve a ser un foco de atención antes de un partido decisivo en el Estadio de Atlanta.
Hay países que preparan una semifinal analizando esquemas tácticos, circuitos de juego y estadísticas avanzadas. Después está Inglaterra, que decidió confeccionar una suerte de manual de supervivencia emocional para enfrentar a un arquero que, según parece, logra alterar el ritmo cardíaco de un delantero simplemente con mirarlo fijo durante unos segundos. En cualquier momento, la UEFA podría incorporar la materia «Introducción al Dibu Martínez» como requisito para rendir licencias de entrenador.
La obsesión llegó a un punto casi académico. Lo que para unos es personalidad competitiva, para otros se convirtió en una lista numerada con títulos, subtítulos y ejemplos dignos de una auditoría psicológica. La escena recuerda a esos detectives de series policiales que llenan un pizarrón con fotos, flechas y anotaciones para descubrir al responsable del crimen. Solo que, en este caso, el «delito» consiste en demorar unos segundos la entrega de una pelota, sostener una mirada incómoda o celebrar una atajada con un entusiasmo que parece provocar más daños en el orgullo rival que en el marcador.
El fenómeno resulta curioso porque cuanto más intentan describir las supuestas artimañas, más terminan construyendo la leyenda. Si el objetivo era exponer un catálogo de maniobras cuestionables, el resultado parece el folleto promocional de un arquero que convirtió la guerra psicológica en una especialidad deportiva. Cada punto de la lista funciona como una confirmación de que el problema no es únicamente detener remates: también consiste en instalar la duda antes de que la pelota salga del pie del rival.
Mientras tanto, del otro lado del Atlántico, el protagonista continúa haciendo lo mismo que hizo durante los últimos años: ocupar el arco, competir y aceptar sin demasiados inconvenientes el papel de villano que sus adversarios le asignan. Porque hay futbolistas que necesitan explicar por qué ganan. Y hay otros que obligan al rival a escribir un informe completo intentando entender cómo hace para meterse en la cabeza de todos antes de que empiece el partido.