Durante los últimos días se llevaron adelante nuevas tareas de investigación, monitoreo y conservación del arte rupestre en Talampaya, específicamente en los sitios arqueológicos Puerta de Talampaya y Aguas Arriba.
Los trabajos contaron con el acompañamiento de la doctora en Conservación Noemí Mastrangelo y la magíster Lorena Ferraro, quienes participaron en diferentes acciones destinadas a profundizar el conocimiento y fortalecer la conservación del patrimonio arqueológico de la zona.
Un dron permitió descubrir grabados que no estaban registrados
En el sitio Puerta de Talampaya se realizó un monitoreo mediante un dron operado por guardaparques habilitados. La herramienta permitió obtener nuevas imágenes de las superficies rocosas y desarrollar un relevamiento más detallado del sector.
A partir del análisis de ese material se lograron identificar grabados rupestres que hasta el momento no se encontraban registrados, incorporando nueva información al inventario arqueológico del lugar.
El relevamiento permite ampliar la documentación disponible sobre las expresiones de arte rupestre presentes en Talampaya y aporta además material que podrá utilizarse en futuras tareas de seguimiento y conservación.
Qué es el barniz del desierto y por qué será analizado
Las investigaciones realizadas en Puerta de Talampaya y Aguas Arriba incluyeron además la toma de pequeñas muestras del denominado barniz del desierto.
Se trata de una fina capa que se forma lentamente sobre las superficies rocosas a lo largo de períodos de miles de años. Está compuesta principalmente por óxidos de hierro y manganeso, además de partículas de polvo presentes en el ambiente.
Las muestras obtenidas serán posteriormente analizadas en laboratorio. Su tonalidad y características pueden aportar elementos para realizar estimaciones relativas sobre la antigüedad de las superficies rocosas, como herramienta complementaria para los estudios arqueológicos.
Los nuevos trabajos de monitoreo, documentación y análisis permiten profundizar el conocimiento científico de los sitios y generan información relevante para la investigación, protección y conservación del patrimonio cultural de Talampaya.
Nuevas tareas de investigación y conservación realizadas en los sitios arqueológicos Puerta de Talampaya y Aguas Arriba permitieron identificar grabados rupestres que no estaban registrados. El hallazgo fue posible mediante relevamientos con dron. Además, especialistas tomaron muestras del denominado barniz del desierto para profundizar los estudios sobre la antigüedad de las superficies rocosas.
Talampaya decidió recordar que todavía tiene secretos guardados entre sus paredes de piedra, porque aparentemente miles de años de historia no alcanzaron para completar el inventario. Durante nuevas tareas de monitoreo, un dron sobrevoló Puerta de Talampaya y encontró grabados rupestres que hasta ahora no figuraban en los registros. La arqueología, disciplina acostumbrada a pinceles, paciencia y décadas de investigación, sumó así otro instrumento al equipo: una máquina voladora capaz de mirar donde durante siglos nadie había mirado con suficiente detalle.
El procedimiento fue bastante menos cinematográfico que Indiana Jones escapando de una roca gigante, pero científicamente mucho más útil. Guardaparques habilitados operaron el dron para obtener imágenes detalladas de las superficies y, al revisar el material, aparecieron nuevas manifestaciones rupestres. Ninguna cámara secreta, ninguna maldición ancestral y, hasta donde se informó, tampoco una flecha indicando dónde escondieron el tesoro. Apenas algo más importante para los investigadores: información que no estaba documentada.
Como si descubrir grabados desconocidos no alcanzara para una jornada laboral razonablemente productiva, los especialistas también tomaron pequeñas muestras del llamado barniz del desierto. Esa fina película formada lentamente sobre las rocas durante miles de años contiene óxidos de hierro, manganeso y partículas de polvo. Ahora será analizada en laboratorio para buscar pistas sobre la antigüedad relativa de las superficies. En otras palabras, hasta la suciedad acumulada durante milenios puede tener currículum científico.
Las tareas se desarrollaron en Puerta de Talampaya y Aguas Arriba con participación de especialistas en conservación y guardaparques. Cada nueva imagen, muestra y registro permitirá mejorar la documentación y protección del patrimonio arqueológico. Talampaya continúa así demostrando una cualidad bastante incómoda para cualquiera que crea que ya está todo descubierto: basta mirar una piedra desde otro ángulo para que varios siglos de certezas tengan que abrir nuevamente el archivo.