El Gobierno británico rechazó los reclamos de autodeterminación impulsados por dirigentes nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte y reafirmó su intención de preservar la continuidad del Reino Unido.
La respuesta llegó después de una cumbre en Cardiff en la que representantes del Partido Nacional Escocés (SNP), Plaid Cymru y Sinn Féin firmaron un “memorando de entendimiento” para coordinar posiciones y defender el derecho de sus respectivas naciones a decidir su futuro.
Desde el Gobierno del primer ministro Andy Burnham señalaron que “el Reino Unido funciona mejor cuando promueve sus valores compartidos de forma conjunta para resolver los problemas de todos, en lugar de dividirse”.
Londres cerró la puerta a nuevos referendos
El Gobierno británico manifestó que está dispuesto a discutir con las administraciones regionales mecanismos financieros y políticas destinadas a mejorar la seguridad económica, pero descartó involucrarse en nuevos debates constitucionales o referendos de independencia.
La posición mantiene la línea adoptada por Londres frente a los reclamos separatistas. El principal antecedente ocurrió en Escocia en 2014, cuando el 55% de los participantes votó en contra de abandonar el Reino Unido.
Los dirigentes nacionalistas cuestionaron esa postura y sostuvieron: “Nuestras naciones tienen derecho a la autodeterminación. Ningún gobierno de Westminster tiene derecho a poner trabas a la democracia”.
Un acuerdo entre los movimientos nacionalistas
Del encuentro participaron John Swinney, líder del SNP; Rhun ap Iorwerth, referente de Plaid Cymru; Michelle O’Neill, dirigente del Sinn Féin en Irlanda del Norte; y Mary Lou McDonald, presidenta de esa fuerza política.
Los participantes aclararon que concurrieron en representación de sus partidos y no formalmente como representantes de los gobiernos de cada territorio.
El memorando plantea cooperación en cuestiones económicas, energéticas e internacionales, además del objetivo político de garantizar que cada nación pueda determinar su futuro.
Los firmantes reconocieron que existen “diferentes posturas constitucionales” y señalaron que cada territorio avanzará “a su manera y en su tiempo”.
El documento también plantea el objetivo de construir una “economía más fuerte y justa” y aprovechar sus “propios recursos energéticos”, mientras los dirigentes manifestaron su intención de mantener un futuro vinculado con la Unión Europea.
McDonald calificó el acuerdo como “histórica” y sostuvo: “Es ese momento en el que afirmamos colectivamente nuestro derecho inalienable a decidir nuestro futuro”.
La declaración abre un nuevo capítulo en la disputa sobre la organización territorial del Reino Unido, aunque Londres mantiene por ahora una posición firme contra la convocatoria de nuevos referendos.
El Gobierno británico rechazó avanzar con nuevos referendos de independencia después de que dirigentes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte firmaran un acuerdo para defender el derecho a la autodeterminación. Londres reafirmó la continuidad del Reino Unido y pidió concentrar el diálogo con las administraciones regionales en economía y condiciones de vida.
Escocia, Gales e Irlanda del Norte pusieron la autodeterminación sobre la mesa y Londres respondió cerrando la puerta. Dirigentes nacionalistas de las tres naciones firmaron un memorando para coordinar posiciones y reclamar que Westminster no bloquee futuros procesos constitucionales.
El Gobierno de Andy Burnham contestó que no pretende involucrarse en nuevos referendos y que el Reino Unido funciona mejor unido. El mensaje británico podría traducirse al lenguaje de una reunión de consorcio: pueden discutir las expensas, pero por ahora nadie vota si se queda con su departamento y abandona el edificio.
John Swinney, Rhun ap Iorwerth y Michelle O’Neill participaron del encuentro junto con Mary Lou McDonald. Los dirigentes aclararon que actuaban como representantes de sus partidos y no formalmente en nombre de los gobiernos de cada territorio.
El acuerdo sostiene que cada nación deberá decidir su futuro a su propio ritmo y plantea además mayor cooperación económica, energética e internacional. También expresa la intención de mantener un horizonte político vinculado con la Unión Europea.
Escocia carga con el antecedente más concreto: en 2014, el 55% de los votantes rechazó abandonar el Reino Unido. Más de una década después, el debate volvió a golpear la puerta de Westminster, ahora acompañado por Gales y el movimiento favorable a la reunificación de Irlanda.
Los nacionalistas quieren discutir cómo separarse. Londres, por ahora, ni siquiera quiere prestar la mesa.