La República Democrática del Congo atraviesa el brote de ébola más grave de su historia. En apenas tres meses, la epidemia alcanzó los 6.041 casos confirmados y provocó 2.911 muertes, mientras las autoridades sanitarias intentan contener una variante poco frecuente del virus en una región atravesada por conflictos armados, desplazamientos y serias dificultades en el sistema de salud.

Los últimos datos de las autoridades congoleñas indican que 1.366 personas lograron recuperarse desde el comienzo de la emergencia. El número de víctimas convirtió al episodio en el brote más letal registrado hasta ahora en el país y superó al ocurrido en el este del Congo entre 2018 y 2020.

La emergencia fue declarada a mediados de mayo. El foco inicial apareció en Ituri, en el noreste del país, pero la enfermedad se extendió rápidamente y ya alcanza seis provincias del norte y del este.

Durante la última semana, el virus llegó además a dos nuevas zonas sanitarias y actualmente afecta a alrededor de 60.

La OMS advierte que el brote continúa fuera de control

Una de las mayores preocupaciones es la velocidad de propagación. La Organización Mundial de la Salud considera que el brote permanece fuera de control y advierte que la transmisión avanza más rápido que la capacidad de los equipos para localizar contactos y aislar a las personas infectadas.

Si la tendencia continúa, la epidemia podría acercarse al devastador brote registrado en África occidental entre 2014 y 2016, considerado el más mortífero a escala mundial y que dejó más de 11.000 fallecidos, principalmente en Guinea, Liberia y Sierra Leona.

La actual emergencia presenta además una dificultad particular: el brote es causado por el virus Bundibugyo, una variante mucho menos frecuente que la cepa Zaire, responsable de buena parte de los episodios anteriores registrados en el Congo.

Hasta el momento, no existe una vacuna ni un tratamiento específico aprobado contra Bundibugyo.

Según las autoridades sanitarias, esta variante puede provocar inicialmente síntomas aparentemente leves. Esa característica puede retrasar la detección y permitir que algunas personas infectadas continúen desplazándose antes de recibir un diagnóstico.

La demora dificulta especialmente el rastreo de contactos, una de las herramientas fundamentales para cortar las cadenas de transmisión del ébola.

Prueban alternativas mientras avanza la epidemia

Mientras los científicos buscan respuestas, distintos tratamientos y vacunas permanecen en etapa experimental.

La OMS recomendó realizar un ensayo clínico de fase 3 con Ervebo, una vacuna que ya está homologada contra la cepa Zaire.

Las autoridades congoleñas comenzaron a aplicarla entre trabajadores sanitarios y personal de primera línea, mientras los especialistas analizan si podría ofrecer algún grado de protección frente a la variante Bundibugyo.

Sin embargo, la lucha contra la enfermedad excede ampliamente los hospitales y laboratorios. El brote se desarrolla en una de las regiones más inestables del continente africano, con presencia de numerosos grupos armados, comunidades desplazadas y una débil presencia estatal.

Los equipos sanitarios deben atravesar caminos precarios, ingresar a comunidades aisladas y realizar sus tareas bajo el riesgo permanente de ataques.

A esas dificultades se agregó una huelga de trabajadores sanitarios vinculada con atrasos salariales, en momentos en que el sistema enfrenta una demanda extraordinaria.

Violencia, desconfianza y dificultades para realizar entierros seguros

Otro obstáculo es la desconfianza de algunas comunidades hacia las autoridades y los equipos médicos, alimentada por años de conflicto y abandono estatal.

Las restricciones aplicadas a los funerales generaron resistencia en determinados lugares. El problema resulta especialmente delicado porque el ébola puede transmitirse mediante fluidos corporales incluso después de la muerte, por lo que los entierros seguros son fundamentales para interrumpir los contagios.

La violencia también comenzó a interferir directamente con esas tareas. El sábado, un equipo sanitario que había llegado a las afueras de Mambasa, en la provincia de Ituri, para asegurar un cadáver fue atacado durante un funeral.

Jóvenes armados con machetes irrumpieron en el lugar y obligaron a los trabajadores a escapar. Uno de los integrantes del equipo resultó herido.

El episodio mostró hasta qué punto la inseguridad puede obstaculizar la respuesta sanitaria en territorios donde cualquier demora puede facilitar nuevas transmisiones.

Pese al grave escenario, las autoridades destacaron que más de 1.360 pacientes lograron recuperarse. Sin embargo, la mortalidad continúa en niveles extremos: casi la mitad de los casos confirmados terminó con el fallecimiento del paciente.

En determinadas zonas, la proporción es todavía mayor debido a las demoras con las que las personas infectadas consiguen acceder a la atención médica. Con más de 6.000 contagios confirmados, seis provincias afectadas y sin una herramienta específica aprobada contra la variante Bundibugyo, contener la expansión continúa siendo el principal desafío sanitario del Congo.