El Gobierno de Venezuela confirmó que la cifra de fallecidos por los terremotos del 24 de junio ascendió a 4.490 personas, mientras que el número de heridos se mantiene en 16.740. En paralelo, más de 19.500 personas continúan viviendo en campamentos temporales tras haber debido abandonar sus hogares por los daños provocados por los sismos.
La tragedia causada por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 continúa agravándose, especialmente en el estado de La Guaira, una de las zonas más afectadas, mientras los equipos de rescate siguen trabajando entre los escombros para recuperar cuerpos y descartar la presencia de sobrevivientes.
Continúan los operativos y la ayuda internacional
Aunque el Gobierno venezolano no difundió una cifra oficial de desaparecidos, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que hasta 50.000 personas podrían permanecer con paradero desconocido. Además, el balance oficial indica que más de 850 edificios sufrieron daños y que al menos 190 colapsaron por completo.
La asistencia internacional continúa llegando al país. Este domingo arribó un nuevo cargamento enviado por Rusia con alimentos y elementos de primera necesidad para los damnificados, mientras que la Embajada de Estados Unidos informó la entrega de 100.000 kits de asistencia destinados a las comunidades más afectadas.
En total, cerca de 30 países colaboran con Venezuela mediante el envío de ayuda humanitaria, equipos especializados y personal capacitado para participar en las tareas de remoción de escombros y búsqueda de víctimas. Aunque ya transcurrió la denominada «ventana crítica» para hallar sobrevivientes, los operativos continúan debido a la magnitud del desastre.
Argentina reforzó el operativo de asistencia
Además de las tareas de rescate, profesionales de distintos países trabajan en hospitales de campaña instalados en las zonas afectadas para atender a los heridos y prevenir brotes de enfermedades en los campamentos temporales, donde miles de personas permanecen sin acceso pleno a servicios básicos.
Argentina figura entre los países que mayor asistencia brindó tras la catástrofe. En un operativo coordinado por la Jefatura de Gabinete y los ministerios de Relaciones Exteriores, Seguridad, Salud y Defensa, se enviaron más de 16 toneladas de alimentos, medicamentos e insumos esenciales, además de plantas potabilizadoras con capacidad para producir miles de litros diarios de agua potable.
Asimismo, el 26 de junio la Fuerza Aérea Argentina desplegó aeronaves desde El Palomar y la I Brigada Aérea para trasladar personal especializado en búsqueda y rescate. La misión estuvo integrada por efectivos de la Armada Argentina con perros entrenados para localizar personas, especialistas en estructuras colapsadas y riesgo sísmico, veterinarios, operadores de drones, personal de apoyo logístico y maquinaria vial.
El origen del desastre y el impacto económico
Los especialistas explicaron que el desastre fue provocado por el desplazamiento de la placa tectónica Sudamericana respecto de la placa del Caribe, un fenómeno que liberó una enorme cantidad de energía frente a la costa norte del país. Si bien los epicentros se localizaron en el estado Yaracuy, cerca de San Felipe y Yumare, las ondas sísmicas impactaron con fuerza en La Guaira debido a la actividad de la falla de San Sebastián.
La ONU estimó que las pérdidas materiales ascienden a 6.700 millones de dólares, equivalentes a aproximadamente el 6% del Producto Bruto Interno (PBI) venezolano. Además, el organismo calcula que cerca de 6,8 millones de personas sufrieron consecuencias directas por el doble terremoto, ya sea por desplazamientos forzados o por la interrupción de servicios esenciales como el suministro de agua potable y energía eléctrica.
El Gobierno de Venezuela confirmó que la cifra de muertos por los terremotos del 24 de junio ascendió a 4.490, mientras 16.740 personas resultaron heridas y más de 19.500 permanecen en campamentos temporales. La ayuda internacional continúa llegando al país, en paralelo con las tareas de rescate y asistencia sanitaria en las zonas más afectadas.
4.490 muertos, casi 20 mil personas viviendo en campamentos y hasta 50 mil desaparecidos según la ONU. Hay tragedias que no entran en una estadística, pero igual los números siguen creciendo como si alguien se hubiera olvidado de ponerles un freno.
Mientras las excavadoras remueven escombros, los aviones siguen aterrizando con ayuda humanitaria desde distintos puntos del mundo. Es una carrera donde llegan primero los cargamentos que la reconstrucción. Como cuando comprás los materiales para arreglar una casa y descubrís que antes hay que volver a encontrar los cimientos.
Los equipos de rescate continúan trabajando aunque la llamada «ventana crítica» para hallar sobrevivientes prácticamente quedó atrás. La magnitud del desastre obliga a seguir buscando porque, en escenarios de esta dimensión, abandonar la tarea también sería una forma de aceptar demasiado rápido lo irreversible.
Al mismo tiempo, hospitales de campaña atienden a miles de heridos mientras profesionales intentan evitar brotes de enfermedades en campamentos donde los servicios básicos todavía no alcanzan para todos. La emergencia ya dejó de ser únicamente sísmica: ahora también es sanitaria, habitacional y logística.
Cerca de treinta países participan de las tareas de asistencia con alimentos, medicamentos, equipos especializados y personal entrenado. Rusia envió nuevos suministros, Estados Unidos aportó kits de ayuda y Argentina desplegó una de las operaciones más importantes de cooperación regional, con toneladas de insumos, plantas potabilizadoras, rescatistas, perros especializados y maquinaria.
Los especialistas explican que todo comenzó por el desplazamiento de placas tectónicas. La naturaleza hizo su trabajo en cuestión de segundos; el resto del mundo ahora intenta reparar, durante meses o años, lo que la tierra decidió romper sin pedir permiso. El planeta nunca avisa. La reconstrucción siempre llega haciendo fila.