Un zapallo de 1.431,5 kilos cultivado por Ron Wallace en Rhode Island, Estados Unidos, fue reconocido como el más pesado del mundo. Guinness confirmó el récord el 14 de octubre, después del pesaje realizado cuatro días antes.
El reconocimiento ya está resuelto: la organización publicó la nueva marca en su sitio oficial. El ejemplar desplazó al del británico Ian Paton, que había alcanzado los 1.295,8 kilos el 3 de octubre.
Una cosecha que superó los 1.400 kilos
Wallace presentó el zapallo en un concurso de productores realizado en Rhode Island. Allí recibió un premio de 3.500 dólares, luego de que la balanza registrara el peso de su cosecha.
El productor se dedica a la venta por internet de artículos de jardinería. Para esta temporada incorporó un invernadero, una decisión que consideró importante para conseguir el tamaño del ejemplar que llevó a competencia.
El trabajo detrás del récord
Además de las condiciones de cultivo, Wallace destacó el intercambio de conocimientos y la colaboración entre quienes producen zapallos gigantes. “La única manera de crear una calabaza así es que toda la comunidad trabaje unida”, sostuvo.
El resultado cambió rápidamente la clasificación mundial: la marca de Paton permaneció en lo más alto apenas una semana. Con la confirmación de Guinness, el registro del productor estadounidense pasó a ocupar el primer lugar.
Un zapallo de 1.431,5 kilos cultivado en Estados Unidos ya fue reconocido como el más pesado del mundo. Guinness confirmó la marca de Ron Wallace, productor de Rhode Island, que superó el registro del británico Ian Paton. El pesaje se realizó el 10 de octubre y el reconocimiento fue anunciado cuatro días después.
La huerta ya necesita habilitación para carga pesada. Ron Wallace cultivó un zapallo de 1.431,5 kilos y Guinness lo reconoció como el más pesado del mundo. Hasta ahí, una competencia agrícola; después aparece la pregunta que ningún recetario está preparado para responder: ¿dónde se guarda semejante cosa mientras uno decide qué cocinar?
El productor incorporó un invernadero y terminó con una cosecha que obliga a revisar el significado de “tener unas verduras en el fondo”. Hay gente que mide el éxito de su huerta contando tomates; acá hubo que esperar el resultado de una balanza de concurso. La ensalada quedó fuera de escala.
Por el ejemplar recibió un premio de 3.500 dólares. No hace falta convertirlo a ninguna moneda para advertir la desproporción entre el tamaño de la cosecha y el sobre del ganador. El zapallo entró en los libros de récords; el premio, por suerte, todavía entra en un bolsillo.
Wallace destacó el trabajo compartido entre productores para alcanzar estos tamaños. La escena tiene algo admirable: personas que intercambian conocimientos y se ayudan para conseguir una verdura descomunal. Una red social dedicada a producir resultados que efectivamente se pueden pesar. Ya quisieran varias reuniones terminar con algo tan concreto.
La marca anterior duró apenas una semana, de modo que tampoco hay demasiada estabilidad laboral en la cima del zapallo mundial. Y mientras algunas versiones todavía presentan el reconocimiento como pendiente, Guinness ya lo confirmó. La noticia quedó esperando un sello que había llegado: hasta una calabaza de más de una tonelada puede adelantarse al cierre de edición.
