El desierto de Atacama, en el norte de Chile, atraviesa una transformación extraordinaria durante la primavera: extensas áreas habitualmente áridas quedaron cubiertas de flores silvestres como consecuencia de las intensas precipitaciones registradas durante el invierno.

El fenómeno, conocido como Desierto Florido, convirtió sectores de uno de los territorios más secos del planeta en un paisaje de vegetación y colores que sorprendió incluso a habitantes de la región.

Atacama se encuentra en el norte chileno, entre el océano Pacífico y la cordillera de los Andes, y se extiende a lo largo de aproximadamente 1.600 kilómetros.

Aunque la aparición de flores durante la primavera forma parte de los ciclos naturales, la magnitud de esta floración resulta especialmente llamativa debido a las condiciones extremas de aridez que caracterizan a la zona.

Las lluvias de julio y agosto que transformaron el desierto de Atacama

Los especialistas atribuyen la intensidad del fenómeno a las fuertes precipitaciones registradas entre julio y agosto, que alcanzaron niveles extraordinarios en diferentes sectores del norte de Chile.

En algunas localidades, los acumulados de lluvia se ubicaron entre 160 y 190 milímetros, cifras destacadas en comparación con los registros históricos de la región.

César Pizarro, jefe de la Sección de Conservación de la Biodiversidad de Conaf Atacama, señaló que las precipitaciones se encuentran entre las más importantes desde que comenzaron los registros en 1950.

“Desde que se tienen registros de precipitaciones, estas son las cifras más significativas en términos de volumen: 160, 180, 190 milímetros en algunos lugares”, explicó el especialista.

La acumulación de agua permitió que numerosas especies vegetales iniciaran su proceso de germinación en sectores donde la vegetación suele ser escasa o permanecer ausente durante largos períodos.

Los expertos relacionan estas lluvias con un episodio especialmente intenso del fenómeno climático de El Niño, que habría favorecido las condiciones necesarias para la floración.

Según las evaluaciones citadas, el Desierto Florido de este año sería el más intenso desde 1997.

Semillas que esperaron hasta 40 años para volver a florecer

Uno de los aspectos más destacados del fenómeno es la capacidad de supervivencia del material biológico que permanece bajo el suelo del desierto durante largos períodos de sequía.

Pizarro explicó que las precipitaciones activaron el denominado germoplasma, un conjunto de material biológico que incluye semillas, bulbos y tubérculos capaces de permanecer latentes durante años.

El especialista también mencionó la presencia de huevos de invertebrados y reptiles como parte de los elementos biológicos asociados a los ciclos naturales del ecosistema desértico.

Esta capacidad de resistencia permite que determinadas especies aprovechen las condiciones favorables cuando se producen lluvias suficientemente intensas.

“Hay colinas y sierras donde no se ha visto vegetación ni flores en más de 30 o 40 años. Este germoplasma del desierto puede permanecer latente durante muchos años, incluso décadas. Las colinas de este año son el mejor ejemplo de ello”, sostuvo Pizarro.

De esta manera, sectores que no registraban floraciones visibles desde hacía tres o cuatro décadas volvieron a mostrar vegetación, como resultado de la combinación entre las lluvias extraordinarias y la capacidad de adaptación de las especies del desierto.

Terciopelos naranjas y garras de león: las especies que aparecieron en Atacama

La floración permitió observar diferentes especies silvestres que forman parte de la biodiversidad característica del desierto chileno.

Entre las plantas identificadas por los especialistas se encuentran los terciopelos naranjas y las garras de león, que contribuyen a la variedad de colores que actualmente presenta el paisaje.

La aparición de estas flores constituye una manifestación visible de los mecanismos de adaptación desarrollados por la vegetación para sobrevivir en un ambiente de precipitaciones escasas e irregulares.

Durante los períodos secos, las estructuras reproductivas de numerosas especies pueden permanecer inactivas bajo el suelo. Cuando las condiciones de humedad resultan favorables, comienzan a germinar y desarrollarse.

El fenómeno también pone de relieve la importancia de las lluvias excepcionales para los ciclos de vida de los ecosistemas desérticos.

La floración de Atacama se destaca tanto por su extensión como por la reaparición de vegetación en lugares donde no se observaba desde hacía décadas.

La transformación del paisaje durante esta primavera ofrece así una nueva muestra de la biodiversidad que permanece latente en uno de los ambientes más áridos del planeta y de su respuesta ante condiciones climáticas extraordinarias.