La discusión por la prioridad de acceso a la capacidad eléctrica de la línea Nueva San Juan-Rodeo dejó expuestas diferencias entre proyectos mineros, autoridades municipales, la distribuidora local y organismos regulatorios. El eje del conflicto se concentra en el origen de la infraestructura existente y en la posibilidad de otorgar a Vicuña el 90 por ciento de la capacidad remanente por un período de 25 años.
Durante la audiencia, sectores opositores a la medida sostuvieron que la línea no constituye una obra enteramente nueva del proyecto beneficiario, sino una red preexistente financiada con aportes del Estado y de otras compañías mineras. Desde esa postura, asignar la mayor parte de su disponibilidad a un único actor privado podría configurar una barrera para el acceso de otros usuarios.
La empresa beneficiaria, en cambio, argumentó que su solicitud se limita a la «capacidad incremental» que se generará a partir de la nueva energización a 500 kV. Además, aseguró que los costos asociados serán asumidos por la compañía y que no se trasladarán cargos al Estado ni a los usuarios residenciales.
Mineras divididas por la prioridad de acceso
El proyecto Los Azules, representado por Miguel Gil, expresó una oposición enérgica a la autorización. Según planteó, los cálculos presentados se basan en «potencia infinita» y la reserva de 545,7 MW se mantuvo sin modificaciones pese a la eliminación de Filo del Sol del pedido original. También cuestionó que la medida vulnere el principio de «acceso abierto» y consideró improcedente reservar capacidad sobre un bien público durante 25 años.
Desde Hualilán, Sonia Delgado advirtió que la resolución podría afectar la viabilidad del proyecto aurífero. La empresa manifestó contar con un cronograma de conexión anterior al de Vicuña, con una demanda prevista de 15 MVA para 2028 y de 40 MVA para 2030. En ese marco, calificó la prioridad solicitada como una «exclusividad» que podría bloquear a usuarios con requerimientos previamente proyectados.
Veladero, a través de Ariadna Rodríguez, expresó un apoyo condicionado al respeto de su derecho a disponer de 250 MW, respaldado por la Ley 1181-A. La representante recordó que las empresas efectuaron aportes históricos por 55 millones de dólares para posibilitar la construcción de la línea original y solicitó un plazo de 30 días para coordinar alternativas técnicas.
En una posición similar, Gualcamayo, representada por Juan Pablo García, reclamó el resguardo formal de su reserva de 30 MW. La compañía fundamentó su pedido en el financiamiento total de las líneas Jáchal-Huaco y de la Estación Transformadora Huaco, además de haber asumido tareas de operación y mantenimiento.
En representación de Josemaría, integrante de Vicuña, Adriel Rizzeto defendió técnicamente la solicitud y afirmó que la prioridad alcanzará únicamente a la nueva capacidad generada. También indicó que la obra será incorporada al Sistema Argentino de Interconexión (SADI) y operada por Transener, por lo que negó que exista exclusividad o control propietario sobre la infraestructura. Asimismo, manifestó la disposición de la empresa a suscribir acuerdos en el marco de la legislación provincial.
El reclamo de Jáchal e Iglesia por el servicio eléctrico
El debate también incorporó las preocupaciones de los departamentos directamente atravesados por la actividad minera y por las demandas energéticas asociadas a los proyectos.
El intendente de Jáchal, Matías Espejo, condicionó su respaldo a que el consumo energético de la minera no afecte la calidad ni la disponibilidad del suministro para vecinos y productores locales. Además, solicitó prioridad para la contratación de mano de obra local y la implementación de monitoreos ambientales participativos.
Por su parte, el intendente de Iglesia, Jorge Espejo, cuestionó que un departamento vinculado de manera central al desarrollo minero continúe registrando fallas reiteradas en su servicio eléctrico. En ese sentido, reclamó que las nuevas inversiones también permitan mejorar el circuito interno de distribución de energía en la comunidad.
Hugo Pérez, representante de Naturgy San Juan, advirtió sobre los efectos técnicos que podría provocar la elevada variabilidad de la demanda minera sobre la red general. El referente de la distribuidora señaló la necesidad de instalar sistemas automáticos de control y despeje de carga para evitar que eventuales contingencias operativas perjudiquen el suministro eléctrico del resto de la provincia.
Desde el ámbito legislativo, el diputado provincial Mario Herrero impugnó la resolución y cuestionó que se otorgue una posición de privilegio sobre una infraestructura que, según sostuvo, demandó una inversión de 90 millones de dólares aportados por los ciudadanos sanjuaninos.
El EPRE condicionó su aval al cumplimiento de la ley provincial
El Ente Provincial Regulador de la Electricidad (EPRE), mediante su vicepresidente Roberto Ferrero, fijó su posición frente a la resolución nacional. El organismo provincial informó que sólo prestará conformidad si Vicuña cumple con las obligaciones establecidas en la Ley Provincial 1181-A.
La condición implica que el proyecto minero deberá asumir los costos de mitigación asociados a la demanda eléctrica que incorporará al sistema y aportar de manera directa al desarrollo de nueva infraestructura energética provincial.
De acuerdo con la postura expresada por el EPRE, en caso de que no se formalicen acuerdos que garanticen esas compensaciones y obras, el ente mantendrá su oposición a la autorización. La definición deja planteado que el acceso a nueva capacidad eléctrica deberá contemplar tanto las necesidades de los grandes proyectos mineros como la protección de los derechos adquiridos y la estabilidad del servicio para las comunidades sanjuaninas.
<p>Una audiencia expuso el conflicto por la prioridad de acceso energético solicitada por Vicuña para la línea Nueva San Juan-Rodeo. Empresas mineras, intendentes, una distribuidora eléctrica y un legislador cuestionaron el impacto sobre una red preexistente, mientras el EPRE condicionó su aval al cumplimiento de la Ley Provincial 1181-A.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En San Juan, donde el futuro minero suele anunciarse con presentaciones cargadas de cobre, oro y entusiasmo institucional, apareció una pregunta bastante menos glamorosa: quién enchufa primero y quién paga la extensión. La discusión por la línea Nueva San Juan-Rodeo convirtió una audiencia eléctrica en una versión de alto voltaje de la pelea por el tomacorriente familiar, con la diferencia de que aquí no hay un cargador de celular en juego, sino cientos de megavatios, millones de dólares y 25 años de prioridad solicitada.
Vicuña sostuvo que no pretende apropiarse de la red existente, sino utilizar la «capacidad incremental» que generaría la energización a 500 kV, pagando los costos derivados y sin mandarles la factura a los usuarios residenciales. Una explicación técnica que, en términos domésticos, equivaldría a decir: “No quiero quedarme con la cocina; sólo necesito reservar casi toda la potencia del horno nuevo durante un cuarto de siglo”. Del otro lado de la mesa, varias mineras escucharon la aclaración con el entusiasmo habitual de quien descubre que el ascensor del edificio tendrá un usuario preferencial hasta que sus nietos terminen la universidad.
Los Azules denunció cálculos basados en «potencia infinita», concepto que suena excelente para una película de superhéroes, pero genera cierta inquietud cuando se aplica a una red real. Hualilán advirtió que su cronograma de conexión podría quedar detrás de una prioridad ajena. Veladero y Gualcamayo, más cercanos al arte diplomático del “acompañamos, pero primero respeten lo nuestro”, recordaron que ya pusieron dinero, infraestructura y derechos adquiridos sobre la mesa. Porque en la minería todos celebran la ampliación del sistema hasta que alguien pregunta quién queda haciendo fila frente al tablero.
Los intendentes de Jáchal e Iglesia sumaron un detalle incómodo: mientras se proyectan demandas eléctricas monumentales para los grandes emprendimientos, las comunidades mineras todavía reclaman que la luz no falle en casas y zonas productivas. Una paradoja con estética sanjuanina: departamentos destinados a alimentar la transición energética mundial preguntando, con razonable modestia, si en el proceso también podrán encender sus propias lámparas sin cruzar los dedos.
El EPRE eligió el camino menos poético y más concreto: habrá conformidad sólo si Vicuña cumple con la Ley Provincial 1181-A e internaliza los costos de mitigación e infraestructura que demande su proyecto. Es decir, el desarrollo puede avanzar, la energía puede fluir y los discursos pueden hablar de futuro; pero alguien deberá pagar los cables, garantizar la estabilidad del sistema y evitar que el progreso llegue con casco minero mientras los vecinos buscan velas en un cajón.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La discusión por la prioridad de acceso a la capacidad eléctrica de la línea Nueva San Juan-Rodeo dejó expuestas diferencias entre proyectos mineros, autoridades municipales, la distribuidora local y organismos regulatorios. El eje del conflicto se concentra en el origen de la infraestructura existente y en la posibilidad de otorgar a Vicuña el 90 por ciento de la capacidad remanente por un período de 25 años.
Durante la audiencia, sectores opositores a la medida sostuvieron que la línea no constituye una obra enteramente nueva del proyecto beneficiario, sino una red preexistente financiada con aportes del Estado y de otras compañías mineras. Desde esa postura, asignar la mayor parte de su disponibilidad a un único actor privado podría configurar una barrera para el acceso de otros usuarios.
La empresa beneficiaria, en cambio, argumentó que su solicitud se limita a la «capacidad incremental» que se generará a partir de la nueva energización a 500 kV. Además, aseguró que los costos asociados serán asumidos por la compañía y que no se trasladarán cargos al Estado ni a los usuarios residenciales.
Mineras divididas por la prioridad de acceso
El proyecto Los Azules, representado por Miguel Gil, expresó una oposición enérgica a la autorización. Según planteó, los cálculos presentados se basan en «potencia infinita» y la reserva de 545,7 MW se mantuvo sin modificaciones pese a la eliminación de Filo del Sol del pedido original. También cuestionó que la medida vulnere el principio de «acceso abierto» y consideró improcedente reservar capacidad sobre un bien público durante 25 años.
Desde Hualilán, Sonia Delgado advirtió que la resolución podría afectar la viabilidad del proyecto aurífero. La empresa manifestó contar con un cronograma de conexión anterior al de Vicuña, con una demanda prevista de 15 MVA para 2028 y de 40 MVA para 2030. En ese marco, calificó la prioridad solicitada como una «exclusividad» que podría bloquear a usuarios con requerimientos previamente proyectados.
Veladero, a través de Ariadna Rodríguez, expresó un apoyo condicionado al respeto de su derecho a disponer de 250 MW, respaldado por la Ley 1181-A. La representante recordó que las empresas efectuaron aportes históricos por 55 millones de dólares para posibilitar la construcción de la línea original y solicitó un plazo de 30 días para coordinar alternativas técnicas.
En una posición similar, Gualcamayo, representada por Juan Pablo García, reclamó el resguardo formal de su reserva de 30 MW. La compañía fundamentó su pedido en el financiamiento total de las líneas Jáchal-Huaco y de la Estación Transformadora Huaco, además de haber asumido tareas de operación y mantenimiento.
En representación de Josemaría, integrante de Vicuña, Adriel Rizzeto defendió técnicamente la solicitud y afirmó que la prioridad alcanzará únicamente a la nueva capacidad generada. También indicó que la obra será incorporada al Sistema Argentino de Interconexión (SADI) y operada por Transener, por lo que negó que exista exclusividad o control propietario sobre la infraestructura. Asimismo, manifestó la disposición de la empresa a suscribir acuerdos en el marco de la legislación provincial.
El reclamo de Jáchal e Iglesia por el servicio eléctrico
El debate también incorporó las preocupaciones de los departamentos directamente atravesados por la actividad minera y por las demandas energéticas asociadas a los proyectos.
El intendente de Jáchal, Matías Espejo, condicionó su respaldo a que el consumo energético de la minera no afecte la calidad ni la disponibilidad del suministro para vecinos y productores locales. Además, solicitó prioridad para la contratación de mano de obra local y la implementación de monitoreos ambientales participativos.
Por su parte, el intendente de Iglesia, Jorge Espejo, cuestionó que un departamento vinculado de manera central al desarrollo minero continúe registrando fallas reiteradas en su servicio eléctrico. En ese sentido, reclamó que las nuevas inversiones también permitan mejorar el circuito interno de distribución de energía en la comunidad.
Hugo Pérez, representante de Naturgy San Juan, advirtió sobre los efectos técnicos que podría provocar la elevada variabilidad de la demanda minera sobre la red general. El referente de la distribuidora señaló la necesidad de instalar sistemas automáticos de control y despeje de carga para evitar que eventuales contingencias operativas perjudiquen el suministro eléctrico del resto de la provincia.
Desde el ámbito legislativo, el diputado provincial Mario Herrero impugnó la resolución y cuestionó que se otorgue una posición de privilegio sobre una infraestructura que, según sostuvo, demandó una inversión de 90 millones de dólares aportados por los ciudadanos sanjuaninos.
El EPRE condicionó su aval al cumplimiento de la ley provincial
El Ente Provincial Regulador de la Electricidad (EPRE), mediante su vicepresidente Roberto Ferrero, fijó su posición frente a la resolución nacional. El organismo provincial informó que sólo prestará conformidad si Vicuña cumple con las obligaciones establecidas en la Ley Provincial 1181-A.
La condición implica que el proyecto minero deberá asumir los costos de mitigación asociados a la demanda eléctrica que incorporará al sistema y aportar de manera directa al desarrollo de nueva infraestructura energética provincial.
De acuerdo con la postura expresada por el EPRE, en caso de que no se formalicen acuerdos que garanticen esas compensaciones y obras, el ente mantendrá su oposición a la autorización. La definición deja planteado que el acceso a nueva capacidad eléctrica deberá contemplar tanto las necesidades de los grandes proyectos mineros como la protección de los derechos adquiridos y la estabilidad del servicio para las comunidades sanjuaninas.
En San Juan, donde el futuro minero suele anunciarse con presentaciones cargadas de cobre, oro y entusiasmo institucional, apareció una pregunta bastante menos glamorosa: quién enchufa primero y quién paga la extensión. La discusión por la línea Nueva San Juan-Rodeo convirtió una audiencia eléctrica en una versión de alto voltaje de la pelea por el tomacorriente familiar, con la diferencia de que aquí no hay un cargador de celular en juego, sino cientos de megavatios, millones de dólares y 25 años de prioridad solicitada.
Vicuña sostuvo que no pretende apropiarse de la red existente, sino utilizar la «capacidad incremental» que generaría la energización a 500 kV, pagando los costos derivados y sin mandarles la factura a los usuarios residenciales. Una explicación técnica que, en términos domésticos, equivaldría a decir: “No quiero quedarme con la cocina; sólo necesito reservar casi toda la potencia del horno nuevo durante un cuarto de siglo”. Del otro lado de la mesa, varias mineras escucharon la aclaración con el entusiasmo habitual de quien descubre que el ascensor del edificio tendrá un usuario preferencial hasta que sus nietos terminen la universidad.
Los Azules denunció cálculos basados en «potencia infinita», concepto que suena excelente para una película de superhéroes, pero genera cierta inquietud cuando se aplica a una red real. Hualilán advirtió que su cronograma de conexión podría quedar detrás de una prioridad ajena. Veladero y Gualcamayo, más cercanos al arte diplomático del “acompañamos, pero primero respeten lo nuestro”, recordaron que ya pusieron dinero, infraestructura y derechos adquiridos sobre la mesa. Porque en la minería todos celebran la ampliación del sistema hasta que alguien pregunta quién queda haciendo fila frente al tablero.
Los intendentes de Jáchal e Iglesia sumaron un detalle incómodo: mientras se proyectan demandas eléctricas monumentales para los grandes emprendimientos, las comunidades mineras todavía reclaman que la luz no falle en casas y zonas productivas. Una paradoja con estética sanjuanina: departamentos destinados a alimentar la transición energética mundial preguntando, con razonable modestia, si en el proceso también podrán encender sus propias lámparas sin cruzar los dedos.
El EPRE eligió el camino menos poético y más concreto: habrá conformidad sólo si Vicuña cumple con la Ley Provincial 1181-A e internaliza los costos de mitigación e infraestructura que demande su proyecto. Es decir, el desarrollo puede avanzar, la energía puede fluir y los discursos pueden hablar de futuro; pero alguien deberá pagar los cables, garantizar la estabilidad del sistema y evitar que el progreso llegue con casco minero mientras los vecinos buscan velas en un cajón.