Eduardo Garcés, expresidente de la Federación de Viñateros y Productores Agropecuarios de San Juan, murió este jueves 15 de octubre a los 71 años. Según informaron medios locales a partir de personas de su entorno, falleció cerca de las 6:30, después de atravesar en el último tiempo problemas de salud.
Fue durante años una de las voces más activas y críticas del sector vitivinícola sanjuanino, en defensa de los pequeños y medianos productores.
Una vida en la finca
Garcés era nieto de inmigrantes valencianos que se radicaron en San Juan en 1910, y continuó la tradición agrícola que habían iniciado su abuelo y su padre. En su juventud dejó el secundario para dedicarse por completo al trabajo en la finca familiar.
Sus reclamos
Al frente de la Federación denunció las diferencias de precios que imponían las grandes bodegas, los problemas de rentabilidad ligados a la exportación de mosto y las demoras en el pago de la cosecha. También tuvo un papel central en la visibilización de la sequía: advirtió una y otra vez por la pérdida de volumen en las cosechas a causa del déficit hídrico, y discutió con las autoridades de Producción e Hidráulica y en las reuniones de regantes.
«Fue un luchador incansable, no hay lugar a dudas, tanto en el tema vitivinícola como en el tema hídrico. Esto genera tristeza y pena, pero dejó un legado de lucha», lo despidió Pablo Martín, de la Mesa Vitícola.
En el último tiempo, los viñateros sanjuaninos venían de alertar por un año crítico tras las heladas.
Eduardo Garcés, expresidente de la Federación de Viñateros y Productores Agropecuarios de San Juan, murió este jueves 15 de octubre a los 71 años, según informaron medios locales y personas de su entorno. Fue una de las voces más firmes del campo sanjuanino en defensa de los pequeños productores, del precio de la uva y del agua para riego.
Se fue Eduardo Garcés, el que nunca pidió permiso para reclamar. Murió este jueves a los 71 años y el campo sanjuanino se quedó sin una de sus voces más firmes. En cada vendimia había un micrófono esperándolo, y él nunca lo dejó con las ganas.
Era nieto de valencianos que llegaron a San Juan en 1910. Dejó el secundario en segundo año para meterse de lleno en la finca familiar, la que habían trabajado su abuelo y su padre. Aprendió el oficio con las manos, y el discurso, en las reuniones de regantes.
Al frente de la Federación de Viñateros se peleó con quien hiciera falta: con las grandes bodegas por el precio de la uva, con los compradores por las demoras en el pago de la cosecha y con Producción e Hidráulica por el agua. Discutía fuerte. En una provincia donde el agua se reparte por turnos, el reclamo también tenía que hacerse oír.
Cuando la sequía apretó, fue de los primeros en advertir cuánto se perdía en cada cosecha por falta de riego. Avisaba antes de que el problema llegara a los titulares. Lo suyo no era la queja de ocasión, era la planilla del productor chico: cuántos quintales, a qué precio y a cuántos meses de plazo.
«Fue un luchador incansable», lo despidió Pablo Martín, de la Mesa Vitícola. El sector pierde a un dirigente; los viñateros, a uno de los suyos. Y la próxima vendimia va a tener un silencio raro en la primera fila.
