El presidente Javier Milei anticipó que antes de finalizar 2026 enviará una reforma tributaria al Congreso. Entre los objetivos que analiza el Gobierno aparece la eliminación del impuesto sobre los Débitos y Créditos Bancarios, conocido como impuesto al cheque, mediante un esquema gradual condicionado por la evolución de la economía y el equilibrio fiscal.
La alternativa contemplaría una reducción progresiva similar a la dispuesta para los derechos de exportación. Además, podría incorporar un mecanismo que permita computar porcentajes crecientes del gravamen como pago a cuenta del Impuesto a las Ganancias hasta alcanzar el 100%, como sucede actualmente con determinadas pequeñas y medianas empresas.
Cómo sería la eliminación del impuesto al cheque
La reforma tributaria analizada por el Ejecutivo parte de «un horizonte de menor presión impositiva, pero equilibrio fiscal innegociable», según la postura expresada por Milei y funcionarios del Ministerio de Economía.
La propuesta se encuentra bajo análisis del ministro de Economía, Luis Caputo, y del secretario de Hacienda, Carlos Guberman. Su avance estuvo condicionado por la necesidad de sostener el superávit fiscal y por las dificultades políticas que enfrentó el oficialismo para reunir apoyos legislativos.
«El objetivo de la reforma impositiva es que los impuestos influyan lo menos posible en las decisiones económicas, nivelando la carga para quienes estén en igual situación y evitando tratamientos distorsivos», indicaron fuentes cercanas al diseño del proyecto.
Dentro de esa revisión, el impuesto sobre los Débitos y Créditos Bancarios es considerado «de los más distorsivos». El tributo aplica, en términos generales, una alícuota del 0,6% sobre los débitos y otro 0,6% sobre los créditos, por lo que su incidencia puede alcanzar el 1,2% al considerar ambos movimientos de una operación bancaria.
«Una de las principales metas de la reforma tributaria es eliminar el impuesto a los débitos y créditos bancarios, pero impulsarla en el Congreso tendrá que ver con la economía, por lo que podría haber una baja gradual antes de la eliminación, como ya se está haciendo con los derechos de exportación», señalaron fuentes de Economía.
Una de las alternativas es ampliar gradualmente el porcentaje que puede imputarse como pago a cuenta de Ganancias hasta llegar al 100%. La Ley Pyme ya permite que las micro y pequeñas empresas computen la totalidad del impuesto efectivamente ingresado contra Ganancias, mientras que contempla un porcentaje menor para determinadas industrias manufactureras medianas.
El antecedente de la reducción de retenciones
El Gobierno tomaría como referencia el esquema gradual utilizado para disminuir los derechos de exportación. Esa política fue instrumentada mediante el Decreto 423/2026 para productos agroindustriales y el Decreto 566/2026 para el sector industrial. :contentReference[oaicite:0]{index=0}
Para la industria, el programa contempla un período de implementación de 12 meses. En una primera etapa, se fijó una alícuota del 0% para más de 1.000 posiciones vinculadas con productos químicos, acero, aluminio, cobre, zinc, plásticos, resinas, fertilizantes y determinadas autopartes.
Desde julio de 2026 hasta mayo de 2027 se aplicará una reducción mensual para posiciones que tributaban entre 3% y 4,5%, entre ellas productos de la cadena automotriz y petroquímica. También se estableció un cronograma específico para aceites de petróleo y combustibles. Desde junio de 2027, las posiciones industriales comprendidas en el programa llegarán a una alícuota del 0%.
La aplicación de un sistema semejante para el impuesto al cheque dependerá de la disponibilidad de recursos y del mantenimiento del superávit. Por el momento, no existe un proyecto definitivo ni un calendario oficial para su eliminación, por lo que los porcentajes y plazos deberán quedar establecidos en la iniciativa que el Ejecutivo envíe al Congreso.
El Gobierno nacional prepara una reforma tributaria que enviaría al Congreso antes de finalizar 2026 y que contempla la eliminación gradual del impuesto al cheque. El plan dependerá de la situación fiscal y podría permitir que una proporción creciente del gravamen sea computada como pago a cuenta de Ganancias hasta alcanzar el 100%.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
El Gobierno se dispone a enfrentar una de las criaturas más resistentes del ecosistema tributario argentino: el impuesto al cheque, un gravamen nacido en 2001 con espíritu transitorio y que, tras sobrevivir a presidentes, crisis, ministros y pronósticos de extinción, ya podría solicitar la jubilación por tareas fiscales extraordinarias. Javier Milei anticipó una reforma tributaria antes de 2027 y la Casa Rosada estudia despedirlo de manera gradual, porque incluso la motosierra parece haber concluido que acercarse de golpe a semejante fósil recaudatorio podría alterar el equilibrio de la naturaleza.
La idea consiste en avanzar con un sistema similar al utilizado para reducir las retenciones: bajar la carga por etapas, revisar constantemente las cuentas públicas y mantener el equilibrio fiscal bajo custodia permanente. En otras palabras, el impuesto será acompañado lentamente hacia la salida, pero sin permitirle abandonar el edificio antes de que alguien encuentre cómo reemplazar el dinero que deja sobre el escritorio. La libertad avanza, aunque en este caso deberá presentar formulario, respetar el cronograma y esperar la autorización de Hacienda.
El mecanismo bajo análisis permitiría computar una proporción creciente del impuesto al cheque como pago a cuenta de Ganancias hasta llegar al 100%. La fórmula ya se aplica para determinadas pymes, por lo que el Gobierno no estaría inventando una nave espacial tributaria, sino ampliando un modelo conocido. El objetivo final sería que las transferencias bancarias dejen de pagar peaje en ambos extremos, una costumbre nacional en la que el dinero es recibido por el sistema financiero con la hospitalidad de un aeropuerto que cobra tasa de embarque también al equipaje.
Sin embargo, el proyecto todavía debe atravesar el Congreso y, antes de eso, superar la prueba decisiva del superávit. El oficialismo quiere reducir impuestos sin comprometer las cuentas públicas, una operación semejante a retirar una pata de la mesa mientras el ministro Caputo sostiene los platos y Hacienda calcula cuánto tiempo puede durar el almuerzo. El impuesto al cheque, mientras tanto, observa desde 2001 con la tranquilidad de quien ya escuchó varias veces que sus días estaban contados y aprendió que, en la Argentina, los tributos transitorios suelen tener una relación bastante flexible con el calendario.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El presidente Javier Milei anticipó que antes de finalizar 2026 enviará una reforma tributaria al Congreso. Entre los objetivos que analiza el Gobierno aparece la eliminación del impuesto sobre los Débitos y Créditos Bancarios, conocido como impuesto al cheque, mediante un esquema gradual condicionado por la evolución de la economía y el equilibrio fiscal.
La alternativa contemplaría una reducción progresiva similar a la dispuesta para los derechos de exportación. Además, podría incorporar un mecanismo que permita computar porcentajes crecientes del gravamen como pago a cuenta del Impuesto a las Ganancias hasta alcanzar el 100%, como sucede actualmente con determinadas pequeñas y medianas empresas.
Cómo sería la eliminación del impuesto al cheque
La reforma tributaria analizada por el Ejecutivo parte de «un horizonte de menor presión impositiva, pero equilibrio fiscal innegociable», según la postura expresada por Milei y funcionarios del Ministerio de Economía.
La propuesta se encuentra bajo análisis del ministro de Economía, Luis Caputo, y del secretario de Hacienda, Carlos Guberman. Su avance estuvo condicionado por la necesidad de sostener el superávit fiscal y por las dificultades políticas que enfrentó el oficialismo para reunir apoyos legislativos.
«El objetivo de la reforma impositiva es que los impuestos influyan lo menos posible en las decisiones económicas, nivelando la carga para quienes estén en igual situación y evitando tratamientos distorsivos», indicaron fuentes cercanas al diseño del proyecto.
Dentro de esa revisión, el impuesto sobre los Débitos y Créditos Bancarios es considerado «de los más distorsivos». El tributo aplica, en términos generales, una alícuota del 0,6% sobre los débitos y otro 0,6% sobre los créditos, por lo que su incidencia puede alcanzar el 1,2% al considerar ambos movimientos de una operación bancaria.
«Una de las principales metas de la reforma tributaria es eliminar el impuesto a los débitos y créditos bancarios, pero impulsarla en el Congreso tendrá que ver con la economía, por lo que podría haber una baja gradual antes de la eliminación, como ya se está haciendo con los derechos de exportación», señalaron fuentes de Economía.
Una de las alternativas es ampliar gradualmente el porcentaje que puede imputarse como pago a cuenta de Ganancias hasta llegar al 100%. La Ley Pyme ya permite que las micro y pequeñas empresas computen la totalidad del impuesto efectivamente ingresado contra Ganancias, mientras que contempla un porcentaje menor para determinadas industrias manufactureras medianas.
El antecedente de la reducción de retenciones
El Gobierno tomaría como referencia el esquema gradual utilizado para disminuir los derechos de exportación. Esa política fue instrumentada mediante el Decreto 423/2026 para productos agroindustriales y el Decreto 566/2026 para el sector industrial. :contentReference[oaicite:0]{index=0}
Para la industria, el programa contempla un período de implementación de 12 meses. En una primera etapa, se fijó una alícuota del 0% para más de 1.000 posiciones vinculadas con productos químicos, acero, aluminio, cobre, zinc, plásticos, resinas, fertilizantes y determinadas autopartes.
Desde julio de 2026 hasta mayo de 2027 se aplicará una reducción mensual para posiciones que tributaban entre 3% y 4,5%, entre ellas productos de la cadena automotriz y petroquímica. También se estableció un cronograma específico para aceites de petróleo y combustibles. Desde junio de 2027, las posiciones industriales comprendidas en el programa llegarán a una alícuota del 0%.
La aplicación de un sistema semejante para el impuesto al cheque dependerá de la disponibilidad de recursos y del mantenimiento del superávit. Por el momento, no existe un proyecto definitivo ni un calendario oficial para su eliminación, por lo que los porcentajes y plazos deberán quedar establecidos en la iniciativa que el Ejecutivo envíe al Congreso.
El Gobierno nacional prepara una reforma tributaria que enviaría al Congreso antes de finalizar 2026 y que contempla la eliminación gradual del impuesto al cheque. El plan dependerá de la situación fiscal y podría permitir que una proporción creciente del gravamen sea computada como pago a cuenta de Ganancias hasta alcanzar el 100%.
El Gobierno se dispone a enfrentar una de las criaturas más resistentes del ecosistema tributario argentino: el impuesto al cheque, un gravamen nacido en 2001 con espíritu transitorio y que, tras sobrevivir a presidentes, crisis, ministros y pronósticos de extinción, ya podría solicitar la jubilación por tareas fiscales extraordinarias. Javier Milei anticipó una reforma tributaria antes de 2027 y la Casa Rosada estudia despedirlo de manera gradual, porque incluso la motosierra parece haber concluido que acercarse de golpe a semejante fósil recaudatorio podría alterar el equilibrio de la naturaleza.
La idea consiste en avanzar con un sistema similar al utilizado para reducir las retenciones: bajar la carga por etapas, revisar constantemente las cuentas públicas y mantener el equilibrio fiscal bajo custodia permanente. En otras palabras, el impuesto será acompañado lentamente hacia la salida, pero sin permitirle abandonar el edificio antes de que alguien encuentre cómo reemplazar el dinero que deja sobre el escritorio. La libertad avanza, aunque en este caso deberá presentar formulario, respetar el cronograma y esperar la autorización de Hacienda.
El mecanismo bajo análisis permitiría computar una proporción creciente del impuesto al cheque como pago a cuenta de Ganancias hasta llegar al 100%. La fórmula ya se aplica para determinadas pymes, por lo que el Gobierno no estaría inventando una nave espacial tributaria, sino ampliando un modelo conocido. El objetivo final sería que las transferencias bancarias dejen de pagar peaje en ambos extremos, una costumbre nacional en la que el dinero es recibido por el sistema financiero con la hospitalidad de un aeropuerto que cobra tasa de embarque también al equipaje.
Sin embargo, el proyecto todavía debe atravesar el Congreso y, antes de eso, superar la prueba decisiva del superávit. El oficialismo quiere reducir impuestos sin comprometer las cuentas públicas, una operación semejante a retirar una pata de la mesa mientras el ministro Caputo sostiene los platos y Hacienda calcula cuánto tiempo puede durar el almuerzo. El impuesto al cheque, mientras tanto, observa desde 2001 con la tranquilidad de quien ya escuchó varias veces que sus días estaban contados y aprendió que, en la Argentina, los tributos transitorios suelen tener una relación bastante flexible con el calendario.