Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner atraviesan un problema similar dentro de los espacios políticos que construyeron: cada vez son menos los dirigentes propios dispuestos a acompañar sin condiciones sus estrategias. Tanto en el peronismo como en el PRO comenzaron a aparecer movimientos internos que desafían, con diferentes niveles de intensidad, la capacidad de conducción de sus principales fundadores.
En el caso de la expresidenta, la discusión volvió a concentrarse alrededor de una eventual participación en las PASO. Cristina Kirchner planteó esa posibilidad bajo el argumento de que ese mecanismo electoral no estaría expresamente prohibido para su situación.
Sin embargo, la legislación y las interpretaciones realizadas sobre su situación impedirían que pueda presentarse como candidata. Una alternativa diferente sería que su nombre apareciera como lema electoral o marca política, pero no como postulante.
En paralelo, comenzaron a producirse movimientos dentro del propio peronismo que apuntan hacia una eventual competencia interna.
“Fijate que justo en el momento que aparece esta iniciativa, hubo una docena de intendentes, muchos aliados de La Cámpora y que hoy componen La Liga de Intendentes, yendo a hablar con Axel Kicillof sobre la necesidad de realizar unas PASO”, explicó un especialista electoral habitualmente consultado dentro del peronismo.
El desafío de unas PASO entre el kirchnerismo y Kicillof
La diputada nacional Teresa García, dirigente de extrema confianza de Cristina Kirchner, también se manifestó favorable a utilizar una interna para determinar la representatividad dentro del espacio.
“Es lo que más fácilmente dirime la representatividad de los dirigentes. Si no, ¿de qué otra manera? Después hay quejas con el dedo”.
La defensa de la expresidenta y el argumento de que fue encarcelada injustamente se convirtieron en una de las principales banderas utilizadas por sus seguidores para volver a colocar en discusión su liderazgo dentro del peronismo.
Sin embargo, hasta el momento no hubo pronunciamientos públicos en ese sentido de gobernadores o intendentes, incluso entre algunos de los dirigentes considerados cercanos a Cristina Kirchner.
Una de las excepciones fue la diputada provincial Mayra Mendoza, quien organizó un encuentro en el NH Ateneo para reclamar por la liberación de la expresidenta.
En paralelo, la defensa de Cristina Kirchner busca que organismos de Naciones Unidas revisen si en su caso se cumplió el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
La discusión política central pasa ahora por determinar si Cristina y Máximo Kirchner aceptarían disputar una primaria abierta frente al gobernador bonaerense Axel Kicillof.
Hasta el momento, el kirchnerismo evitó asumir ese riesgo en diferentes oportunidades. Florencio Randazzo intentó construir un espacio para competir internamente, pero finalmente el sector liderado por Cristina Kirchner optó por conformar Unidad Ciudadana antes que concederle una minoría.
También se evitó una competencia contra Ricardo Quintela por la conducción del PJ, pese a que el dirigente riojano había reunido avales, entre ellos algunos vinculados con Axel Kicillof.
El principal riesgo para el kirchnerismo sería una eventual derrota. Un resultado adverso podría acelerar la discusión sobre la continuidad del espacio bajo la conducción de dirigentes directamente identificados con Cristina Kirchner.
La expresidenta conserva, sin embargo, capacidad política para condicionar el armado electoral de Kicillof, quien aparece hasta ahora como uno de los principales nombres de Fuerza Patria con proyección nacional.
El gobernador bonaerense cuenta con una ventaja respecto de otros mandatarios provinciales, aunque también enfrenta el desafío de construir una alternativa nacional mientras persisten las tensiones internas.
Varios gobernadores aliados pueden buscar su reelección o promover sucesores en sus provincias. Frente a un escenario nacional adverso, algunos podrían optar por esperar otro ciclo electoral antes de involucrarse plenamente en una disputa presidencial.
Macri y el desafío de conservar al PRO
La situación de Mauricio Macri presenta características diferentes, aunque comparte el problema de fondo. Su proyecto de crear y desarrollar 150 nuevos dirigentes enfrenta dificultades para avanzar, especialmente por la necesidad de financiamiento.
El Próximo Paso requiere recursos para consolidarse como plataforma política. El propio crecimiento inicial de Macri tuvo como punto de apoyo la conducción de la Ciudad de Buenos Aires, desde donde posteriormente consiguió proyectar una estructura partidaria nacional.
Actualmente, la Ciudad está gobernada por su primo Jorge Macri, con quien mantiene diferencias políticas y de conducción. Las tensiones vinculadas con el Mundial y los intermediarios profundizaron el distanciamiento, aunque entre ambos todavía existe una instancia de diálogo directo.
La relación recuerda, en algunos aspectos, las dificultades que atravesó Horacio Rodríguez Larreta cuando buscó construir autonomía política respecto del expresidente.
Dentro del PRO persiste la percepción de que discutir en igualdad de condiciones con Mauricio Macri resulta complejo, debido al rol de fundador y conductor histórico que mantuvo durante años.
Sin embargo, una parte importante de la dirigencia partidaria observa con preocupación la posibilidad de quedar fuera de futuros acuerdos electorales con La Libertad Avanza.
“Es difícil parar a la gente… Todos tienen miedo de quedar afuera dentro de un año y después no volver más a ser parte de nada. Nuestros votantes nos piden la unidad con los libertarios por miedo a que vuelvan los kukas, pero Mauricio no quiere cerrar de cualquier manera. Por eso, que cada uno haga la suya”, describió un importante dirigente del PRO.
La posición de dirigentes como Jorge Macri y Cristian Ritondo, sumada a las dudas existentes entre concejales y legisladores provinciales y municipales, encuentra una de sus expresiones más claras en Diego Santilli.
Para Santilli, la separación entre el PRO y La Libertad Avanza resulta cada vez menos perceptible desde la perspectiva de una parte del electorado porque “el electorado nuestro nos ve como lo mismo”.
La relación con Milei y el futuro de los dos espacios
Mauricio Macri continúa buscando proyectos relacionados con una mejora de la calidad institucional que permitan transformar en políticas duraderas algunos de los cambios impulsados durante la gestión de Javier Milei.
Al mismo tiempo, mantiene diferencias con el estilo político del Presidente, particularmente por sus insultos y por la relación que establece con dirigentes que pretenden colaborar con el Gobierno y, a la vez, participar de espacios de decisión.
La estrategia de Macri pierde capacidad de negociación si buena parte de la dirigencia del PRO considera que una alianza con La Libertad Avanza es inevitable y comienza a avanzar individualmente hacia acuerdos con el oficialismo.
La tensión se produce además en un contexto de incertidumbre electoral, en el que diferentes dirigentes buscan garantizar su continuidad política y evitar quedar marginados de futuros armados.
Cristina Kirchner, por su parte, históricamente adoptó estrategias de confrontación incluso cuando implicaban riesgos para su propio espacio. Entre los antecedentes aparecen las tensiones con Daniel Scioli, los conflictos durante el gobierno de Alberto Fernández y la decisión de no habilitar una primaria frente a Florencio Randazzo.
Los métodos utilizados por Mauricio Macri fueron diferentes, aunque también generaron rupturas dentro de su fuerza política, como ocurrió en su enfrentamiento con Patricia Bullrich.
Macri y Cristina fueron los principales constructores de los espacios que durante años dominaron buena parte de la política argentina, y numerosos dirigentes que actualmente cuestionan sus decisiones desarrollaron sus carreras bajo esas estructuras.
El escenario actual plantea una discusión que excede las próximas elecciones: hasta qué punto los fundadores pueden conservar la conducción cuando quienes crecieron políticamente bajo su liderazgo comienzan a construir proyectos propios.
La historia argentina muestra, además, que dirigentes centrales como Juan Domingo Perón, Carlos Menem o Raúl Alfonsín no dejaron herederos políticos capaces de reproducir integralmente su liderazgo. La incógnita ahora es si Cristina Kirchner y Mauricio Macri podrán conservar influencia sobre sus espacios o si el peronismo y el PRO terminarán avanzando hacia nuevas conducciones.
Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri enfrentan dificultades para conservar el control político sobre los espacios que construyeron, mientras dirigentes del peronismo y del PRO avanzan con estrategias propias. En el PJ crece la discusión sobre unas PASO frente a Axel Kicillof, mientras referentes del PRO consideran cada vez más inevitable un entendimiento electoral con La Libertad Avanza.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Cristina Kirchner quiere mantener abierta la discusión electoral y Mauricio Macri pretende formar 150 dirigentes, pero ambos tienen el mismo inconveniente: cada vez menos soldados parecen dispuestos a esperar órdenes del cuartel general. Los dos fundaron estructuras que durante años giraron alrededor de sus decisiones y ahora descubren una vieja tradición de la política argentina: cuando aparece una elección, hasta los discípulos empiezan a revisar el árbol genealógico.
En el peronismo, Cristina planteó la posibilidad de participar de unas PASO pese a que su situación judicial impediría una candidatura. Al mismo tiempo, intendentes que tuvieron cercanía con La Cámpora comenzaron a conversar con Axel Kicillof sobre la conveniencia de resolver las diferencias mediante internas. La palabra PASO, históricamente tratada por varios sectores como ese electrodoméstico guardado que nadie quiere usar, vuelve a aparecer justo cuando puede definir quién manda.
El riesgo para el kirchnerismo es concreto: aceptar una primaria contra Kicillof implica aceptar también la posibilidad de perderla. Y una derrota interna tiene la desagradable costumbre de venir sin interpretación alternativa en la pantalla gigante.
Del otro lado, Macri intenta construir El Próximo Paso y desarrollar nuevos dirigentes, pero enfrenta un problema bastante menos filosófico: financiamiento y tropa. Parte importante del PRO considera que un acuerdo con La Libertad Avanza resulta electoralmente inevitable, mientras el expresidente busca evitar que su partido termine entregando las llaves antes de discutir las condiciones.
Jorge Macri, Cristian Ritondo y Diego Santilli aparecen dentro de una dinámica donde la identidad propia del PRO se cruza cada vez más con el proyecto libertario. Santilli sintetizó esa realidad al sostener que “el electorado nuestro nos ve como lo mismo”. Cuando hasta explicar dónde termina un partido y comienza el otro requiere subtítulos, el problema de identidad dejó de ser académico.
Cristina y Macri todavía conservan capacidad para condicionar a quienes vienen detrás. El detalle es que condicionar ya no significa conducir.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner atraviesan un problema similar dentro de los espacios políticos que construyeron: cada vez son menos los dirigentes propios dispuestos a acompañar sin condiciones sus estrategias. Tanto en el peronismo como en el PRO comenzaron a aparecer movimientos internos que desafían, con diferentes niveles de intensidad, la capacidad de conducción de sus principales fundadores.
En el caso de la expresidenta, la discusión volvió a concentrarse alrededor de una eventual participación en las PASO. Cristina Kirchner planteó esa posibilidad bajo el argumento de que ese mecanismo electoral no estaría expresamente prohibido para su situación.
Sin embargo, la legislación y las interpretaciones realizadas sobre su situación impedirían que pueda presentarse como candidata. Una alternativa diferente sería que su nombre apareciera como lema electoral o marca política, pero no como postulante.
En paralelo, comenzaron a producirse movimientos dentro del propio peronismo que apuntan hacia una eventual competencia interna.
“Fijate que justo en el momento que aparece esta iniciativa, hubo una docena de intendentes, muchos aliados de La Cámpora y que hoy componen La Liga de Intendentes, yendo a hablar con Axel Kicillof sobre la necesidad de realizar unas PASO”, explicó un especialista electoral habitualmente consultado dentro del peronismo.
El desafío de unas PASO entre el kirchnerismo y Kicillof
La diputada nacional Teresa García, dirigente de extrema confianza de Cristina Kirchner, también se manifestó favorable a utilizar una interna para determinar la representatividad dentro del espacio.
“Es lo que más fácilmente dirime la representatividad de los dirigentes. Si no, ¿de qué otra manera? Después hay quejas con el dedo”.
La defensa de la expresidenta y el argumento de que fue encarcelada injustamente se convirtieron en una de las principales banderas utilizadas por sus seguidores para volver a colocar en discusión su liderazgo dentro del peronismo.
Sin embargo, hasta el momento no hubo pronunciamientos públicos en ese sentido de gobernadores o intendentes, incluso entre algunos de los dirigentes considerados cercanos a Cristina Kirchner.
Una de las excepciones fue la diputada provincial Mayra Mendoza, quien organizó un encuentro en el NH Ateneo para reclamar por la liberación de la expresidenta.
En paralelo, la defensa de Cristina Kirchner busca que organismos de Naciones Unidas revisen si en su caso se cumplió el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
La discusión política central pasa ahora por determinar si Cristina y Máximo Kirchner aceptarían disputar una primaria abierta frente al gobernador bonaerense Axel Kicillof.
Hasta el momento, el kirchnerismo evitó asumir ese riesgo en diferentes oportunidades. Florencio Randazzo intentó construir un espacio para competir internamente, pero finalmente el sector liderado por Cristina Kirchner optó por conformar Unidad Ciudadana antes que concederle una minoría.
También se evitó una competencia contra Ricardo Quintela por la conducción del PJ, pese a que el dirigente riojano había reunido avales, entre ellos algunos vinculados con Axel Kicillof.
El principal riesgo para el kirchnerismo sería una eventual derrota. Un resultado adverso podría acelerar la discusión sobre la continuidad del espacio bajo la conducción de dirigentes directamente identificados con Cristina Kirchner.
La expresidenta conserva, sin embargo, capacidad política para condicionar el armado electoral de Kicillof, quien aparece hasta ahora como uno de los principales nombres de Fuerza Patria con proyección nacional.
El gobernador bonaerense cuenta con una ventaja respecto de otros mandatarios provinciales, aunque también enfrenta el desafío de construir una alternativa nacional mientras persisten las tensiones internas.
Varios gobernadores aliados pueden buscar su reelección o promover sucesores en sus provincias. Frente a un escenario nacional adverso, algunos podrían optar por esperar otro ciclo electoral antes de involucrarse plenamente en una disputa presidencial.
Macri y el desafío de conservar al PRO
La situación de Mauricio Macri presenta características diferentes, aunque comparte el problema de fondo. Su proyecto de crear y desarrollar 150 nuevos dirigentes enfrenta dificultades para avanzar, especialmente por la necesidad de financiamiento.
El Próximo Paso requiere recursos para consolidarse como plataforma política. El propio crecimiento inicial de Macri tuvo como punto de apoyo la conducción de la Ciudad de Buenos Aires, desde donde posteriormente consiguió proyectar una estructura partidaria nacional.
Actualmente, la Ciudad está gobernada por su primo Jorge Macri, con quien mantiene diferencias políticas y de conducción. Las tensiones vinculadas con el Mundial y los intermediarios profundizaron el distanciamiento, aunque entre ambos todavía existe una instancia de diálogo directo.
La relación recuerda, en algunos aspectos, las dificultades que atravesó Horacio Rodríguez Larreta cuando buscó construir autonomía política respecto del expresidente.
Dentro del PRO persiste la percepción de que discutir en igualdad de condiciones con Mauricio Macri resulta complejo, debido al rol de fundador y conductor histórico que mantuvo durante años.
Sin embargo, una parte importante de la dirigencia partidaria observa con preocupación la posibilidad de quedar fuera de futuros acuerdos electorales con La Libertad Avanza.
“Es difícil parar a la gente… Todos tienen miedo de quedar afuera dentro de un año y después no volver más a ser parte de nada. Nuestros votantes nos piden la unidad con los libertarios por miedo a que vuelvan los kukas, pero Mauricio no quiere cerrar de cualquier manera. Por eso, que cada uno haga la suya”, describió un importante dirigente del PRO.
La posición de dirigentes como Jorge Macri y Cristian Ritondo, sumada a las dudas existentes entre concejales y legisladores provinciales y municipales, encuentra una de sus expresiones más claras en Diego Santilli.
Para Santilli, la separación entre el PRO y La Libertad Avanza resulta cada vez menos perceptible desde la perspectiva de una parte del electorado porque “el electorado nuestro nos ve como lo mismo”.
La relación con Milei y el futuro de los dos espacios
Mauricio Macri continúa buscando proyectos relacionados con una mejora de la calidad institucional que permitan transformar en políticas duraderas algunos de los cambios impulsados durante la gestión de Javier Milei.
Al mismo tiempo, mantiene diferencias con el estilo político del Presidente, particularmente por sus insultos y por la relación que establece con dirigentes que pretenden colaborar con el Gobierno y, a la vez, participar de espacios de decisión.
La estrategia de Macri pierde capacidad de negociación si buena parte de la dirigencia del PRO considera que una alianza con La Libertad Avanza es inevitable y comienza a avanzar individualmente hacia acuerdos con el oficialismo.
La tensión se produce además en un contexto de incertidumbre electoral, en el que diferentes dirigentes buscan garantizar su continuidad política y evitar quedar marginados de futuros armados.
Cristina Kirchner, por su parte, históricamente adoptó estrategias de confrontación incluso cuando implicaban riesgos para su propio espacio. Entre los antecedentes aparecen las tensiones con Daniel Scioli, los conflictos durante el gobierno de Alberto Fernández y la decisión de no habilitar una primaria frente a Florencio Randazzo.
Los métodos utilizados por Mauricio Macri fueron diferentes, aunque también generaron rupturas dentro de su fuerza política, como ocurrió en su enfrentamiento con Patricia Bullrich.
Macri y Cristina fueron los principales constructores de los espacios que durante años dominaron buena parte de la política argentina, y numerosos dirigentes que actualmente cuestionan sus decisiones desarrollaron sus carreras bajo esas estructuras.
El escenario actual plantea una discusión que excede las próximas elecciones: hasta qué punto los fundadores pueden conservar la conducción cuando quienes crecieron políticamente bajo su liderazgo comienzan a construir proyectos propios.
La historia argentina muestra, además, que dirigentes centrales como Juan Domingo Perón, Carlos Menem o Raúl Alfonsín no dejaron herederos políticos capaces de reproducir integralmente su liderazgo. La incógnita ahora es si Cristina Kirchner y Mauricio Macri podrán conservar influencia sobre sus espacios o si el peronismo y el PRO terminarán avanzando hacia nuevas conducciones.
Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri enfrentan dificultades para conservar el control político sobre los espacios que construyeron, mientras dirigentes del peronismo y del PRO avanzan con estrategias propias. En el PJ crece la discusión sobre unas PASO frente a Axel Kicillof, mientras referentes del PRO consideran cada vez más inevitable un entendimiento electoral con La Libertad Avanza.
Cristina Kirchner quiere mantener abierta la discusión electoral y Mauricio Macri pretende formar 150 dirigentes, pero ambos tienen el mismo inconveniente: cada vez menos soldados parecen dispuestos a esperar órdenes del cuartel general. Los dos fundaron estructuras que durante años giraron alrededor de sus decisiones y ahora descubren una vieja tradición de la política argentina: cuando aparece una elección, hasta los discípulos empiezan a revisar el árbol genealógico.
En el peronismo, Cristina planteó la posibilidad de participar de unas PASO pese a que su situación judicial impediría una candidatura. Al mismo tiempo, intendentes que tuvieron cercanía con La Cámpora comenzaron a conversar con Axel Kicillof sobre la conveniencia de resolver las diferencias mediante internas. La palabra PASO, históricamente tratada por varios sectores como ese electrodoméstico guardado que nadie quiere usar, vuelve a aparecer justo cuando puede definir quién manda.
El riesgo para el kirchnerismo es concreto: aceptar una primaria contra Kicillof implica aceptar también la posibilidad de perderla. Y una derrota interna tiene la desagradable costumbre de venir sin interpretación alternativa en la pantalla gigante.
Del otro lado, Macri intenta construir El Próximo Paso y desarrollar nuevos dirigentes, pero enfrenta un problema bastante menos filosófico: financiamiento y tropa. Parte importante del PRO considera que un acuerdo con La Libertad Avanza resulta electoralmente inevitable, mientras el expresidente busca evitar que su partido termine entregando las llaves antes de discutir las condiciones.
Jorge Macri, Cristian Ritondo y Diego Santilli aparecen dentro de una dinámica donde la identidad propia del PRO se cruza cada vez más con el proyecto libertario. Santilli sintetizó esa realidad al sostener que “el electorado nuestro nos ve como lo mismo”. Cuando hasta explicar dónde termina un partido y comienza el otro requiere subtítulos, el problema de identidad dejó de ser académico.
Cristina y Macri todavía conservan capacidad para condicionar a quienes vienen detrás. El detalle es que condicionar ya no significa conducir.