El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, respondió este jueves a las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, quien había cuestionado a «los tarados que hablan de la industria» durante una exposición ante empresarios.
El dirigente industrial consideró que ese tipo de expresiones no favorecen el diálogo entre el Gobierno y el sector productivo, en un contexto en el que ambas partes mantienen conversaciones sobre las condiciones para mejorar la competitividad de la industria nacional.
La respuesta de la UIA
En declaraciones radiales, Rappallini sostuvo que «no son declaraciones felices que ayuden al diálogo que tanto se necesita para sacar este país adelante», al referirse a los dichos del ministro de Economía.
El titular de la UIA remarcó que la entidad comparte objetivos vinculados con la estabilidad económica y sostuvo que es posible respaldar la baja de la inflación, el equilibrio fiscal y la normalización macroeconómica sin dejar de plantear la necesidad de fortalecer la actividad industrial.
«Al mismo tiempo creemos que Argentina necesita una industria competitiva, integrada al mundo y capaz de exportar», expresó.
«No defendemos privilegios»
Rappallini también rechazó que los planteos del sector industrial busquen obtener beneficios especiales y afirmó que el reclamo apunta a mejorar las condiciones de competencia.
«No defendemos privilegios, sino que queremos tener las mismas condiciones para competir. Este es el punto», sostuvo.
Según explicó, uno de los principales desafíos continúa siendo reducir la presión impositiva y otros costos que afectan la competitividad de las empresas argentinas.
El vínculo con el Gobierno
El presidente de la UIA señaló que la entidad mantiene un canal de diálogo con el Gobierno nacional desde hace varios meses para abordar distintos aspectos de la política económica.
Entre los temas planteados por la entidad figuran la necesidad de avanzar en una baja de impuestos, reducir el costo fiscal y mejorar las condiciones financieras para el sector productivo.
«Este es el mensaje permanente de la industria, igualdad de condiciones para competir, pero hoy estamos con diferencias muy importantes, tasas de interés altas y costo fiscal mucho más alto», concluyó.
El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, respondió a las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, quien había cuestionado a quienes «hablan de la industria». El dirigente sostuvo que esos dichos no favorecen el diálogo y reiteró que el sector acompaña la estabilidad macroeconómica, pero reclama igualdad de condiciones para competir.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Un ministro dijo «tarados». La UIA respondió pidiendo diálogo. Argentina tiene esa capacidad extraordinaria de convertir una discusión sobre competitividad, impuestos y producción en una pelea donde primero se cuentan los adjetivos y después los números.
Luis Caputo defendió el rumbo económico asegurando que los sectores exportadores serán el motor que terminará empujando al resto de la economía. En el camino dejó una frase que hizo más ruido que cualquier gráfico: «los tarados que hablan de la industria». Bastó esa oración para que el debate dejara de girar alrededor de la productividad y pasara a girar alrededor del tono.
Martín Rappallini recogió el guante, pero eligió devolverlo sin levantar la voz. Dijo que esas expresiones no ayudan al diálogo que el país necesita y aclaró que defender la industria no significa estar en contra del equilibrio fiscal, la baja de la inflación o la estabilidad macroeconómica. Traducido al castellano político: se puede discutir sin prender fuego la mesa.
La UIA insiste desde hace meses con un planteo que viene repitiendo casi como un mantra. No pide privilegios, asegura, sino igualdad de condiciones para competir. Habla de impuestos, tasas de interés y costos que, según sostiene, todavía colocan a las empresas argentinas varios escalones por encima de sus competidores internacionales. El problema es que esos argumentos suelen perder protagonismo cuando la discusión arranca a los gritos.
En el fondo, la diferencia no parece estar en si la industria debe ser competitiva. Difícil encontrar a alguien que sostenga lo contrario. La discusión pasa por cómo se llega hasta ahí y quién soporta el costo del camino. Mientras el Gobierno pone el foco en la macroeconomía, los industriales insisten en que las cuentas también cierran de la puerta de la fábrica para adentro.
La economía argentina tiene una curiosa costumbre: cada vez que aparece la palabra «industria», el debate termina pareciéndose menos a una reunión de producción y más a un programa de televisión. Después todos vuelven a hablar de competitividad. Pero primero había que ganar el título.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, respondió este jueves a las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, quien había cuestionado a «los tarados que hablan de la industria» durante una exposición ante empresarios.
El dirigente industrial consideró que ese tipo de expresiones no favorecen el diálogo entre el Gobierno y el sector productivo, en un contexto en el que ambas partes mantienen conversaciones sobre las condiciones para mejorar la competitividad de la industria nacional.
La respuesta de la UIA
En declaraciones radiales, Rappallini sostuvo que «no son declaraciones felices que ayuden al diálogo que tanto se necesita para sacar este país adelante», al referirse a los dichos del ministro de Economía.
El titular de la UIA remarcó que la entidad comparte objetivos vinculados con la estabilidad económica y sostuvo que es posible respaldar la baja de la inflación, el equilibrio fiscal y la normalización macroeconómica sin dejar de plantear la necesidad de fortalecer la actividad industrial.
«Al mismo tiempo creemos que Argentina necesita una industria competitiva, integrada al mundo y capaz de exportar», expresó.
«No defendemos privilegios»
Rappallini también rechazó que los planteos del sector industrial busquen obtener beneficios especiales y afirmó que el reclamo apunta a mejorar las condiciones de competencia.
«No defendemos privilegios, sino que queremos tener las mismas condiciones para competir. Este es el punto», sostuvo.
Según explicó, uno de los principales desafíos continúa siendo reducir la presión impositiva y otros costos que afectan la competitividad de las empresas argentinas.
El vínculo con el Gobierno
El presidente de la UIA señaló que la entidad mantiene un canal de diálogo con el Gobierno nacional desde hace varios meses para abordar distintos aspectos de la política económica.
Entre los temas planteados por la entidad figuran la necesidad de avanzar en una baja de impuestos, reducir el costo fiscal y mejorar las condiciones financieras para el sector productivo.
«Este es el mensaje permanente de la industria, igualdad de condiciones para competir, pero hoy estamos con diferencias muy importantes, tasas de interés altas y costo fiscal mucho más alto», concluyó.
El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, respondió a las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, quien había cuestionado a quienes «hablan de la industria». El dirigente sostuvo que esos dichos no favorecen el diálogo y reiteró que el sector acompaña la estabilidad macroeconómica, pero reclama igualdad de condiciones para competir.
Un ministro dijo «tarados». La UIA respondió pidiendo diálogo. Argentina tiene esa capacidad extraordinaria de convertir una discusión sobre competitividad, impuestos y producción en una pelea donde primero se cuentan los adjetivos y después los números.
Luis Caputo defendió el rumbo económico asegurando que los sectores exportadores serán el motor que terminará empujando al resto de la economía. En el camino dejó una frase que hizo más ruido que cualquier gráfico: «los tarados que hablan de la industria». Bastó esa oración para que el debate dejara de girar alrededor de la productividad y pasara a girar alrededor del tono.
Martín Rappallini recogió el guante, pero eligió devolverlo sin levantar la voz. Dijo que esas expresiones no ayudan al diálogo que el país necesita y aclaró que defender la industria no significa estar en contra del equilibrio fiscal, la baja de la inflación o la estabilidad macroeconómica. Traducido al castellano político: se puede discutir sin prender fuego la mesa.
La UIA insiste desde hace meses con un planteo que viene repitiendo casi como un mantra. No pide privilegios, asegura, sino igualdad de condiciones para competir. Habla de impuestos, tasas de interés y costos que, según sostiene, todavía colocan a las empresas argentinas varios escalones por encima de sus competidores internacionales. El problema es que esos argumentos suelen perder protagonismo cuando la discusión arranca a los gritos.
En el fondo, la diferencia no parece estar en si la industria debe ser competitiva. Difícil encontrar a alguien que sostenga lo contrario. La discusión pasa por cómo se llega hasta ahí y quién soporta el costo del camino. Mientras el Gobierno pone el foco en la macroeconomía, los industriales insisten en que las cuentas también cierran de la puerta de la fábrica para adentro.
La economía argentina tiene una curiosa costumbre: cada vez que aparece la palabra «industria», el debate termina pareciéndose menos a una reunión de producción y más a un programa de televisión. Después todos vuelven a hablar de competitividad. Pero primero había que ganar el título.