Dos soldados del Ejército de Estados Unidos murieron este miércoles 12 de agosto al estrellarse un helicóptero Apache AH-64 durante un vuelo de entrenamiento cerca de Salado, Texas. El impacto provocó un incendio de pastizales y obligó a evacuar viviendas cercanas. La aeronave pertenecía a la base militar de Fort Hood.
Un vuelo de entrenamiento de rutina terminó convertido en una tragedia en Texas, donde un helicóptero Apache AH-64 del Ejército de Estados Unidos cayó en un campo al sur de Salado y provocó la muerte de sus dos tripulantes. La escena dejó pocas concesiones para cualquier intento de normalidad: una aeronave militar destruida, un incendio extendiéndose entre los pastizales y vecinos evacuando sus casas mientras los equipos de emergencia intentaban contener una situación que, hasta minutos antes, formaba parte del calendario habitual de entrenamiento.
El Apache, una de esas máquinas cuya presencia suele anunciarse mucho antes de que alguien consiga verla en el cielo, terminó en tierra alrededor de la 1:30 p.m. hora local. Esta vez, el estruendo no correspondió a una demostración militar ni a una maniobra cuidadosamente ensayada, sino al comienzo de un operativo que movilizó bomberos, policías y personal de Fort Hood.
El accidente también encendió los pastizales de la zona, obligando a evacuar algunas residencias cercanas. Las viviendas, al menos, no sufrieron daños. En medio de una jornada marcada por sirenas, humo y vehículos de emergencia, esa terminó siendo una de las pocas noticias favorables: el fuego no consiguió sumar otro capítulo a una tragedia que ya había cobrado dos vidas.
Los nombres de los soldados permanecen bajo reserva mientras se cumple el protocolo militar de notificación a las familias. La investigación deberá determinar ahora por qué una misión descripta como rutinaria terminó de la manera menos rutinaria posible, recordando que incluso detrás de la precisión tecnológica de una aeronave de combate existe un margen donde las certezas se terminan y comienzan las preguntas.