Patricia Bullrich dejó una de sus definiciones políticas más llamativas al afirmar que aceptaría tomar un café con Cristina Kirchner, pero que no haría lo mismo con Máximo Kirchner. La senadora nacional de La Libertad Avanza habló además sobre sus aspiraciones presidenciales, las diferencias internas dentro del oficialismo y su relación política con Javier Milei.
La dirigente realizó esas declaraciones durante una entrevista en la que fue consultada acerca de qué referentes de la oposición estarían fuera de cualquier posibilidad de diálogo.
Ante esa pregunta, Bullrich apuntó directamente contra Máximo Kirchner.
“No me tomaría un café, ¿sabés con quién? Con Máximo. Pero porque lo veo cerrado, no porque le negaría un café a nadie ni tengo un prejuicio específico, pero lo veo como que es el guardián de una ideología fracasada; entonces siento como que no tendría puntos en común”.
Bullrich dijo que sí hablaría con Cristina Kirchner
La respuesta cambió cuando fue consultada por la expresidenta Cristina Kirchner. Bullrich afirmó que estaría dispuesta a conversar con ella y aseguró que existirían mayores posibilidades de encontrar temas en común.
Cuando le señalaron que para un eventual encuentro tendría que trasladarse hasta el domicilio de San José 1111, donde la exmandataria cumple prisión domiciliaria, respondió que “ir es lo de menos” y sostuvo que lo importante era definir con quién estaría dispuesta a hablar.
Según Bullrich, con Cristina Kirchner tendría “más puntos en común que charlar”.
La senadora también se refirió al clima político argentino y advirtió sobre los riesgos que generan los fanatismos. En ese sentido, cuestionó el proceso de “talibanización” de la política y consideró que esas posturas resultaron perjudiciales para el país.
Además, sostuvo que el propio oficialismo debe evitar caer en ese esquema, al considerar que se trata de una lógica contraria al debate de ideas.
Su objetivo presidencial y el futuro dentro de La Libertad Avanza
En otro tramo de la entrevista, Bullrich volvió a hablar de sus aspiraciones políticas y dejó en claro cuál es su objetivo de mediano plazo dentro de La Libertad Avanza.
“Después de la reelección de Milei, quiero ser presidenta”.
La senadora planteó así un horizonte político que contempla primero una eventual continuidad de Javier Milei en la Casa Rosada y luego una candidatura propia para sucederlo.
También se refirió a las especulaciones sobre posibles postulaciones electorales en la Ciudad o la Provincia de Buenos Aires y señaló que su prioridad será acompañar la estrategia general del oficialismo.
Bullrich sostuvo que, si el armado político requiere una coalición que respalde al Gobierno, no tendría inconvenientes en mantener su banca en el Senado de la Nación.
Diferencias con Villarruel y autocrítica por la campaña
La legisladora también volvió a marcar distancia con la vicepresidenta Victoria Villarruel y destacó que existen diferencias ideológicas dentro del propio oficialismo.
“Villarruel no es liberal, es conservadora, tiene otra forma de pensar”, afirmó Bullrich.
Según la senadora, una conducta diferente por parte de la vicepresidenta podría haber permitido una mayor integración al núcleo político del proyecto oficialista.
Finalmente, Bullrich realizó una autocrítica sobre los enfrentamientos que mantuvo con Javier Milei durante la campaña electoral previa, cuando ambos competían desde espacios distintos.
“Ambos cometimos el error de atacarnos. No teníamos que atacarnos entre nosotros, porque teníamos que atacar al populismo”, concluyó.
Las declaraciones dejaron así una combinación de mensajes hacia la oposición y hacia el propio oficialismo: apertura al diálogo con Cristina Kirchner, rechazo político a Máximo Kirchner, distancia con Villarruel y una aspiración presidencial explícita para el futuro.
Patricia Bullrich afirmó que estaría dispuesta a tomar un café con Cristina Kirchner, pero descartó hacerlo con Máximo Kirchner, a quien definió como “el guardián de una ideología fracasada”. La senadora también habló de sus diferencias con Victoria Villarruel, cuestionó los fanatismos políticos y ratificó que aspira a ser presidenta después de una eventual reelección de Javier Milei.
Patricia Bullrich tomaría un café con Cristina Kirchner, pero no con Máximo. La política argentina consiguió así otra escena difícil de explicar fuera del país: décadas de enfrentamientos ideológicos resumidas en quién merece sentarse frente a una medialuna.
La senadora aseguró que con la expresidenta tendría “más puntos en común que charlar”, incluso si para ese encuentro tuviera que trasladarse hasta el domicilio donde cumple prisión domiciliaria. Con Máximo, en cambio, cerró la cafetería antes de mirar el menú.
“No me tomaría un café, ¿sabés con quién? Con Máximo. Pero porque lo veo cerrado, no porque le negaría un café a nadie ni tengo un prejuicio específico, pero lo veo como que es el guardián de una ideología fracasada; entonces siento como que no tendría puntos en común”, sostuvo Bullrich. En la política nacional, aparentemente, el diálogo institucional ahora también puede medirse en pocillos.
La dirigente aprovechó además para advertir contra la “talibanización” de la política y pidió que el oficialismo no caiga en fanatismos. Después de años de campañas donde adversarios se lanzaron adjetivos como si fueran volantes en una esquina, el descubrimiento de que conviene conversar llegó con la puntualidad de un colectivo un domingo.
También ratificó una ambición que no necesita demasiada traducción: “Después de la reelección de Milei, quiero ser presidenta”. Antes deberá atravesar internas, elecciones y la convivencia con un oficialismo donde las diferencias con Victoria Villarruel siguen a la vista.
Café con Cristina, distancia con Máximo y la Casa Rosada en el horizonte. La política argentina nunca dejó de tener agenda; solamente cambió la carta.