Los glaciares de la Cordillera de los Andes atraviesan un proceso sostenido de pérdida de masa que, en algunas regiones, se aceleró durante las últimas décadas. Investigaciones desarrolladas con participación de científicos del IANIGLA-CONICET permiten dimensionar un fenómeno de particular relevancia para Cuyo, donde estas formaciones constituyen reservas estratégicas de agua.
Uno de los estudios analizó más de 30.000 modelos digitales de terreno obtenidos a partir de imágenes satelitales correspondientes al período comprendido entre 2000 y 2018. A partir de esos registros, los investigadores pudieron evaluar los cambios experimentados por los glaciares a lo largo de casi dos décadas.
Los resultados mostraron que en los Andes Áridos y el norte de la Patagonia la pérdida de masa glaciar fue mayor entre 2009 y 2018 que durante el período 2000-2009. El dato señala una aceleración del proceso en esas regiones durante la segunda parte del período estudiado.
Reservas estratégicas para los años secos
El comportamiento de los glaciares tiene especial importancia para las provincias cordilleranas. De acuerdo con el Inventario Nacional de Glaciares, estos cuerpos de hielo funcionan como reservas estratégicas de agua y su deshielo contribuye al caudal de los ríos andinos, especialmente durante los años secos.
Esta función adquiere particular relevancia en Cuyo, donde los recursos hídricos provenientes de la Cordillera tienen un papel fundamental. Por esa razón, conocer la evolución de los glaciares permite seguir de cerca uno de los componentes que intervienen en la disponibilidad de agua de las cuencas andinas.
Agua Negra perdió el 23% de su superficie
En San Juan, uno de los casos analizados es el glaciar Agua Negra, ubicado en la cuenca del río Jáchal. Una investigación publicada en Journal of Glaciology determinó que esta formación perdió aproximadamente el 23% de su superficie entre 1959 y 2019.
La reducción registrada a lo largo de esas seis décadas expone la importancia de mantener un seguimiento sistemático de los cuerpos de hielo en una región fuertemente vinculada al agua proveniente de la Cordillera.
El monitoreo de los glaciares argentinos
El IANIGLA-CONICET lleva adelante el Inventario Nacional de Glaciares, una herramienta destinada a identificar, caracterizar y monitorear estas reservas de agua. El relevamiento permite conocer su distribución, estudiar su evolución y evaluar su aporte a los recursos hídricos del país.
Los datos obtenidos mediante imágenes satelitales, modelos digitales de terreno y estudios específicos permiten observar cómo cambian los glaciares a través del tiempo. En el caso de los Andes Áridos y de San Juan, los resultados disponibles muestran una pérdida que cobra especial relevancia por el papel que cumplen estas reservas en las cuencas alimentadas desde la Cordillera.
Investigaciones del IANIGLA-CONICET advierten que los glaciares de la Cordillera de los Andes están perdiendo masa y que el proceso se aceleró en algunas regiones durante las últimas décadas. En San Juan, el glaciar Agua Negra perdió aproximadamente el 23% de su superficie entre 1959 y 2019, un fenómeno relevante para las reservas hídricas de Cuyo.
Mientras en buena parte de Cuyo cada gota de agua recibe un nivel de atención digno de una pieza de museo, los glaciares de los Andes vienen achicándose con una constancia bastante menos tranquilizadora. Las investigaciones muestran pérdida de masa y, en algunas zonas, una aceleración del proceso durante las últimas décadas. La Cordillera, esa enorme caja de ahorro hídrica que durante siglos pareció venir con plazo fijo automático, empezó a mostrar movimientos que ningún contador del agua quisiera encontrar en el balance.
El asunto adquiere una dimensión particularmente cercana en San Juan. El glaciar Agua Negra, ubicado en la cuenca del río Jáchal, perdió aproximadamente el 23% de su superficie entre 1959 y 2019. Traducido al idioma universal de las preocupaciones: casi una cuarta parte. No es que el glaciar haya decidido adoptar una estética minimalista; se trata de una reducción documentada durante seis décadas en una provincia donde el agua cordillerana tiene un papel central.
La situación tampoco queda limitada a una postal sanjuanina. Un análisis basado en más de 30.000 modelos digitales de terreno determinó que, en los Andes Áridos y el norte de la Patagonia, la pérdida de masa glaciar fue mayor entre 2009 y 2018 que entre 2000 y 2009. Hasta los glaciares parecen haber descubierto esa particular costumbre contemporánea de acelerar justamente aquello que uno preferiría que avanzara despacio.
Por eso el Inventario Nacional de Glaciares resulta bastante más importante que una colección sofisticada de enormes bloques de hielo. Permite identificar, caracterizar y monitorear reservas estratégicas de agua cuyo deshielo alimenta los ríos andinos, sobre todo durante los años secos. En una región acostumbrada a mirar la nieve de la Cordillera como quien consulta el saldo de la cuenta antes de pagar las facturas, saber cuánto hielo queda y cómo evoluciona dejó de ser una curiosidad científica: es mirar el resumen de una cuenta que conviene seguir muy de cerca.