Una declaración del ministro de Defensa argentino, Carlos Presti, volvió a generar tensión con Chile alrededor del Estrecho de Magallanes. Durante una entrevista televisiva, el funcionario aseguró que «hay patrullaje combinado entre la Armada de Argentina y la Armada de Chile».
Los dichos provocaron una rápida reacción en el país trasandino, donde las autoridades remarcaron que la custodia y el control de las aguas jurisdiccionales chilenas corresponden exclusivamente a la Armada de Chile, dentro de las atribuciones soberanas que le corresponden.
Chile diferenció los patrullajes de la cooperación bilateral
En medio de la controversia, se destacó la existencia de la Patrulla Antártica Naval Combinada (PANC), una iniciativa desarrollada conjuntamente por Argentina y Chile desde hace 22 años y que funciona de manera estacional entre noviembre y febrero.
Este mecanismo contempla turnos alternados entre unidades navales argentinas y chilenas y tiene como finalidad prevenir y responder ante eventuales emergencias en las rutas marítimas utilizadas para llegar y regresar del continente antártico.
A esa cooperación se suma el Ejercicio Viekarén, que se lleva adelante en el área del Canal Beagle y está destinado al entrenamiento combinado frente a emergencias marítimas, además de fortalecer las capacidades de búsqueda y rescate en el mar.
Desde el área de Defensa chilena destacaron las «muy buenas relaciones» existentes entre las Armadas de Chile y Argentina, además de la cooperación bilateral en seguridad marítima. Sin embargo, enfatizaron que esas actividades se realizan respetando las jurisdicciones y la soberanía de cada país.
En ese marco, remarcaron: «Los patrullajes combinados que mantienen ambos países corresponden a mecanismos específicos de cooperación en espacios internacionales, como la Patrulla Antártica Naval Combinada (PANC), mientras que el Viekarén corresponde a un ejercicio conjunto de entrenamiento en el área del Canal Beagle. La custodia y control de las aguas jurisdiccionales de Chile, recalcaron, corresponde exclusivamente a la Armada nacional».
Una relación atravesada por declaraciones sobre el Estrecho
La nueva controversia se produjo pocos días después de otro episodio diplomático relacionado con el extremo austral. El canciller argentino, Pablo Quirno, había afirmado durante una entrevista que Argentina es un país «bicontinental y bioceánico», una expresión que despertó cuestionamientos en Chile.
La declaración ocurrió después de la reunión bilateral entre Javier Milei y José Antonio Kast en Santiago, donde ambos gobiernos reafirmaron el marco de los tratados vigentes respecto del Estrecho de Magallanes.
El concepto utilizado por Quirno generó especial sensibilidad dentro de la política chilena debido a las interpretaciones vinculadas con la proyección argentina hacia los océanos Atlántico y Pacífico. Tras la repercusión de sus palabras, el canciller argentino realizó aclaraciones sobre el alcance de la expresión.
La sucesión de declaraciones volvió así a colocar al Estrecho de Magallanes en el centro de la agenda bilateral, pese a que ambos gobiernos mantienen mecanismos permanentes de cooperación militar, marítima y antártica.
El ministro de Defensa argentino, Carlos Presti, afirmó que existen patrullajes combinados entre las armadas de Argentina y Chile en el Estrecho de Magallanes, lo que generó una nueva controversia bilateral. Desde Chile remarcaron que la custodia de sus aguas jurisdiccionales corresponde exclusivamente a su Armada y diferenciaron esas tareas de los mecanismos de cooperación militar entre ambos países.
Argentina y Chile volvieron a descubrir que el Estrecho de Magallanes tiene una extraordinaria capacidad para transformar una entrevista televisiva en un incidente diplomático antes de que termine el café. Esta vez el protagonista fue el ministro de Defensa, Carlos Presti, quien habló de patrullajes combinados entre ambas armadas y consiguió que del otro lado de la Cordillera comenzaran a revisar mapas, tratados y declaraciones con la velocidad de quien escucha que alguien acaba de cambiar los límites internacionales durante un programa de televisión.
La respuesta chilena llegó con una precisión quirúrgica: cooperación, sí; ejercicios conjuntos, también; pero la custodia de sus aguas jurisdiccionales corresponde exclusivamente a Chile. Porque una cosa es compartir entrenamientos, operaciones antárticas y protocolos de rescate, y otra bastante distinta es interpretar que las dos banderas navegan administrativamente por el Estrecho como si se tratara de una copropiedad con gastos comunes.
En el medio aparecen la Patrulla Antártica Naval Combinada y el ejercicio Viekarén, mecanismos que muestran que ambos países pueden trabajar juntos sin necesidad de convertir cada maniobra naval en una tesis sobre soberanía. La primera funciona estacionalmente en las rutas hacia la Antártida; el segundo apunta al entrenamiento ante emergencias marítimas en el área del Canal Beagle. Es decir: cooperación militar existe. El inconveniente empieza cuando alguien extiende el concepto unos kilómetros más allá y la diplomacia inmediatamente pide asistencia respiratoria.
La sensibilidad tampoco apareció de la nada. Días atrás, el canciller Pablo Quirno había definido a Argentina como un país «bicontinental y bioceánico», expresión que generó cuestionamientos en Chile y obligó posteriormente a realizar aclaraciones. En cuestión de jornadas, la relación bilateral pasó así de reafirmar tratados a discutir palabras, mapas y patrullajes. Una demostración bastante contundente de que, en el extremo sur del continente, hasta una preposición puede necesitar custodia naval.