La construcción del Túnel de Agua Negra, proyecto binacional que conectará la provincia de San Juan con la región de Coquimbo, en Chile, prevé utilizar una tuneladora conocida como Tunnel Boring Machine (TBM).
Este tipo de maquinaria está diseñada para perforar y revestir el túnel de manera simultánea, lo que permite avanzar con la excavación mientras se consolida la estructura interna de la obra.
Cómo funcionará la tuneladora del Túnel de Agua Negra
La TBM está equipada con una cabeza de corte compuesta por una rueda frontal giratoria que incorpora herramientas de carburo de tungsteno. Estas piezas permiten triturar la roca y el suelo durante el proceso de excavación.
Una vez desprendido el material, las piedras y la tierra son recogidas y retiradas mediante cintas transportadoras internas, que acompañan el avance de la máquina a través del trazado.
Una de las principales características del sistema es la posibilidad de revestir el túnel mientras continúa la perforación. A medida que la tuneladora avanza, brazos mecánicos colocan piezas prefabricadas de hormigón denominadas “dovelas”, que conforman progresivamente las paredes de la estructura.
La estructura de una TBM
Estas máquinas cuentan con un escudo delantero en el que se ubican la rueda de corte giratoria y los motores principales, elementos fundamentales para iniciar y sostener el proceso de excavación.
Además, poseen un sistema de propulsión basado en gatos hidráulicos que se apoyan sobre la estructura ya construida del túnel para impulsar la máquina hacia adelante.
En la parte trasera se despliegan distintas plataformas que concentran los sistemas auxiliares necesarios para la operación, entre ellos ventilación, suministro eléctrico y bombeo.
Dos túneles de aproximadamente 14 kilómetros
El proyecto del Túnel de Agua Negra contempla la construcción de dos túneles paralelos de aproximadamente 14 kilómetros de extensión cada uno.
Cada conducto contará con un único carril, con el objetivo de facilitar la conexión terrestre entre San Juan y la región de Coquimbo y mejorar la integración vial entre Argentina y Chile a través de la cordillera de los Andes.
El proyecto del Túnel de Agua Negra, que unirá San Juan con la región chilena de Coquimbo, prevé utilizar una tuneladora TBM capaz de perforar y revestir simultáneamente. La obra contempla dos túneles paralelos de aproximadamente 14 kilómetros cada uno, con un carril por sentido, para mejorar la conexión terrestre entre Argentina y Chile.
El Túnel de Agua Negra apunta a cruzar la cordillera con una estrategia bastante menos romántica que la de los antiguos pasos de montaña: una máquina gigantesca que mastica roca, avanza bajo tierra y deja el túnel revestido mientras sigue trabajando. La ingeniería moderna, en definitiva, decidió que enfrentarse a los Andes requería algo más convincente que una pala, voluntad y una cantidad irresponsable de café.
La protagonista será una Tunnel Boring Machine, o TBM, una tuneladora equipada con una enorme cabeza de corte que gira contra la roca utilizando herramientas de carburo de tungsteno. El material triturado se retira mediante cintas transportadoras internas, porque incluso una máquina capaz de atravesar una montaña necesita mantener cierto orden doméstico mientras trabaja.
La gracia tecnológica está en que no sólo perfora. A medida que avanza, brazos mecánicos colocan piezas de hormigón llamadas “dovelas” para formar las paredes del túnel. Es decir, la máquina excava y construye al mismo tiempo, una eficiencia que en cualquier obra pública sudamericana podría ser considerada directamente ciencia ficción si no estuviera respaldada por ingeniería pesada.
El sistema se completa con gatos hidráulicos que empujan la tuneladora hacia adelante, además de plataformas traseras encargadas de ventilación, electricidad y bombeo. En otras palabras, la TBM lleva detrás una pequeña ciudad industrial sobre rieles, porque perforar catorce kilómetros de cordillera exige bastante más infraestructura que colocar un cartel de “obra en ejecución”.
El proyecto prevé dos túneles paralelos de unos 14 kilómetros cada uno, con un carril por túnel. Si todo funciona como está diseñado, San Juan y Coquimbo tendrán una conexión terrestre atravesando una de las barreras naturales más imponentes de Sudamérica. Los Andes seguirán allí, naturalmente, pero con dos discretos agujeros de ingeniería recordándoles que la humanidad tiene una relación bastante insistente con los obstáculos geográficos.