La jueza federal María Romilda Servini dispuso el archivo de las actuaciones “por imposibilidad de proceder”, luego de que el Ministerio Público Fiscal concluyera que no existían elementos suficientes para conformar una hipótesis delictiva concreta y delimitada que permitiera iniciar una investigación penal.
La causa había sido promovida por los diputados libertarios Lilia Lemoine, María Celeste Ponce, Carlos Zapata, María Soledad Mondaca, Jairo Guzmán y Sergio Figliuolo, entre otros legisladores. La presentación apuntaba contra Marcela Pagano y su pareja, Franco Agustín Bindi, por supuestas irregularidades patrimoniales y el presunto uso de recursos parlamentarios en beneficio de ambos.
La denuncia se produjo en medio del enfrentamiento político entre sectores de La Libertad Avanza y Pagano, quien dejó el espacio y presentó distintas denuncias contra funcionarios del Gobierno, entre ellos el presidente Javier Milei y la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
Los inmuebles que quedaron fuera de la hipótesis penal
Uno de los principales cuestionamientos planteados por los legisladores estaba relacionado con dos propiedades y con la evolución patrimonial de la diputada. Sin embargo, la Fiscalía determinó que Pagano vendió un departamento ubicado sobre la avenida San Juan el 22 de marzo de 2023 y adquirió otro inmueble en la calle Migueletes el 8 de agosto del mismo año.
Ambas operaciones fueron realizadas antes del 10 de diciembre de 2023, fecha en la que Pagano asumió como diputada nacional. Por ese motivo, el Ministerio Público consideró que esos movimientos patrimoniales no podían ser utilizados para respaldar una investigación por enriquecimiento ilícito durante el ejercicio de la función pública.
Otro punto de la presentación sostenía que personas vinculadas comercialmente con Bindi habían sido contratadas como personal parlamentario y posteriormente habrían devuelto una parte de sus remuneraciones.
La Fiscalía indicó que no se incorporaron elementos que permitieran acreditar la existencia de esos reintegros ni tampoco pruebas de que las personas contratadas no hubieran prestado efectivamente sus servicios.
El dictamen cuestionó además la falta de precisión de esas acusaciones y sostuvo que las manifestaciones no estaban respaldadas por elementos o indicios que permitieran orientar medidas de prueba concretas.
Supuestos vínculos con Irán, Rusia y Venezuela
La denuncia también planteaba una posible asociación ilícita y financiamiento extranjero a partir de supuestos vínculos de Pagano y Bindi con representantes de Venezuela, Irán y Rusia, además del expresidente boliviano Evo Morales.
La Fiscalía descartó esa hipótesis al considerar que no se había descripto una organización criminal, funciones determinadas ni un plan delictivo concreto. Tampoco se presentaron indicios adicionales que permitieran relacionar esos contactos con la comisión de un delito.
En ese contexto, el representante del Ministerio Público advirtió que continuar con el expediente constituiría una verdadera “excursión de pesca” y resultaría contrario a las garantías procesales, porque implicaría buscar pruebas sin contar previamente con un hecho delictivo concreto que investigar.
Finalmente, Servini hizo lugar al planteo de la Fiscalía y ordenó archivar la causa en los términos del artículo 180, último párrafo, del Código Procesal Penal de la Nación.
La jueza federal María Romilda Servini ordenó archivar una denuncia impulsada por diputados de La Libertad Avanza contra Marcela Pagano y su pareja, Franco Agustín Bindi. La decisión se tomó luego de que la Fiscalía concluyera que no había elementos suficientes para formular una hipótesis delictiva concreta ni avanzar con medidas de prueba.
La denuncia contra Marcela Pagano llegó a Comodoro Py con una lista de sospechas capaz de alimentar varias temporadas de una serie política: patrimonio, empleados parlamentarios, retornos de sueldos, conexiones internacionales y hasta vínculos con Venezuela, Irán, Rusia y Evo Morales. El problema fue menos cinematográfico: cuando la Fiscalía abrió la caja de herramientas jurídicas, encontró muchas acusaciones y pocas piezas que encajaran entre sí.
Los diputados libertarios habían presentado el expediente como una radiografía de supuestas irregularidades. Pero al momento de revisar fechas, operaciones y pruebas, apareció uno de esos detalles que suelen complicar las grandes conspiraciones: los inmuebles cuestionados habían sido vendidos y comprados antes de que Pagano asumiera como diputada nacional. Es decir, el enriquecimiento ilícito durante la función pública tenía el pequeño inconveniente cronológico de haber ocurrido cuando todavía no ejercía esa función.
Después apareció la hipótesis sobre personal parlamentario que supuestamente habría devuelto parte de sus salarios. Otra vez, según la Fiscalía, faltó el ingrediente que suele ser bastante útil en una causa penal: elementos que demostraran que esos reintegros efectivamente existieron o que los empleados no hubieran trabajado. La acusación quedó entonces en una zona incómoda entre la sospecha política y aquello que un tribunal necesita para empezar a investigar en serio.
La parte internacional tampoco sobrevivió al control fiscal. Los supuestos contactos con representantes de Venezuela, Irán, Rusia y Evo Morales fueron planteados como posibles indicios de asociación ilícita y financiamiento extranjero, pero sin una organización criminal definida, roles concretos ni un plan delictivo identificado. Mucho mapa geopolítico, pocas coordenadas judiciales.
El Ministerio Público terminó utilizando una expresión inusualmente gráfica para los estándares tribunalicios: continuar investigando sería una verdadera “excursión de pesca”. En otras palabras, lanzar la caña procesal al océano esperando que eventualmente pique algún delito. Servini coincidió con ese criterio y archivó el expediente. La pesca quedó suspendida por falta de peces, carnada y, fundamentalmente, delito concreto.