India recibirá este fin de semana en Nueva Delhi a los líderes del bloque de países emergentes BRICS, entre ellos los presidentes de Rusia, China e Irán, en una cumbre marcada por los desafíos económicos derivados de los conflictos en Irán y Ucrania.
Uno de los principales ejes de discusión será el desarrollo de mecanismos de pago que permitan incrementar el uso de monedas nacionales y reducir la dependencia del dólar en las operaciones comerciales entre los países miembros.
En el centro de convenciones Bharat Mandapam, donde se desarrollará la cumbre, el debate económico se concentró especialmente en una cuestión práctica: cómo realizar pagos internacionales dentro del bloque sin depender exclusivamente de las estructuras financieras tradicionales.
India impulsa una conexión entre monedas digitales
India llega al encuentro con una propuesta de su banco central para conectar las monedas digitales oficiales de los países BRICS, con el objetivo de facilitar operaciones comerciales en rupias, yuanes, rublos y otras monedas nacionales sin necesidad de convertir previamente las transacciones a dólares.
La iniciativa no contempla por ahora la creación de una moneda común. El objetivo es desarrollar una infraestructura que permita interoperabilidad entre los sistemas digitales de los bancos centrales y agilice los pagos transfronterizos.
El proyecto enfrenta, sin embargo, importantes obstáculos. Ninguno de los países miembros tiene actualmente una moneda digital de banco central plenamente desplegada, mientras que las diferencias políticas y estratégicas dentro del bloque dificultan una integración financiera profunda.
India, además, ha expresado reparos frente a una mayor conexión con determinados sistemas de pago chinos por razones vinculadas con la seguridad nacional.
Las guerras y las sanciones aceleran la discusión
La necesidad de encontrar nuevos canales financieros adquirió mayor relevancia en medio del conflicto que involucra a Irán y de las alteraciones en el comercio energético internacional.
Las dificultades de navegación por el estrecho de Ormuz y el aumento del precio del petróleo por encima de los 100 dólares incrementaron la presión sobre varios integrantes del bloque, que buscan mecanismos de pago capaces de operar incluso en contextos de sanciones internacionales.
Las tensiones también afectan la cohesión interna. Emiratos Árabes Unidos interrumpió vínculos financieros con Irán en el contexto de la guerra, lo que suma nuevas dificultades para la construcción de una estructura común.
El banco de los BRICS apuesta por las monedas nacionales
Otro actor central es el Nuevo Banco de Desarrollo, presidido por la brasileña Dilma Rousseff, quien mantuvo este viernes un encuentro con el presidente ruso Vladimir Putin.
La entidad busca que aproximadamente un tercio de sus préstamos sea otorgado en monedas de los países miembros y prepara además una emisión de bonos denominados en rupias.
Rusia sostiene que cerca del 90% de su comercio con los países del bloque ya se liquida mediante monedas nacionales. El Kremlin presenta este proceso como una estrategia destinada a ampliar la flexibilidad comercial y financiera.
India mantiene una posición más cautelosa. Nueva Delhi insiste en que el objetivo de estos mecanismos no es sustituir al dólar como moneda internacional, sino facilitar las operaciones comerciales entre los integrantes del bloque.
La postura india también está atravesada por su relación económica con Estados Unidos y por la necesidad de evitar que cualquier avance dentro de los BRICS sea interpretado automáticamente como una ofensiva coordinada contra la moneda estadounidense.
Los BRICS, un bloque con creciente peso económico
Los BRICS surgieron originalmente como una asociación integrada por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Los países comenzaron a coordinarse formalmente en 2006 y realizaron su primera cumbre de jefes de Estado en 2009, en la ciudad rusa de Yekaterinburgo.
Con el paso de los años, el bloque amplió significativamente su composición mediante la incorporación de nuevas economías emergentes, entre ellas Irán, Egipto, Etiopía, Emiratos Árabes Unidos e Indonesia, además de otros integrantes y países asociados.
Actualmente, los once miembros representan una porción significativa de la población y de la economía mundial. Esa dimensión convirtió al grupo en un actor relevante dentro del debate sobre la reforma del sistema financiero internacional y la utilización de monedas nacionales para el comercio.
Sin embargo, las diferencias políticas, económicas y estratégicas entre sus integrantes continúan siendo uno de los principales obstáculos para transformar las propuestas de integración financiera en mecanismos plenamente operativos.
India recibe este fin de semana en Nueva Delhi a los líderes de los BRICS en una cumbre atravesada por las guerras en Irán y Ucrania, las sanciones y el encarecimiento del petróleo. Uno de los ejes será avanzar en mecanismos de pago que permitan utilizar monedas nacionales y reducir la dependencia del dólar, aunque persisten importantes obstáculos técnicos y políticos.
Los BRICS llegan a Nueva Delhi con una pregunta menos filosófica que geopolítica: cómo cobrar sin que el dólar aparezca sentado en el medio de la mesa. Entre guerras, sanciones, petróleo caro y rivalidades internas, el bloque intenta construir un sistema de pagos alternativo mientras todavía discute qué caño conectar, quién abre la válvula y qué país sospecha del plomero.
India propone enlazar las monedas digitales de los bancos centrales del grupo para facilitar operaciones en rupias, yuanes, rublos y otras monedas nacionales. No se trata de crear una especie de “euro BRICS”, idea que por ahora quedó en un cajón suficientemente profundo, sino de fabricar una infraestructura que permita transferencias directas. Una tubería financiera, básicamente, aunque con once gobiernos, varias tensiones geopolíticas y la pequeña dificultad de que ninguna de esas monedas digitales circula todavía de manera plena.
La urgencia tampoco ayuda a simplificar las cosas. La guerra que involucra a Irán alteró el tránsito energético por el estrecho de Ormuz y volvió a colocar al petróleo por encima de los 100 dólares. Para algunos integrantes, encontrar canales de pago resistentes a sanciones dejó de ser una presentación de PowerPoint y pasó a ser una necesidad bastante concreta.
El Nuevo Banco de Desarrollo también busca ampliar los préstamos en monedas de los países miembros y prepara una emisión de bonos en rupias. Rusia, por su parte, asegura que cerca del 90% de su comercio con el bloque ya se liquida en monedas nacionales. Moscú lo define como flexibilidad. India insiste en que no pretende jubilar al dólar. Washington, previsiblemente, sigue leyendo todo esto con la misma tranquilidad con la que un banco observa a once clientes diseñando su propia caja.
El problema es que el entusiasmo financiero convive con diferencias bastante menos digitales. Emiratos Árabes Unidos cortó vínculos financieros con Irán, India mantiene reparos de seguridad frente a conexiones con sistemas chinos y cualquier arquitectura común requiere niveles de confianza que los comunicados diplomáticos suelen tener más facilidad para declarar que los gobiernos para practicar.
Así, los BRICS vuelven a exhibir su paradoja preferida: representan una porción enorme de la economía mundial y tienen ambiciones capaces de rediseñar el sistema financiero internacional, pero cada nuevo mecanismo común debe atravesar una carrera de obstáculos nacionales. El proyecto avanza. La revolución monetaria también. Sólo falta conseguir que la transferencia llegue antes que el próximo discurso sobre la transferencia.