El juez federal Ariel Lijo dictó una nueva resolución en la investigación por presuntas irregularidades cometidas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), con foco en contrataciones de medicamentos, insumos médicos y ortopédicos.
La decisión profundiza la investigación sobre una organización que, según la causa, habría direccionado contrataciones públicas y permitido identificar diferencias de precios por más de $7.833 millones.
Lijo, interinamente a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N.º 11, dispuso el procesamiento sin prisión preventiva de 19 personas y amplió el procesamiento de otras cinco que ya se encontraban procesadas.
La nueva etapa de la investigación se concentra particularmente en las contrataciones realizadas mediante el Programa Incluir Salud.
Qué establece la nueva resolución
La resolución amplía la atribución de responsabilidades sobre maniobras vinculadas con contrataciones del rubro insumos, consideradas por la investigación como parte de la misma estructura delictiva.
A los involucrados se les atribuyen, según cada caso, los delitos de asociación ilícita, negociaciones incompatibles con el ejercicio de la función pública y defraudación por administración fraudulenta agravada en perjuicio de la administración pública nacional.
En algunos casos, además, se acreditaron provisoriamente hechos vinculados con lavado de activos agravado, relacionados con la presunta circulación y canalización de fondos provenientes de las maniobras investigadas.
La resolución también alcanzó a empresarios y personas relacionadas con distintas firmas proveedoras de la ANDIS.
Quiénes fueron procesados en la causa ANDIS
Entre los nuevos procesados se encuentran Emilio César Olguín, relacionado con Expo Trauma S.A.; Evangelina Ileana García y Martím Goncalo Armella, vinculados con Artrobone Ortopedia S.A. y Cirugía y Ortopedia Imnova S.A.; Claudio Alejandro Kahn, relacionado con Cirugía Alemana Insumos Médicos S.A.; y Osmar Mariano Caballi, vinculado con Farma Salud S.R.L.
También fueron procesados Mariano, Christian y Vicente Eduardo Sagués, vinculados con Laboratorio Ortopédico Sagués S.R.L., Probock S.R.L. y Prolite Orthopedics S.R.L.; Humberto Gabriel Maone, relacionado con Med-El Latino América S.R.L.; Nicolás Luna, vinculado con Meridius S.A.; Fabián César Piedimonte, relacionado con Neurosalud S.A.; Gustavo David Bernat, vinculado con Ortopedia Bernat S.R.L.; y Patricio Oscar Acosta, relacionado, entre otras firmas, con Bymax Medical S.R.L. y Sistemas Médicos Globales S.R.L.
La decisión también alcanzó a Fabián Alexis Parlakian, Matías Javier Palotti Bertola y Alberto Patricio Denholm, quienes habrían cumplido funciones relevantes dentro de la estructura administrativa del organismo, vinculadas con invitaciones a proveedores, coordinación de procedimientos, manejo de información interna y seguimiento de pagos.
En otro tramo de la investigación fueron procesados Alan Pocovi y Sergio Daniel Mastropietro por asociación ilícita y lavado de activos agravado, a partir del análisis de circuitos financieros y comerciales vinculados con Miguel Ángel Calvete y la sociedad Baires Fly S.A.
También fue procesado Lautaro Valentín Brítez como miembro de la asociación ilícita.
Además, Lijo dictó la falta de mérito de 11 personas que habían sido indagadas, respecto de las cuales la investigación continuará abierta.
Más de $7.833 millones en diferencias de precios
La investigación analizó procedimientos de adquisición correspondientes a seis segmentos del rubro insumos: amputaciones, cardio, implantes auditivos y audífonos, neuro, sillas y andadores, y traumatología.
A partir de un relevamiento técnico del Ministerio de Salud se identificaron diferencias de precios por al menos $1.849.277.963 en determinadas operaciones de insumos.
Ese monto se suma a los $5.984.594.394,24 previamente identificados en el rubro medicamentos, lo que lleva la cuantificación económica conjunta a $7.833.872.357,24.
La cifra es provisoria y parcial, ya que fue elaborada únicamente sobre operaciones que pudieron compararse con valores de referencia.
Al efectuar una valoración general de la maniobra investigada, la resolución sostiene: “En definitiva, el conjunto de las pruebas reunidas permite tener por acreditada, con el grado de probabilidad exigido en esta etapa, la existencia de una organización delictiva que habría operado dentro y fuera de la ANDIS, integrada por funcionarios del organismo —principalmente Diego Orlando Spagnuolo y Daniel María Garbellini, junto con otros agentes que cumplían funciones estratégicas—, operadores externos como Miguel Ángel Calvete y Pablo Atchabahian, empresarios vinculados con las firmas proveedoras y personas encargadas de recibir, trasladar y canalizar los fondos provenientes de las maniobras investigadas. Sus integrantes habrían actuado coordinadamente, mediante una distribución de funciones destinada a favorecer intereses particulares en perjuicio del Estado Nacional.”
Sobre el funcionamiento del esquema, el pronunciamiento agrega: “La operatoria habría consistido en la manipulación sistemática de los procedimientos de contratación de medicamentos e insumos PACBI, mediante la selección arbitraria de proveedores, la circulación de información privilegiada, la simulación de competencia, el direccionamiento de adjudicaciones y la gestión de pagos en favor de determinadas empresas.
“ A través de ese mecanismo se habrían generado beneficios económicos indebidos para los proveedores favorecidos y retornos destinados a funcionarios y otros integrantes de la organización. La reiteración de estas prácticas en los distintos segmentos, los vínculos entre sus protagonistas y las numerosas comunicaciones y operaciones económicas documentadas permiten sostener que no se trató de irregularidades aisladas, sino de una actuación organizada y sostenida en el tiempo.”
La reconstrucción también se apoya en lo resuelto por la Sala II de la Cámara Federal, que al analizar contrataciones efectuadas mediante el sistema SIIPFIS señaló que “fechas, invitaciones, cotizaciones y pagos eran temas que se definían por fuera de los mecanismos legítimos”.
Además, al valorar los vínculos entre funcionarios, operadores externos y empresas proveedoras, la Cámara sostuvo que “esas acciones no fueron casuales sino el resultado de un acuerdo ilícito entre sus partícipes”.
Finalmente, la resolución remarca que el alcance penal de la investigación excede los sobreprecios detectados hasta el momento.
“Sin embargo, la significación penal de los hechos investigados no se agota en los sobreprecios que pudieron cuantificarse hasta el momento.
Las pruebas reunidas permiten reconstruir la existencia de un mecanismo organizado de contratación pública que habría sido puesto al servicio de intereses particulares, mediante la intervención coordinada de funcionarios y empresarios que condicionaron decisiones administrativas en beneficio propio.
“Es precisamente esa actuación concertada, reiterada en numerosos procedimientos y acompañada por la circulación de beneficios indebidos, la que permite sostener provisoriamente la existencia del entramado delictivo investigado, sin perjuicio de la responsabilidad que corresponde atribuir individualmente a cada uno de sus integrantes.”, indica la resolución.
El juez federal Ariel Lijo procesó sin prisión preventiva a 19 personas y amplió el procesamiento de otras cinco en la causa por presuntas irregularidades en la Agencia Nacional de Discapacidad. La investigación detectó diferencias de precios por más de $7.833 millones en medicamentos e insumos y apunta a una organización que habría direccionado contrataciones públicas.
La causa ANDIS acaba de sumar una cantidad de procesados suficiente como para organizar una reunión de consorcio con problemas serios de convivencia. Ariel Lijo avanzó sobre 19 nuevas personas, amplió la situación procesal de otras cinco y dejó bajo la lupa un esquema de compras públicas donde, según la investigación, los precios tenían una elasticidad digna de un campeonato olímpico.
La cifra provisoria supera los $7.833 millones entre medicamentos e insumos médicos, una suma que no surgió de una equivocación con la calculadora sino de comparar operaciones con valores de referencia. La diferencia detectada, además, todavía es parcial. Es decir: el expediente no sólo tiene números grandes, sino también la capacidad de seguir haciéndolos crecer, que es probablemente una de las pocas habilidades que la burocracia argentina perfeccionó sin necesidad de capacitación externa.
Según la resolución, la operatoria habría incluido selección arbitraria de proveedores, circulación de información privilegiada, simulación de competencia, direccionamiento de adjudicaciones y gestión de pagos. Traducido al castellano institucional: el sistema habría funcionado con bastante precisión, sólo que en la dirección exactamente contraria a la que indican los manuales de transparencia.
La investigación también alcanzó a empresarios, operadores externos, funcionarios y personas vinculadas a circuitos financieros. El esquema descripto por la Justicia no plantea una suma de accidentes administrativos, sino una estructura sostenida en el tiempo. Cuando las fechas, las cotizaciones y los pagos empiezan a resolverse fuera de los mecanismos formales, el problema deja de parecer un error de oficina y empieza a parecer otra cosa bastante más cara.
Por ahora, los procesamientos no implican condenas y la causa continúa abierta. Pero el volumen de imputados, empresas, segmentos de compra y dinero observado convierte al expediente en uno de esos casos donde cada nueva foja parece venir acompañada de otra pregunta incómoda: cómo pudo sostenerse durante tanto tiempo un mecanismo que, según la acusación, tenía demasiados participantes como para pasar inadvertido.
