La jueza federal Trina L. Thompson, del Distrito Norte de California, dictó la medida temporal el viernes 30 de octubre. La resolución prohíbe determinadas exigencias y amenazas vinculadas con papeletas de votantes señalados como presuntamente inelegibles.
Las agencias no pueden amenazar, intimidar o coaccionar a funcionarios o trabajadores electorales para que detengan el procesamiento de una papeleta únicamente porque el Gobierno alegue que la persona registrada no tiene derecho a votar. Tampoco pueden exigir que retiren votantes específicos del padrón, nieguen una papeleta o separen o dejen de contar votos para la elección general del martes 3 de noviembre por ese mismo motivo.
La prohibición incluye amenazas de procesar penalmente a funcionarios que rechacen esas exigencias o procesen y cuenten papeletas conforme a la ley. Alcanza al Departamento de Justicia, al fiscal general Todd Blanche, al Departamento de Seguridad Nacional, al secretario Markwayne Mullin y a sus funcionarios, agentes, empleados y abogados. Donald Trump no es destinatario individual de la orden.
Qué exigencias quedaron suspendidas
El texto de la orden de la jueza Thompson establece que el Gobierno debe informar a cada estado, condado u otra jurisdicción local a la que haya enviado cartas sobre el procesamiento de papeletas o listas de votantes presuntamente inelegibles que quedaron suspendidas las exigencias y amenazas de procesamiento incluidas en ellas.
La medida no prohíbe en general toda investigación o citación. El Departamento de Justicia debe informar al tribunal sobre solicitudes pendientes de órdenes de registro, citaciones de grandes jurados u otras demandas de acceso a materiales electorales o papeletas vinculadas con esas listas. También debe reportar pedidos para obligar a declarar.
Thompson consideró, como evaluación preliminar para conceder la medida temporal, que los demandantes probablemente demostrarán que las acciones del Gobierno violaron la sección 11(b) de la Ley de Derecho al Voto y excedieron la autoridad federal sobre la administración electoral. Esa conclusión no resuelve el fondo de la causa.
El plazo de la orden y las causas paralelas
La demanda fue presentada por SEIU, AFSCME, LULAC y la NAACP. El expediente corresponde a la causa Service Employees International Union et al. v. United States Department of Justice et al., número 3:26-cv-12800-TLT. El Gobierno presentó una notificación de apelación ante el Noveno Circuito el sábado 31 de octubre.
En una causa paralela, el Noveno Circuito rechazó el viernes 30 de octubre la solicitud urgente del Gobierno federal para obligar a California a apartar unas 20.000 papeletas. Según la resolución de Thompson, el Gobierno había pedido el 13 de octubre separar las papeletas de personas registradas a quienes consideraba «probablemente» no ciudadanas. La cifra describe a personas señaladas por el Gobierno; no establece la ciudadanía individual de ninguna de ellas.
La orden temporal vence a las 17 del lunes 16 de noviembre. El Gobierno debe responder al pedido de una medida preliminar antes del mediodía del lunes 2 de noviembre, y la audiencia está fijada para el viernes 13 de noviembre a las 11.
Una jueza federal de California limitó las exigencias de dos agencias a funcionarios electorales de todos los estados. La orden temporal vence el 16 de noviembre y prohíbe presiones basadas únicamente en alegaciones de inelegibilidad.
Una jueza federal de California puso límites temporales a las exigencias del Gobierno sobre el procesamiento de votos. La orden vence a las 17 del 16 de noviembre, una fecha de caducidad más precisa que la de muchos productos olvidados en la heladera.
La decisión de Trina Thompson, del Distrito Norte de California, alcanza al Departamento de Justicia, al de Seguridad Nacional y a sus autoridades, funcionarios, agentes, empleados y abogados. Donald Trump no figura como destinatario individual: la orden señala a organismos y funcionarios, porque hasta las peleas políticas tienen organigrama.
Las agencias no pueden presionar a trabajadores electorales para que frenen el procesamiento de una papeleta únicamente porque el Gobierno alegue que la persona registrada no tiene derecho a votar. Tampoco pueden exigir que retiren votantes del padrón, nieguen papeletas o separen votos de la elección general del 3 de noviembre. Una lista puede ser larga; convertir cada nombre en una conclusión automática sería hacer la fila y sellar antes de leer el trámite.
La medida también prohíbe amenazar con procesos penales a quienes rechacen esas exigencias o procesen y cuenten papeletas conforme a la ley. Se aplica a funcionarios estatales y locales de cualquier estado. El Gobierno debe avisar a las jurisdicciones que recibieron cartas sobre estas cuestiones que las exigencias y amenazas de procesamiento incluidas en ellas quedaron suspendidas. Las cartas siguen existiendo: el papel, como ciertos trámites, sobrevive a casi todo.
La orden no prohíbe de manera general toda investigación o citación. El Departamento de Justicia debe informar al tribunal sobre pedidos pendientes de acceso a materiales electorales o papeletas vinculados con esas listas, y sobre solicitudes para obligar a declarar. Thompson consideró de manera preliminar que los demandantes probablemente demostrarán violaciones a la Ley de Derecho al Voto y un exceso de autoridad federal. Todavía no es una sentencia final; la Justicia también tiene sus pasos, aunque no todos entren en un calendario de escritorio.
La demanda fue presentada por SEIU, AFSCME, LULAC y la NAACP. El Gobierno notificó una apelación el 31 de octubre. La orden temporal fija un vencimiento y una próxima audiencia: por ahora, la política electoral queda atada a fechas que no se pueden patear para el próximo lunes.
