Patricia Bullrich se ausentó de la reunión de Gabinete que Javier Milei encabezó en Casa Rosada el lunes 26 de octubre. El episodio se produjo después de sus cuestionamientos públicos al Presidente y sumó un nuevo desacuerdo entre Bullrich y Milei.
El entorno de la senadora y jefa del bloque de La Libertad Avanza atribuyó la ausencia a un asunto personal. La reunión se desarrolló después de que la dirigente considerara que el mandatario había excedido los límites del debate público con sus ataques al periodismo.
Qué cuestionó Bullrich
Durante una entrevista televisiva del domingo 25 de octubre, la exministra de Seguridad sostuvo que Milei «cruzó un límite» al utilizar la expresión «quemarlos en la hoguera». Sus críticas apuntaron al lenguaje empleado por el jefe de Estado contra periodistas.
Bullrich defendió el derecho del mandatario a responder los cuestionamientos, pero planteó que debe hacerlo mediante argumentos. También sostuvo que la libertad de expresión ampara las críticas de la prensa al Gobierno.
«Defender la libertad también es respetar a los que nos cuestionan», afirmó. La senadora remarcó que el ejercicio del poder está sujeto al escrutinio periodístico y pidió cuidar las palabras utilizadas en esas discusiones.
El discurso que motivó el cuestionamiento
Las declaraciones de Bullrich se conocieron después de la intervención de Milei en una cena de la Fundación Faro, el viernes 23 de octubre. Allí, el Presidente descalificó a periodistas que habían investigado el caso de la criptomoneda $LIBRA.
La dirigente consideró que las expresiones utilizadas fueron demasiado fuertes y reclamó mantener las respuestas dentro del intercambio de ideas. Al lunes 26 de octubre, la explicación de su entorno sobre la ausencia en Casa Rosada seguía centrada en motivos personales.
Patricia Bullrich faltó a la reunión de Gabinete del lunes 26 de octubre, después de cuestionar los ataques de Javier Milei al periodismo. El entorno de la senadora atribuyó la ausencia a un asunto personal. La jefa del bloque oficialista en el Senado había afirmado que el Presidente «cruzó un límite» con sus expresiones.
Bullrich marcó un límite el domingo y faltó a la reunión del lunes. La secuencia tiene todos los ingredientes para alimentar las interpretaciones del oficialismo: una crítica pública, una convocatoria presidencial y una ausencia. Su entorno explicó que se trató de un asunto personal. En la política argentina, hasta una silla vacía termina con analistas propios.
La senadora cuestionó las expresiones de Milei contra periodistas y sostuvo que las críticas se responden con argumentos. Una definición bastante elemental para cualquier debate, pero que esta vez debió formular la jefa del bloque oficialista en el Senado. El Gobierno tiene una discusión interna sobre dónde termina la respuesta y empieza el exceso.
Bullrich defendió el derecho del Presidente a contestar y también el de la prensa a cuestionar al poder. El planteo vino con una advertencia sobre las palabras utilizadas. En una administración que hace de la confrontación una marca política, pedir que se cuide el lenguaje equivale a llevar un control de volumen a un recital.
El lunes 26 de octubre, Milei encabezó la reunión en Casa Rosada y Bullrich no asistió. La explicación de su entorno fue personal; las lecturas políticas encontraron terreno en las declaraciones del día anterior. La agenda presidencial siguió su curso, aunque el desencuentro entre ambos consiguió lugar sin necesidad de sentarse a la mesa.
La senadora había resumido su posición con una frase: «Defender la libertad también es respetar a los que nos cuestionan». El debate quedó planteado dentro del propio oficialismo, entre el derecho a responder y la responsabilidad de quien gobierna. Por ahora, el límite que Bullrich pidió discutir tiene más definición que el motivo político que algunos le atribuyen a su ausencia.
