El vuelo EI402 de Aer Lingus, un Airbus A320 que cubría la ruta Dublín-Roma, fue desviado a la base aérea de Évreux, en Francia, según las autoridades francesas. Tres vuelos de Ryanair con destino a Sofía también recibieron amenazas: los que salieron de Copenhague y de Madrid aterrizaron en el aeropuerto Vasil Levski de la capital búlgara, y el que partió de Londres Stansted fue desviado al aeropuerto de Plovdiv, según el Ministerio de Transporte de Bulgaria y las autoridades aeroportuarias.
El vuelo 1761 de Finnair, de Helsinki a Roma, recibió una amenaza y aterrizó en la capital italiana; tras la inspección no se encontró nada fuera de lo común en el avión, según la aerolínea. En Varsovia, un vuelo de LOT que iba a París abortó el despegue en la pista por la alerta. Los vuelos amenazados esta semana fueron operados por LOT, Scandinavian Airlines, Wizz Air y Ryanair, además de Finnair y Aer Lingus, según las autoridades aeroportuarias.
Ninguna inspección encontró explosivos
Los registros de las aeronaves no arrojaron materiales peligrosos ni sospechosos y todos los vuelos aterrizaron sin incidentes, según los funcionarios y las autoridades de cada país. Las inspecciones se desplegaron en aeropuertos de varios países y obligaron a demorar vuelos que no habían sido amenazados.
Qué dice la Unión Europea
El comisario de Transporte de la Unión Europea, Apostolos Tzitzikostas, informó que el bloque «sigue de cerca» la situación y mantiene contacto con los países afectados. Dijo además que es «demasiado pronto» para sacar conclusiones sobre si los incidentes están relacionados entre sí. La Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (AESA) anticipó que «seguirá de cerca estos acontecimientos para identificar y evaluar cualquier posible repercusión para la seguridad aérea derivada de este tipo de amenazas».
El martes 3 de noviembre ya se había registrado una oleada similar de amenazas que interrumpió vuelos en Polonia, España, Bulgaria e Italia, con menciones de explosivos a bordo y registros de aeronaves. Las investigaciones por los casos de este jueves son nacionales y siguen en curso, según el comisario europeo de Transporte, y la UE no anunció por ahora una pesquisa conjunta. Las autoridades no informaron quién está detrás de las amenazas ni si hay detenidos.
Una decena de vuelos de pasajeros en Europa recibieron amenazas de bomba este jueves 5 de noviembre y varios fueron desviados para inspecciones. Ninguna inspección encontró explosivos y todos los aviones aterrizaron sin incidentes. La UE dijo que es «demasiado pronto» para saber si los casos están relacionados y las investigaciones siguen en cada país.
Viajar en avión por el Viejo Continente mutó en una sofisticada ruleta rusa de la paciencia burocrática, donde el pasaje ya no garantiza llegar a destino sino una escala sorpresa con desfile de escuadrones antibombas. Este jueves 5 de noviembre, más de una decena de vuelos comerciales terminaron desviados o varados en la pista por una nueva oleada de amenazas de explosivos que, para sorpresa de nadie tras horas de pánico y perros olfateando equipaje de mano, no dejaron ni un mísero petardo sin mecha. Es el segundo episodio calcado en apenas tres días, consagrando una flamante modalidad turística involuntaria: comprás un boleto Dublín-Roma con Aer Lingus y terminás aterrizando de emergencia en la base militar de Évreux, Francia, mirando cazas de combate por la ventanilla mientras calculás mentalmente si el seguro de viaje te cubre un infarto en territorio galo.
El festival del desvío continuó con tres aeronaves de Ryanair rumbo a Sofía: los contingentes salidos de Copenhague y Madrid lograron tocar tierra en la capital búlgara escoltados por el protocolo, pero a los que despegaron desde Londres Stansted el destino les deparó un aterrizaje forzoso en Plovdiv. En Helsinki, el vuelo 1761 de Finnair llegó a Roma bajo sospecha absoluta para que luego los peritos confirmaran que a bordo no había nada fuera de lo común, salvo pasajeros al borde del colapso nervioso. Como remate de la jornada, una máquina de LOT con destino a París clavó los frenos antes de despegar en Varsovia y abortó la maniobra sobre el asfalto. Las alertas cruzaron sin filtro a Scandinavian Airlines y Wizz Air, convirtiendo los aeropuertos europeos en un laberinto de demoras masivas que castigaron incluso a los vuelos que jamás recibieron un llamado amenazante.
Frente a semejante despliegue de histeria colectiva sin detenidos ni culpables a la vista, las autoridades comunitarias optaron por su reflejo burocrático más preciado. El comisario de Transporte de la Unión Europea, Apostolos Tzitzikostas, declaró que el bloque «sigue de cerca» el panorama mientras se limitó a señalar que todavía es «demasiado pronto» para vincular este caos con la tanda idéntica del martes 3 de noviembre que sacudió a Polonia, España, Bulgaria e Italia. Por su parte, la AESA prometió que «seguirá de cerca estos acontecimientos para identificar y evaluar cualquier posible repercusión para la seguridad aérea derivada de este tipo de amenazas», dejando en claro que, mientras las investigaciones sigan fragmentadas por país, la única certeza para el sufrido viajero es que el cielo europeo ofrece adrenalina pura y arribos a ciudades que jamás figuraban en el itinerario.
