Este jueves 13 de agosto se cumplen 101 años del nacimiento de Carlitos Balá, uno de los artistas más reconocidos de la televisión y el humor infantil argentino, cuya extensa trayectoria atravesó la radio, el cine, el teatro y distintas generaciones de la pantalla chica.

Carlos Salim Balaá nació el 13 de agosto de 1925 en el barrio porteño de Chacarita. Hijo de Mustafá Balaá, de origen sirio, y Juana Boglich, de origen croata, desarrolló desde joven una marcada vocación por el humor, pese a la timidez que lo acompañó durante sus primeros años.

De la línea 39 a convertirse en una figura de la televisión

Uno de los episodios más recordados de sus comienzos ocurrió en los colectivos de la línea 39, que circulaban por su querido barrio de Chacarita. Allí comenzó a realizar bromas y pequeños números frente a los pasajeros como una manera de enfrentar su timidez.

Su carrera profesional tomó impulso durante la década de 1950. Participó en La revista dislocada, el exitoso ciclo encabezado por Délfor Dicásolo, y posteriormente integró el trío humorístico formado por Balá, Marchesini y Locati.

Con el paso de los años construyó una extensa presencia televisiva con ciclos como El soldado Balá, El clan de Balá, El flequillo de Balá y El show de Carlitos Balá, entre otros programas que consolidaron su llegada al público infantil.

El Chupetómetro, Angueto y las frases que quedaron para siempre

Más allá de los programas, Balá construyó un lenguaje propio que terminó incorporándose a la cultura popular argentina.

Entre sus creaciones más recordadas estuvo el Chupetómetro, un tubo transparente en el que los chicos depositaban sus chupetes cuando decidían abandonarlos definitivamente. La propuesta se convirtió en una de las imágenes más características de sus programas infantiles.

También creó a Angueto, el perro invisible, al que paseaba mediante una correa rígida y cuya existencia dependía exclusivamente de la imaginación de los espectadores.

A eso se sumaron expresiones que continuaron circulando mucho después de que dejaran de emitirse sus programas: “¿Qué gusto tiene la sal? ¡Salaaado!”, “Ea-ea-pepé”, “Sumbudrule” y “Un kilo y dos pancitos”, además de su conocido gestito de idea colocando el dedo índice sobre la sien.

Una extensa carrera también en el cine

Balá desarrolló además una importante trayectoria cinematográfica. Su primera película registrada como protagonista fue Canuto Cañete, conscripto del siete, estrenada en 1963. Luego llegaron títulos como Canuto Cañete y los 40 ladrones, Canuto Cañete, detective privado, Dos locos en el aire y La carpa del amor, entre numerosas producciones.

Su carrera artística se extendió durante más de seis décadas y lo convirtió en una figura reconocible para varias generaciones de argentinos. Su humor se caracterizó por los juegos de palabras, personajes absurdos, gestos y códigos que podían ser compartidos tanto por niños como por adultos.

Carlitos Balá murió el 22 de septiembre de 2022, a los 97 años, luego de haber sido internado en el Sanatorio Güemes de Buenos Aires.

A casi cuatro años de su muerte y 101 años después de aquel 13 de agosto de 1925, su figura continúa ligada a buena parte de la historia del entretenimiento infantil argentino. El flequillo, Angueto, el Chupetómetro y aquellas frases repetidas durante décadas permanecen como parte de un legado que atravesó generaciones.