Detrás de la exposición pública existe una estructura económica cada vez más compleja, en la que intervienen representantes, managers, abogados, contadores, inversiones, derechos de imagen y obligaciones tributarias. Cuando el principal activo de una persona es su propio nombre, administrar ese patrimonio puede resultar tan importante como construir la carrera que lo genera.
Los conflictos entre figuras públicas y quienes administran sus carreras muestran los riesgos que pueden surgir cuando ese manejo queda completamente delegado. El caso de Tini Stoessel y otros episodios atravesados por personalidades del espectáculo volvieron a poner el foco sobre una cuestión que excede a las celebridades: cómo proteger lo construido sin necesidad de convertirse en especialista en finanzas.
César Litvin, contador público y especialista en derecho tributario, analizó la cuestión y planteó que una de las primeras claves consiste en comprender que una carrera profesional también atraviesa distintas etapas económicas.
“Un cantante, un artista, un deportista o alguien que genera valor tiene distintas etapas en su vida económica”, explicó.
Según detalló, existe un período de iniciación, otro de crecimiento, un momento de apogeo y, finalmente, una etapa en la que la capacidad de generar ingresos puede disminuir.
“Hay una etapa en la que se genera mucho dinero y otra en la que no. No toda la vida se va a seguir ganando lo mismo”, advirtió Litvin.
Por ese motivo, parte de los recursos obtenidos durante los años de mayor actividad deberían destinarse a construir un respaldo económico que permita atravesar períodos en los que los ingresos ya no alcancen los mismos niveles.
Delegar, pero sin perder el control
La confianza resulta fundamental para quienes ponen su carrera y su patrimonio en manos de un equipo profesional. Sin embargo, según Litvin, confiar no significa abandonar completamente el seguimiento de las propias finanzas.
“Eso requiere, además del equipo, confianza. Pero delegar en un equipo no significa desentenderse por completo. Algún control hay que hacer cada tanto, porque delegar sin controlar es abdicar”, sostuvo.
Para quienes alcanzan una dimensión internacional, Litvin considera necesario contar con una mirada integral sobre la carrera. “Alguien que genera mucho valor y trabaja internacionalmente requiere un equipo jurídico con una mirada tres sesenta: sobre contratos, carga tributaria, marca, derechos de imagen y también financiera”, explicó.
Ese modelo, sin embargo, no está reservado únicamente para grandes estrellas. El crecimiento de las redes sociales hizo que cada vez más profesionales construyan una marca alrededor de su nombre y generen ingresos a partir de ella.
“Cada vez más profesionales, más allá de artistas o deportistas, como nutricionistas, psicólogos, odontólogos, tienen una empresa, una marca personal”, señaló.
Equipos multidisciplinarios y seguimiento personal
En esos casos, Litvin recomendó trabajar con equipos multidisciplinarios capaces de acompañar tanto el crecimiento profesional como económico. Abogados, contadores, economistas y especialistas financieros pueden intervenir en distintas áreas, aunque el dueño de la marca no debería quedar completamente al margen.
“Hay que elegir un buen equipo que tenga esa mirada 360, interdisciplinaria, y después involucrarse un poco también en el mundo de los negocios, sin desentenderse por completo de la parte numérica”, afirmó.
Litvin también se refirió a los casos de menores que desarrollan carreras profesionales y explicó que tienen limitaciones para contratar y necesitan representación. Al mismo tiempo, consideró fundamental que reciban herramientas para comprender qué sucede con su actividad y con el dinero que genera.
“Por la edad y por las características de los grandes talentos, no entienden nada de números, de contratos, de nada. Hay que orientarlos, ayudarlos y enseñarles”, sostuvo.
Administrar una carrera basada en la propia imagen implica, de esta manera, mucho más que cobrar contratos y cumplir con obligaciones impositivas. Cuando una persona convierte su nombre en una marca, también construye un patrimonio que necesita planificación y protección.
Para Litvin, la estrategia combina profesionales especializados, organización y participación del propio protagonista, quien no necesita convertirse en experto financiero, pero sí mantener conocimiento sobre qué ocurre con el negocio que lleva su nombre.
La creciente profesionalización de las carreras vinculadas a la imagen pública obliga a prestar atención no sólo a los contratos y los ingresos, sino también a la administración del patrimonio. El contador y especialista en derecho tributario César Litvin advirtió sobre los riesgos de delegar por completo las finanzas y recomendó planificación, equipos interdisciplinarios y control personal.
Convertir el propio nombre en una marca puede sonar glamoroso hasta que aparecen los contratos, los impuestos, los derechos de imagen, las inversiones, los abogados, los contadores y una cantidad de documentos capaces de transformar cualquier camarín en una sucursal administrativa. Detrás de una carrera pública existe una maquinaria económica que rara vez aparece en las fotografías, pero que puede ser tan determinante como el talento que puso al protagonista bajo los reflectores.
El problema comienza cuando esa maquinaria queda completamente en manos ajenas. Representantes, managers y asesores pueden resultar indispensables, pero César Litvin plantea una regla bastante menos espectacular que cualquier lanzamiento artístico: delegar no significa desaparecer del propio negocio. Porque entregar todas las decisiones financieras sin volver a mirar los números puede ahorrar algunas reuniones, aunque también podría convertir al titular de la marca en la última persona en enterarse de qué ocurre con su patrimonio.
La advertencia cobra especial relevancia cuando los ingresos llegan rápido y en grandes cantidades. Una carrera artística o deportiva puede atravesar momentos de crecimiento extraordinario y otros de menor actividad, mientras que las obligaciones fiscales poseen una virtud admirable: suelen conservar bastante más regularidad. Por eso, Litvin recomienda aprovechar los años de mayores ingresos para construir respaldo y planificación, en lugar de asumir que la etapa de abundancia firmó un contrato vitalicio.
Las redes sociales ampliaron además el fenómeno mucho más allá del espectáculo. Profesionales de distintas áreas pueden convertir hoy su nombre en una empresa personal y descubrir que tener seguidores también implica administrar contratos, impuestos y decisiones financieras. El consejo, entonces, resulta bastante sencillo: contar con especialistas, pero seguir mirando el tablero. Porque cuando el negocio lleva el propio apellido, enterarse de los números únicamente cuando existe un problema es una estrategia financiera con demasiado suspenso.