Cecilia Audicio dirige la Escuela Gabriel Albarracín, ubicada en La Represa, a unos 30 kilómetros de la ciudad cabecera de Jáchal. Desde allí, conduce una institución rural rodeada de fincas y cerros, con una matrícula que creció y estudiantes que atraviesan distintas realidades familiares y económicas.
En diálogo con Radio Mil20, Audicio contó su recorrido docente y describió las particularidades de trabajar en una escuela alejada de la ciudad. Su vínculo con Jáchal comenzó por una cuestión familiar, cuando sus padres se instalaron en el departamento por motivos laborales. Aunque nació en la ciudad de San Juan, desarrolló casi toda su carrera en el norte provincial.
La directora se formó como docente de Enseñanza General Básica, Nivel Inicial, Ciencias de la Educación y Educación Tecnológica. Durante sus años de estudio también trabajó en una ferretería y luego desarrolló tareas en distintos niveles y ámbitos educativos: inicial, primaria, secundaria, adultos y una universidad privada.
Una escuela rural con realidades diversas
La Escuela Gabriel Albarracín abrió sus puertas en diciembre de 2019 y comenzó a funcionar en medio de la pandemia. Actualmente cuenta con una matrícula importante para la zona y recibe estudiantes provenientes de distintas localidades.
Audicio explicó que en el ámbito rural las dificultades vinculadas al acceso a recursos y al acompañamiento cotidiano adquieren un peso particular. Muchas familias dependen de la agricultura, las changas u otras actividades, situaciones que en algunos casos dificultan la continuidad escolar.
También mencionó que hay adolescentes que deben asumir tareas de cuidado, como acompañar a sus abuelos, o que tienen que salir a realizar changas. Frente a esas situaciones, la escuela busca sostener el vínculo con los estudiantes sin dejar de lado el objetivo pedagógico.
“Uno tiene que ir combinando para que por un lado se enseñe y por otro lado se contenga”, resumió durante la entrevista.
Para la directora, esa tarea requiere escuchar y acompañar a los alumnos, independientemente de que vivan en una zona urbana o rural. La realidad de cada estudiante, sostuvo, forma parte del trabajo cotidiano de la institución.
El objetivo: que los estudiantes terminen la secundaria
Uno de los principales objetivos de Audicio es que sus alumnos completen la escuela secundaria y obtengan el título. Por eso, remarcó que no alcanza con llegar al acto de egreso: es necesario cumplir con todos los requisitos académicos para recibir el diploma.
La institución funciona con tres módulos. Durante la mañana se desarrolla el ciclo orientado y por la tarde funciona el ciclo básico.
Además de las aulas, la escuela cuenta con espacios destinados a dirección, cocina, depósito y una sala multiuso. Sin embargo, el crecimiento de la matrícula generó nuevas necesidades y la directora considera necesario ampliar la infraestructura.
Más espacio y equipamiento para la escuela
La institución tiene orientación en Ciencias Naturales y, de acuerdo con Audicio, uno de los problemas es la falta de espacio suficiente para guardar y exhibir instrumentos y herramientas utilizados por los estudiantes.
Entre las necesidades planteadas también aparecen armarios, escritorios y equipamiento para la cocina. La directora mencionó además la necesidad de contar con ollas y otros elementos destinados a la preparación de la copa de leche.
Audicio ya expuso estos pedidos durante la visita del gobernador a Jáchal, realizada en el marco de la entrega de computadoras a estudiantes.
Mientras esperan respuestas a esas necesidades, la escuela mantiene el servicio de copa de leche. Según relató la directora, algunos estudiantes incluso se acercan a buscarla fuera del horario previsto, una señal de la importancia que tiene ese espacio dentro de la vida cotidiana de la institución.
Cecilia Audicio dirige la Escuela Gabriel Albarracín, ubicada en La Represa, a unos 30 kilómetros de Jáchal. La institución rural, que comenzó a funcionar en 2019, tiene una matrícula creciente y recibe estudiantes con distintas dificultades familiares y económicas. La directora destacó la importancia de acompañarlos y reclamó más espacio, mobiliario y equipamiento.
Treinta kilómetros de Jáchal separan a la Escuela Gabriel Albarracín de la ciudad cabecera. Entre cerros y fincas, la escuela enseña, contiene, prepara la copa de leche y, cuando hace falta, también parece administrar una pequeña diplomacia familiar para que los estudiantes puedan seguir cursando.
La directora Cecilia Audicio conoce el terreno. Sus alumnos llegan con historias atravesadas por trabajos temporarios, tareas de cuidado y dificultades económicas, mientras la institución intenta hacer lo que puede con una infraestructura que ya quedó chica. La matemática rural tiene una fórmula bastante sencilla: más matrícula, mismos metros cuadrados.
La escuela abrió en diciembre de 2019 y empezó a funcionar en plena pandemia, como si al calendario educativo le faltaran obstáculos y hubiera decidido sumar uno más. Hoy tiene tres módulos, una orientación en Ciencias Naturales y una lista de necesidades que incluye armarios, escritorios, equipamiento para la cocina y espacio para guardar instrumentos y herramientas.
Audicio plantea una meta concreta: que los estudiantes no solamente lleguen al acto de egreso, sino que completen los requisitos y se lleven el título. Porque la foto con la toga puede quedar muy bien, pero el diploma es bastante más útil.
Mientras tanto, la copa de leche sigue funcionando y algunos chicos pasan a buscarla incluso fuera del horario previsto. En La Represa, la escuela queda lejos de la ciudad, pero las necesidades educativas tienen la mala costumbre de llegar sin mirar el kilometraje.