El consumo de vapeadores entre adolescentes argentinos alcanzó niveles que encendieron las alarmas sanitarias. Según el Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Enseñanza Secundaria 2025, el 35,5% de los estudiantes ya utilizó estos dispositivos alguna vez en su vida, ubicándolos por encima del cigarrillo convencional entre las sustancias consumidas por menores.
El crecimiento coincide con un cambio en el escenario regulatorio. En abril, el Ministerio de Salud dejó atrás más de 15 años de prohibición y estableció un esquema de comercialización regulada para vapeadores, productos de tabaco calentado y bolsas de nicotina. La decisión abrió el mercado para compañías internacionales interesadas en el segmento de fumadores adultos.
Una expansión que preocupa a la comunidad médica
El relevamiento oficial incluyó a más de 117.000 estudiantes, representativos de aproximadamente 2,1 millones de adolescentes de todo el país. Los vapeadores quedaron como la tercera sustancia más consumida, detrás de las bebidas energizantes y el alcohol.
«El vapeo se instaló entre adolescentes con una imagen engañosa de inocuidad. Muchos chicos creen que están inhalando apenas vapor de agua, cuando en realidad se exponen a una mezcla de sustancias químicas potencialmente tóxicas», afirmó Silvia Cabrerizo, médica pediatra y toxicóloga integrante del Grupo de Trabajo de Consumos Problemáticos de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
La especialista explicó que la mayoría de los líquidos utilizados contienen nicotina, además de propilenglicol, glicerina vegetal, saborizantes y otros compuestos que pueden incluir metales pesados. Algunos dispositivos también incorporan THC, el principal componente psicoactivo de la marihuana.
Las advertencias no se limitan a Argentina. La Organización Mundial de la Salud viene señalando el crecimiento sostenido del vapeo adolescente, mientras que estudios realizados en Estados Unidos y el Reino Unido también reflejan una elevada prevalencia entre estudiantes secundarios.
Los riesgos para la salud y el desarrollo
Especialistas de la SAP sostienen que los cigarrillos electrónicos pueden producir inflamación pulmonar, bronquitis, disminución de la capacidad física y agravamiento de enfermedades respiratorias preexistentes, además del síndrome EVALI, una lesión pulmonar asociada al uso de estos dispositivos.
Maximiliano Salim, integrante del Comité de Neumonología de la SAP, advirtió que «esto es un gran problema sanitario ya que generaciones jóvenes se están incorporando en la adicción a la nicotina en forma silenciosa». También señaló que el mensaje del «daño reducido» fue una estrategia eficaz para captar nuevos consumidores.
Los especialistas remarcan que el cerebro adolescente continúa en desarrollo, especialmente en áreas vinculadas con el control de impulsos, la memoria y la regulación emocional. Esa condición aumenta la vulnerabilidad frente a la nicotina y favorece la aparición de dependencia a edades tempranas.
«El principal riesgo es que es la nueva puerta de entrada al tabaquismo joven. Como son adolescentes en desarrollo, su corteza cerebral no finalizó su desarrollo y esto los hace más vulnerables a generar una dependencia a largo plazo», sostuvo Cabrerizo.
Regulación, mercado y proyectos legislativos
La Resolución 549/2026 incorporó requisitos de trazabilidad, controles de calidad, registros obligatorios y restricciones para determinados saborizantes. Desde el Gobierno nacional sostienen que la prohibición anterior no logró contener el mercado informal y que la regulación permitirá mejorar los controles sanitarios.
Sin embargo, desde la Sociedad Argentina de Pediatría manifestaron preocupación por un eventual aumento del acceso de menores a estos productos, especialmente a través de redes sociales y canales de venta informales.
En paralelo, distintas iniciativas legislativas buscan ampliar las restricciones de uso en espacios públicos. Tanto en la provincia de Buenos Aires como en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires avanzan proyectos para regular la comercialización y limitar el consumo en hospitales, escuelas, transporte público, bares, restaurantes, espacios recreativos y otros ámbitos de acceso público.
Las sociedades científicas insisten en que los vapeadores no son vapor de agua, pueden contener sustancias potencialmente tóxicas y representan un riesgo particular para adolescentes. Además, recomiendan fortalecer la comunicación familiar y consultar a profesionales de la salud ante cualquier duda o consumo detectado entre menores.
<p>El crecimiento del consumo de vapeadores entre adolescentes argentinos encendió la preocupación de especialistas en salud. Mientras el Gobierno nacional habilitó la comercialización regulada de estos dispositivos tras más de 15 años de prohibición, médicos advierten sobre los riesgos de la nicotina y otras sustancias presentes en los cigarrillos electrónicos, especialmente en menores de edad. </p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Uno de cada tres estudiantes secundarios ya probó un vapeador. La industria pasó de vender cigarrillos a vender «humo tecnológico» con luces, sabores y diseño minimalista. La evolución del paquete de veinte al dispositivo que parece un auricular fue más rápida que la actualización del celular.
Mientras durante años la palabra «prohibido» decoró resoluciones oficiales, el mercado informal siguió haciendo horas extras. Ahora llegó la regulación y, como suele ocurrir, el debate apareció cuando el producto ya estaba instalado en mochilas, bolsillos y redes sociales. Como poner un semáforo después de que la rotonda ya se convirtió en deporte extremo.
El dato sanitario preocupa más que cualquier estrategia comercial: los especialistas sostienen que muchos adolescentes creen que inhalan apenas vapor de agua cuando, en realidad, incorporan nicotina, partículas ultrafinas y distintos compuestos químicos. El marketing hizo un trabajo impecable: si tiene gusto a mango, frutilla o chicle, cuesta imaginar que también pueda venir con dependencia química de regalo.
La industria encontró un terreno fértil en una generación acostumbrada a que todo tenga colores, batería recargable y versión premium. El cigarrillo dejó de parecer cigarrillo. Ahora parece un accesorio de tecnología. El problema es que los pulmones todavía distinguen perfectamente la diferencia entre una campaña publicitaria y un aerosol con sustancias irritantes.
En paralelo, las tabacaleras preparan el desembarco de nuevos dispositivos en un mercado que vuelve a abrirse. Del otro lado, sociedades científicas, pediatras y neumonólogos insisten en que el daño reducido no significa daño inexistente y alertan sobre el impacto de la nicotina en cerebros que todavía están en desarrollo.
La publicidad aprendió a hablar el idioma de los adolescentes. La salud pública todavía intenta que la conversación no termine tosiendo.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El consumo de vapeadores entre adolescentes argentinos alcanzó niveles que encendieron las alarmas sanitarias. Según el Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Enseñanza Secundaria 2025, el 35,5% de los estudiantes ya utilizó estos dispositivos alguna vez en su vida, ubicándolos por encima del cigarrillo convencional entre las sustancias consumidas por menores.
El crecimiento coincide con un cambio en el escenario regulatorio. En abril, el Ministerio de Salud dejó atrás más de 15 años de prohibición y estableció un esquema de comercialización regulada para vapeadores, productos de tabaco calentado y bolsas de nicotina. La decisión abrió el mercado para compañías internacionales interesadas en el segmento de fumadores adultos.
Una expansión que preocupa a la comunidad médica
El relevamiento oficial incluyó a más de 117.000 estudiantes, representativos de aproximadamente 2,1 millones de adolescentes de todo el país. Los vapeadores quedaron como la tercera sustancia más consumida, detrás de las bebidas energizantes y el alcohol.
«El vapeo se instaló entre adolescentes con una imagen engañosa de inocuidad. Muchos chicos creen que están inhalando apenas vapor de agua, cuando en realidad se exponen a una mezcla de sustancias químicas potencialmente tóxicas», afirmó Silvia Cabrerizo, médica pediatra y toxicóloga integrante del Grupo de Trabajo de Consumos Problemáticos de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
La especialista explicó que la mayoría de los líquidos utilizados contienen nicotina, además de propilenglicol, glicerina vegetal, saborizantes y otros compuestos que pueden incluir metales pesados. Algunos dispositivos también incorporan THC, el principal componente psicoactivo de la marihuana.
Las advertencias no se limitan a Argentina. La Organización Mundial de la Salud viene señalando el crecimiento sostenido del vapeo adolescente, mientras que estudios realizados en Estados Unidos y el Reino Unido también reflejan una elevada prevalencia entre estudiantes secundarios.
Los riesgos para la salud y el desarrollo
Especialistas de la SAP sostienen que los cigarrillos electrónicos pueden producir inflamación pulmonar, bronquitis, disminución de la capacidad física y agravamiento de enfermedades respiratorias preexistentes, además del síndrome EVALI, una lesión pulmonar asociada al uso de estos dispositivos.
Maximiliano Salim, integrante del Comité de Neumonología de la SAP, advirtió que «esto es un gran problema sanitario ya que generaciones jóvenes se están incorporando en la adicción a la nicotina en forma silenciosa». También señaló que el mensaje del «daño reducido» fue una estrategia eficaz para captar nuevos consumidores.
Los especialistas remarcan que el cerebro adolescente continúa en desarrollo, especialmente en áreas vinculadas con el control de impulsos, la memoria y la regulación emocional. Esa condición aumenta la vulnerabilidad frente a la nicotina y favorece la aparición de dependencia a edades tempranas.
«El principal riesgo es que es la nueva puerta de entrada al tabaquismo joven. Como son adolescentes en desarrollo, su corteza cerebral no finalizó su desarrollo y esto los hace más vulnerables a generar una dependencia a largo plazo», sostuvo Cabrerizo.
Regulación, mercado y proyectos legislativos
La Resolución 549/2026 incorporó requisitos de trazabilidad, controles de calidad, registros obligatorios y restricciones para determinados saborizantes. Desde el Gobierno nacional sostienen que la prohibición anterior no logró contener el mercado informal y que la regulación permitirá mejorar los controles sanitarios.
Sin embargo, desde la Sociedad Argentina de Pediatría manifestaron preocupación por un eventual aumento del acceso de menores a estos productos, especialmente a través de redes sociales y canales de venta informales.
En paralelo, distintas iniciativas legislativas buscan ampliar las restricciones de uso en espacios públicos. Tanto en la provincia de Buenos Aires como en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires avanzan proyectos para regular la comercialización y limitar el consumo en hospitales, escuelas, transporte público, bares, restaurantes, espacios recreativos y otros ámbitos de acceso público.
Las sociedades científicas insisten en que los vapeadores no son vapor de agua, pueden contener sustancias potencialmente tóxicas y representan un riesgo particular para adolescentes. Además, recomiendan fortalecer la comunicación familiar y consultar a profesionales de la salud ante cualquier duda o consumo detectado entre menores.
Uno de cada tres estudiantes secundarios ya probó un vapeador. La industria pasó de vender cigarrillos a vender «humo tecnológico» con luces, sabores y diseño minimalista. La evolución del paquete de veinte al dispositivo que parece un auricular fue más rápida que la actualización del celular.
Mientras durante años la palabra «prohibido» decoró resoluciones oficiales, el mercado informal siguió haciendo horas extras. Ahora llegó la regulación y, como suele ocurrir, el debate apareció cuando el producto ya estaba instalado en mochilas, bolsillos y redes sociales. Como poner un semáforo después de que la rotonda ya se convirtió en deporte extremo.
El dato sanitario preocupa más que cualquier estrategia comercial: los especialistas sostienen que muchos adolescentes creen que inhalan apenas vapor de agua cuando, en realidad, incorporan nicotina, partículas ultrafinas y distintos compuestos químicos. El marketing hizo un trabajo impecable: si tiene gusto a mango, frutilla o chicle, cuesta imaginar que también pueda venir con dependencia química de regalo.
La industria encontró un terreno fértil en una generación acostumbrada a que todo tenga colores, batería recargable y versión premium. El cigarrillo dejó de parecer cigarrillo. Ahora parece un accesorio de tecnología. El problema es que los pulmones todavía distinguen perfectamente la diferencia entre una campaña publicitaria y un aerosol con sustancias irritantes.
En paralelo, las tabacaleras preparan el desembarco de nuevos dispositivos en un mercado que vuelve a abrirse. Del otro lado, sociedades científicas, pediatras y neumonólogos insisten en que el daño reducido no significa daño inexistente y alertan sobre el impacto de la nicotina en cerebros que todavía están en desarrollo.
La publicidad aprendió a hablar el idioma de los adolescentes. La salud pública todavía intenta que la conversación no termine tosiendo.