Una carta abierta impulsada por la Asociación de Agentes de Jóvenes Artistas reunió cerca de 1.000 firmas de actores, representantes, padres y profesionales del sector audiovisual para cuestionar las cláusulas contractuales que permiten utilizar inteligencia artificial para capturar y reutilizar las voces de actores infantiles.
El documento denuncia que un importante estudio propietario de una reconocida franquicia infantil exige a los intérpretes menores de edad autorizar el uso de sus voces para desarrollar contenidos comerciales mediante inteligencia artificial. Según trascendió, la práctica habría sido aplicada por Hasbro en producciones vinculadas con la serie Peppa Pig, marca que pertenece a la compañía desde 2019.
El reclamo por el consentimiento de los menores
Los firmantes sostienen que los niños no pueden otorgar un consentimiento plenamente informado para autorizar el uso futuro de su voz mediante inteligencia artificial.
«Cuando el intérprete es menor de edad, el consentimiento debe tratarse con el máximo cuidado», señala la carta, que además advierte que la autorización de padres o tutores no debería convertirse en un permiso permanente para capturar, clonar, entrenar o reutilizar la voz de un menor.
La asociación también pidió que las voces infantiles queden excluidas de cualquier cláusula relacionada con inteligencia artificial y sostuvo que ningún niño debería ver condicionada su identidad profesional por tecnologías desarrolladas antes de tener capacidad legal para decidir sobre ellas.
«Ningún niño debería ver su futura identidad profesional moldeada por un modelo de IA creado antes de que tuviera la edad suficiente para comprender sus consecuencias», expresa el documento. También remarca que la voz de los menores «no debería convertirse en un activo comercial permanente antes de que tengan la capacidad legal y personal para decidir por sí mismos».
La respuesta de Hasbro
Aunque la carta no menciona expresamente a la compañía, Hasbro confirmó que conoce el reclamo y aseguró que la protección de los niños artistas constituye un aspecto central de su política.
La empresa ya había informado anteriormente que una demostración realizada junto a ElevenLabs, en la que se utilizó una versión de inteligencia artificial de Peppa Pig, correspondía a un uso autorizado específicamente para fines de demostración y con los permisos correspondientes.
Durante una presentación realizada en la cumbre AI+NY, representantes de ambas compañías explicaron que esa versión digital del personaje fue desarrollada para mostrar las capacidades de la tecnología aplicada al entretenimiento.
Crece el debate en la industria audiovisual
Tras la difusión de la carta, representantes de actores infantiles solicitaron que los estudios incorporen cláusulas de «no IA» en los contratos, con el objetivo de impedir expresamente que las voces de los intérpretes sean utilizadas para capturar, clonar, entrenar o reutilizar sistemas de inteligencia artificial.
La Asociación de Agentes de Jóvenes Artistas sostuvo que el planteo no se limita a un caso puntual, sino que busca establecer un criterio general para toda la industria audiovisual frente al avance de estas tecnologías.
El debate se suma a las crecientes discusiones sobre los límites del uso de la inteligencia artificial en el cine, la televisión y el doblaje, donde actores, sindicatos y representantes reclaman mayores garantías para proteger la identidad, la propiedad intelectual y los derechos laborales de los intérpretes frente al desarrollo de herramientas capaces de reproducir voces e imágenes con un alto grado de precisión.
<p>Una carta abierta firmada por cerca de 1.000 actores, agentes y representantes del sector audiovisual cuestionó las cláusulas contractuales que permiten el uso de inteligencia artificial para clonar las voces de actores infantiles. El reclamo apunta a proteger los derechos de los menores y pide eliminar este tipo de autorizaciones en futuras producciones.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
La inteligencia artificial ya no solo genera textos, imágenes o canciones. Ahora también quiere quedarse con una de las herramientas más personales de cualquier actor: su voz. Y cuando esa voz pertenece a un niño, el debate deja de ser tecnológico para convertirse en un asunto de derechos.
Cerca de mil firmas respaldan una carta que cuestiona las cláusulas contractuales que habilitan a estudios y productoras a utilizar voces infantiles para entrenar sistemas de inteligencia artificial o generar nuevos contenidos. La preocupación no gira únicamente alrededor de la tecnología, sino del consentimiento. Porque un menor difícilmente pueda dimensionar qué significa autorizar que su voz siga trabajando durante años, incluso cuando ya no sea un niño.
El reclamo pone sobre la mesa una discusión que recién comienza. La inteligencia artificial promete abaratar costos y acelerar producciones, pero también obliga a redefinir conceptos como propiedad intelectual, identidad artística y derechos de imagen. En el caso de los actores infantiles, la pregunta es todavía más delicada: ¿quién decide sobre un activo que puede seguir siendo explotado mucho tiempo después de que el contrato haya terminado?
Mientras los estudios exploran nuevas herramientas digitales, actores y representantes reclaman límites claros. Porque una voz puede grabarse en pocos minutos. Recuperar el control sobre ella puede llevar bastante más tiempo.
La tecnología avanza rápido. El consentimiento, por suerte, todavía debería caminar a otro ritmo.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Una carta abierta impulsada por la Asociación de Agentes de Jóvenes Artistas reunió cerca de 1.000 firmas de actores, representantes, padres y profesionales del sector audiovisual para cuestionar las cláusulas contractuales que permiten utilizar inteligencia artificial para capturar y reutilizar las voces de actores infantiles.
El documento denuncia que un importante estudio propietario de una reconocida franquicia infantil exige a los intérpretes menores de edad autorizar el uso de sus voces para desarrollar contenidos comerciales mediante inteligencia artificial. Según trascendió, la práctica habría sido aplicada por Hasbro en producciones vinculadas con la serie Peppa Pig, marca que pertenece a la compañía desde 2019.
El reclamo por el consentimiento de los menores
Los firmantes sostienen que los niños no pueden otorgar un consentimiento plenamente informado para autorizar el uso futuro de su voz mediante inteligencia artificial.
«Cuando el intérprete es menor de edad, el consentimiento debe tratarse con el máximo cuidado», señala la carta, que además advierte que la autorización de padres o tutores no debería convertirse en un permiso permanente para capturar, clonar, entrenar o reutilizar la voz de un menor.
La asociación también pidió que las voces infantiles queden excluidas de cualquier cláusula relacionada con inteligencia artificial y sostuvo que ningún niño debería ver condicionada su identidad profesional por tecnologías desarrolladas antes de tener capacidad legal para decidir sobre ellas.
«Ningún niño debería ver su futura identidad profesional moldeada por un modelo de IA creado antes de que tuviera la edad suficiente para comprender sus consecuencias», expresa el documento. También remarca que la voz de los menores «no debería convertirse en un activo comercial permanente antes de que tengan la capacidad legal y personal para decidir por sí mismos».
La respuesta de Hasbro
Aunque la carta no menciona expresamente a la compañía, Hasbro confirmó que conoce el reclamo y aseguró que la protección de los niños artistas constituye un aspecto central de su política.
La empresa ya había informado anteriormente que una demostración realizada junto a ElevenLabs, en la que se utilizó una versión de inteligencia artificial de Peppa Pig, correspondía a un uso autorizado específicamente para fines de demostración y con los permisos correspondientes.
Durante una presentación realizada en la cumbre AI+NY, representantes de ambas compañías explicaron que esa versión digital del personaje fue desarrollada para mostrar las capacidades de la tecnología aplicada al entretenimiento.
Crece el debate en la industria audiovisual
Tras la difusión de la carta, representantes de actores infantiles solicitaron que los estudios incorporen cláusulas de «no IA» en los contratos, con el objetivo de impedir expresamente que las voces de los intérpretes sean utilizadas para capturar, clonar, entrenar o reutilizar sistemas de inteligencia artificial.
La Asociación de Agentes de Jóvenes Artistas sostuvo que el planteo no se limita a un caso puntual, sino que busca establecer un criterio general para toda la industria audiovisual frente al avance de estas tecnologías.
El debate se suma a las crecientes discusiones sobre los límites del uso de la inteligencia artificial en el cine, la televisión y el doblaje, donde actores, sindicatos y representantes reclaman mayores garantías para proteger la identidad, la propiedad intelectual y los derechos laborales de los intérpretes frente al desarrollo de herramientas capaces de reproducir voces e imágenes con un alto grado de precisión.
La inteligencia artificial ya no solo genera textos, imágenes o canciones. Ahora también quiere quedarse con una de las herramientas más personales de cualquier actor: su voz. Y cuando esa voz pertenece a un niño, el debate deja de ser tecnológico para convertirse en un asunto de derechos.
Cerca de mil firmas respaldan una carta que cuestiona las cláusulas contractuales que habilitan a estudios y productoras a utilizar voces infantiles para entrenar sistemas de inteligencia artificial o generar nuevos contenidos. La preocupación no gira únicamente alrededor de la tecnología, sino del consentimiento. Porque un menor difícilmente pueda dimensionar qué significa autorizar que su voz siga trabajando durante años, incluso cuando ya no sea un niño.
El reclamo pone sobre la mesa una discusión que recién comienza. La inteligencia artificial promete abaratar costos y acelerar producciones, pero también obliga a redefinir conceptos como propiedad intelectual, identidad artística y derechos de imagen. En el caso de los actores infantiles, la pregunta es todavía más delicada: ¿quién decide sobre un activo que puede seguir siendo explotado mucho tiempo después de que el contrato haya terminado?
Mientras los estudios exploran nuevas herramientas digitales, actores y representantes reclaman límites claros. Porque una voz puede grabarse en pocos minutos. Recuperar el control sobre ella puede llevar bastante más tiempo.
La tecnología avanza rápido. El consentimiento, por suerte, todavía debería caminar a otro ritmo.