El Gobierno de Chile oficializó el calendario para la aplicación del horario de verano a partir de septiembre de 2026. La regulación fue establecida mediante el Decreto Supremo N.º 98, fechado el 30 de junio y publicado en el Diario Oficial el 2 de julio, que actualizó las normas sobre el huso horario del país.
La medida establece un nuevo cronograma después del vencimiento del esquema fijado en 2022 y busca otorgar previsibilidad a organismos públicos, servicios, sistemas tecnológicos y actividades productivas que dependen de la hora oficial. La norma dispone períodos de cambio horario hasta abril de 2029.
Cuándo cambia la hora en Chile en septiembre de 2026
El próximo cambio se realizará durante la noche del sábado 5 de septiembre de 2026, primer sábado del mes. A partir de las 24 horas, la hora oficial deberá adelantarse 60 minutos. De esta manera, gran parte del territorio continental pasará del huso de invierno UTC-4 al horario de verano UTC-3.
En términos prácticos, después de las 23:59 del sábado los relojes avanzarán hasta la 01:00 del domingo 6 de septiembre, por lo que esa noche tendrá una hora menos.
El horario adelantado permanecerá vigente hasta las 24 horas del primer sábado de abril de 2027, fecha que corresponde al 3 de abril. El decreto también establece el mismo esquema entre septiembre de 2027 y abril de 2028, y entre septiembre de 2028 y abril de 2029.
Qué cambia para quienes viajan entre Argentina y Chile
La modificación tiene especial importancia para las provincias argentinas vinculadas directamente con Chile mediante los pasos cordilleranos. Una vez aplicado el horario de verano, Argentina y la mayor parte de Chile continental compartirán UTC-3, por lo que dejará de existir la diferencia de una hora vigente durante el período invernal.
La coincidencia horaria facilita la coordinación de servicios turísticos, transporte de pasajeros, vuelos, operaciones comerciales y circulación de cargas entre ambos países, además de simplificar la organización de quienes atraviesan pasos fronterizos como el Sistema Cristo Redentor, Pehuenche y Cardenal Samoré.
Para quienes viajen desde Cuyo hacia Chile después del cambio, esto significa que ya no será necesario modificar la hora del reloj al cruzar la frontera mientras permanezca vigente el horario de verano chileno.
Las regiones de Chile que no cambiarán sus relojes
La normativa contempla excepciones dentro del territorio chileno. Las regiones de Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo y Magallanes y de la Antártica Chilena conservarán de manera permanente el huso UTC-3, por lo que no deberán modificar sus relojes en septiembre.
El decreto mantiene además el régimen correspondiente al territorio insular occidental, que comprende Rapa Nui e Isla Salas y Gómez. Allí también se adelantará la hora en 60 minutos durante el período establecido para el horario de verano.
Con el nuevo calendario, Chile mantendrá un esquema definido de cambios horarios durante los próximos años, mientras Argentina continuará utilizando UTC-3 durante todo el año. Para los viajeros y transportistas que cruzan habitualmente la cordillera, el próximo punto clave será entonces la noche del 5 de septiembre, cuando la mayor parte del territorio chileno vuelva a quedar sincronizada con la hora argentina.
El Gobierno de Chile estableció el cronograma del horario de verano para 2026: el cambio se realizará durante la noche del sábado 5 de septiembre, cuando gran parte del territorio adelantará los relojes 60 minutos y pasará a UTC-3. La modificación eliminará temporalmente la diferencia horaria con Argentina y se mantendrá hasta abril de 2027.
Chile volverá a ejecutar en septiembre uno de los rituales administrativos más desconcertantes de la vida moderna: ordenarle a millones de relojes que una hora directamente deje de existir. Cuando llegue la medianoche del sábado 5, buena parte del país adelantará 60 minutos y pasará al horario de verano, una operación que transformará el paso del sábado al domingo en una demostración práctica de que, con el decreto correspondiente, hasta el tiempo puede recibir instrucciones.
Para los argentinos que cruzan habitualmente la cordillera, la modificación tendrá una consecuencia considerablemente más sencilla que cualquier explicación sobre meridianos: Chile continental y Argentina volverán a compartir la misma hora. Se terminará, al menos durante algunos meses, esa ceremonia fronteriza de preguntarle al teléfono si ya actualizó el huso horario o si todavía está convencido de que uno permanece espiritualmente en Mendoza mientras físicamente ya llegó a Santiago.
El cambio también tendrá impacto en colectivos, vuelos, reservas, transporte de cargas y pasos internacionales. Es decir, en todos aquellos ámbitos donde llegar una hora tarde puede ser explicado por muchas razones, pero difícilmente por una discusión filosófica con Greenwich. Para Cuyo y la Patagonia, la coincidencia horaria simplificará la coordinación con el país vecino durante la temporada de primavera y verano.
Eso sí: Chile mantiene excepciones, porque ni siquiera el tiempo consigue atravesar toda su geografía bajo una única regla. Aysén y Magallanes conservarán permanentemente UTC-3, mientras Rapa Nui e Isla Salas y Gómez continuarán con su régimen insular. El resultado es una pequeña obra maestra de la administración temporal: relojes que avanzan, regiones que no se mueven y turistas que, ante cualquier duda, terminarán haciendo lo que la humanidad hace desde que existen los smartphones: mirar tres veces la pantalla y preguntar igualmente qué hora es.