El Gobierno nacional analiza una nueva reforma del Impuesto a las Ganancias que combinaría una reducción de la carga tributaria para las empresas con una ampliación de la cantidad de personas alcanzadas por el gravamen.
La iniciativa forma parte de la reforma impositiva que la administración de Javier Milei pretende presentar antes de 2027 y sería la tercera modificación significativa del tributo en apenas tres años.
El proyecto busca llevar la alícuota empresarial al 25%, en línea con el tratamiento previsto en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), y compensar el impacto fiscal mediante una base más amplia entre trabajadores y autónomos.
«Para las sociedades, el primer objetivo en Impuesto a las Ganancias es bajar la alícuota para empresas a 25% como en el Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones (RIGI)», afirmó un funcionario del Ministerio de Economía en un ámbito académico.
El representante oficial indicó que la propuesta sigue en agenda pese a las dificultades políticas que enfrentaron iniciativas anteriores.
«esto tiene que llegar, a pesar de que una disminución menor fue vetada por los gobernadores en la discusión del capítulo impositivo de la Ley de Modernización Laboral».
Menor carga para empresas y equilibrio fiscal
El Gobierno asumió con la promesa de reducir impuestos, aunque la situación macroeconómica y la necesidad de sostener la recaudación limitaron hasta ahora el avance de una reforma integral.
«La reforma tributaria que analiza el Gobierno se basa en un horizonte de menor presión impositiva, siempre en el marco de equilibrio fiscal innegociable. Por ese motivo, el cambio posible es generalizar los beneficios del RIGI para todas las empresas respecto del Impuesto las Ganancias», aseguró,
La propuesta se encuentra desde el comienzo de la gestión en los despachos del ministro de Economía, Luis Caputo, y del secretario de Hacienda, Carlos Guberman. Sin embargo, su implementación quedó condicionada por la caída de la recaudación y por la debilidad legislativa del oficialismo.
«El objetivo de la reforma tributaria es que los impuestos influyan lo menos posible en las decisiones económicas, nivelando la carga para quienes estén en igual situación y evitando tratamientos distorsivos», indicó el funcionario.
Más trabajadores y autónomos alcanzados
Para las personas humanas, el eje de la reforma sería una ampliación de la base imponible, acompañada por cambios en las deducciones y en las escalas.
«Para las personas, la reforma del Impuesto a las Ganancias para trabajadores se centra en una ampliación de la base con una transformación hacia la simplicidad y la previsibilidad», dijo la fuente.
Ante una consulta sobre la actualización de las deducciones personales, el funcionario aseguró que el Gobierno fusca alejarse de «discusiones menores sobre deducciones específicas y enfocarse en un cambio estructural».
«Se trabaja en una generalización de la base para personas humanas, pero compensada con un incremento de pocas deducciones y una revisión de las alícuotas», precisó.
De acuerdo con los lineamientos conocidos, la reforma buscaría incorporar a más trabajadores y autónomos al pago del impuesto, al tiempo que reduciría la cantidad de deducciones disponibles.
La intención oficial sería reemplazar el esquema actual por un sistema simplificado que, según Economía, reduzca la carga administrativa de los contribuyentes.
Los cambios aplicados desde 2023
La propuesta continúa el proceso iniciado con el paquete fiscal de la Ley Bases de 2024, que redujo el mínimo a partir del cual se comienza a pagar Ganancias y reincorporó al tributo a cientos de miles de trabajadores.
Según informes de la Oficina de Presupuesto del Congreso y proyecciones realizadas al momento de promulgarse la norma, la modificación buscaba sumar a cerca de 800.000 asalariados que habían quedado exentos con el impuesto cedular aprobado a fines de 2023.
Hacia el último trimestre de 2024, el universo de personas alcanzadas por retenciones, entre empleados y jubilados, se ubicó en torno a los 738.000 contribuyentes.
La reforma impulsada por Milei eliminó el piso equivalente a 15 Salarios Mínimos, Vitales y Móviles y restableció el esquema tradicional de la cuarta categoría, con deducciones personales y escalas progresivas.
También volvieron a computarse conceptos como cónyuge, hijos a cargo, alquileres, servicio doméstico y gastos médicos.
En materia de alícuotas, se fijó una escala progresiva de entre el 5% y el 35%, con actualizaciones periódicas mediante el Índice de Precios al Consumidor para evitar que la inflación traslade automáticamente a los contribuyentes hacia escalas superiores.
El impuesto cedular de 2023
La modificación promovida por Sergio Massa a fines de 2023 había creado el Impuesto Cedular sobre los Altos Ingresos y establecido una lógica diferente para empleados y jubilados.
Ese régimen eliminó la posibilidad de deducir cónyuge, hijos, alquileres, servicio doméstico, prepagas e intereses hipotecarios para quienes quedaban comprendidos.
En reemplazo de esas deducciones se fijó una única deducción especial equivalente a 180 Salarios Mínimos, Vitales y Móviles anuales, es decir, 15 salarios mínimos por mes.
Solo quedaban alcanzadas las personas cuyos ingresos brutos superaban ese umbral. Quienes no llegaban al piso no pagaban el tributo ni debían declarar deducciones.
Para quienes sí lo superaban, la escala se expresaba en múltiplos del Salario Mínimo, Vital y Móvil y contemplaba alícuotas progresivas de entre el 27% y el 35% sobre el excedente.
El valor de la deducción se actualizaba dos veces por año, en enero y julio, según el salario mínimo vigente.
La nueva reforma volvería a modificar ese esquema, con beneficios para las empresas, una base más amplia para personas humanas y menos deducciones específicas, aunque todavía no se difundió un texto definitivo ni una fecha precisa para su presentación ante el Congreso.
El Gobierno analiza una nueva reforma del Impuesto a las Ganancias que reduciría la alícuota para las empresas al 25% y ampliaría la cantidad de personas alcanzadas por el tributo. La iniciativa, aún en estudio, buscaría compensar la menor carga empresarial con una base más amplia para trabajadores y autónomos, bajo el compromiso oficial de mantener el equilibrio fiscal.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
El Impuesto a las Ganancias vuelve a ingresar al quirófano tributario por tercera vez en tres años, una frecuencia que ya permite sospechar que el problema no es el paciente sino la cantidad de cirujanos que se turnan con el bisturí. Esta vez, el Gobierno estudia bajar la carga para las empresas y ampliar la cantidad de personas que pagan, una arquitectura fiscal donde el alivio desciende por ascensor corporativo mientras la compensación sube por escalera entre trabajadores y autónomos.
La propuesta promete simplicidad, previsibilidad y menor distorsión, tres palabras que en materia impositiva argentina suelen aparecer juntas con la misma confianza que “trámite rápido” en una oficina pública. El objetivo sería que los tributos influyan menos en las decisiones económicas, aunque para lograrlo se analiza incorporar más contribuyentes, reducir deducciones y revisar alícuotas. Es decir: menos complejidad, pero posiblemente más gente preguntándose por qué ahora aparece en la boleta.
Para las empresas, la idea es extender el beneficio del RIGI y llevar la alícuota al 25%. Para las personas, en cambio, se proyecta una ampliación de la base con menos deducciones y un esquema simplificado. La reforma busca una delicada armonía: que las compañías respiren, que el Estado recaude y que el trabajador comprenda la liquidación antes de que termine el ejercicio fiscal o su paciencia, lo que ocurra primero.
La historia reciente tampoco ayuda a generar apego emocional por las reglas vigentes. En 2023 se creó un impuesto cedular con un piso atado a 15 salarios mínimos. En 2024 se desarmó ese esquema, volvieron las deducciones y cerca de 800.000 trabajadores quedaron otra vez alcanzados. Ahora se prepara una nueva modificación, porque el sistema tributario argentino considera que la estabilidad es una costumbre extranjera incompatible con la creatividad normativa nacional.
El Gobierno sostiene que todo deberá hacerse sin alterar el equilibrio fiscal, convertido en la línea roja de la gestión. De modo que la reforma enfrenta una ecuación sencilla de enunciar y bastante más entretenida de resolver: bajar impuestos, recaudar lo mismo y evitar que alguien se enoje. Hasta ahora, la matemática no presentó una renuncia formal, pero seguramente ya pidió licencia.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El Gobierno nacional analiza una nueva reforma del Impuesto a las Ganancias que combinaría una reducción de la carga tributaria para las empresas con una ampliación de la cantidad de personas alcanzadas por el gravamen.
La iniciativa forma parte de la reforma impositiva que la administración de Javier Milei pretende presentar antes de 2027 y sería la tercera modificación significativa del tributo en apenas tres años.
El proyecto busca llevar la alícuota empresarial al 25%, en línea con el tratamiento previsto en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), y compensar el impacto fiscal mediante una base más amplia entre trabajadores y autónomos.
«Para las sociedades, el primer objetivo en Impuesto a las Ganancias es bajar la alícuota para empresas a 25% como en el Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones (RIGI)», afirmó un funcionario del Ministerio de Economía en un ámbito académico.
El representante oficial indicó que la propuesta sigue en agenda pese a las dificultades políticas que enfrentaron iniciativas anteriores.
«esto tiene que llegar, a pesar de que una disminución menor fue vetada por los gobernadores en la discusión del capítulo impositivo de la Ley de Modernización Laboral».
Menor carga para empresas y equilibrio fiscal
El Gobierno asumió con la promesa de reducir impuestos, aunque la situación macroeconómica y la necesidad de sostener la recaudación limitaron hasta ahora el avance de una reforma integral.
«La reforma tributaria que analiza el Gobierno se basa en un horizonte de menor presión impositiva, siempre en el marco de equilibrio fiscal innegociable. Por ese motivo, el cambio posible es generalizar los beneficios del RIGI para todas las empresas respecto del Impuesto las Ganancias», aseguró,
La propuesta se encuentra desde el comienzo de la gestión en los despachos del ministro de Economía, Luis Caputo, y del secretario de Hacienda, Carlos Guberman. Sin embargo, su implementación quedó condicionada por la caída de la recaudación y por la debilidad legislativa del oficialismo.
«El objetivo de la reforma tributaria es que los impuestos influyan lo menos posible en las decisiones económicas, nivelando la carga para quienes estén en igual situación y evitando tratamientos distorsivos», indicó el funcionario.
Más trabajadores y autónomos alcanzados
Para las personas humanas, el eje de la reforma sería una ampliación de la base imponible, acompañada por cambios en las deducciones y en las escalas.
«Para las personas, la reforma del Impuesto a las Ganancias para trabajadores se centra en una ampliación de la base con una transformación hacia la simplicidad y la previsibilidad», dijo la fuente.
Ante una consulta sobre la actualización de las deducciones personales, el funcionario aseguró que el Gobierno fusca alejarse de «discusiones menores sobre deducciones específicas y enfocarse en un cambio estructural».
«Se trabaja en una generalización de la base para personas humanas, pero compensada con un incremento de pocas deducciones y una revisión de las alícuotas», precisó.
De acuerdo con los lineamientos conocidos, la reforma buscaría incorporar a más trabajadores y autónomos al pago del impuesto, al tiempo que reduciría la cantidad de deducciones disponibles.
La intención oficial sería reemplazar el esquema actual por un sistema simplificado que, según Economía, reduzca la carga administrativa de los contribuyentes.
Los cambios aplicados desde 2023
La propuesta continúa el proceso iniciado con el paquete fiscal de la Ley Bases de 2024, que redujo el mínimo a partir del cual se comienza a pagar Ganancias y reincorporó al tributo a cientos de miles de trabajadores.
Según informes de la Oficina de Presupuesto del Congreso y proyecciones realizadas al momento de promulgarse la norma, la modificación buscaba sumar a cerca de 800.000 asalariados que habían quedado exentos con el impuesto cedular aprobado a fines de 2023.
Hacia el último trimestre de 2024, el universo de personas alcanzadas por retenciones, entre empleados y jubilados, se ubicó en torno a los 738.000 contribuyentes.
La reforma impulsada por Milei eliminó el piso equivalente a 15 Salarios Mínimos, Vitales y Móviles y restableció el esquema tradicional de la cuarta categoría, con deducciones personales y escalas progresivas.
También volvieron a computarse conceptos como cónyuge, hijos a cargo, alquileres, servicio doméstico y gastos médicos.
En materia de alícuotas, se fijó una escala progresiva de entre el 5% y el 35%, con actualizaciones periódicas mediante el Índice de Precios al Consumidor para evitar que la inflación traslade automáticamente a los contribuyentes hacia escalas superiores.
El impuesto cedular de 2023
La modificación promovida por Sergio Massa a fines de 2023 había creado el Impuesto Cedular sobre los Altos Ingresos y establecido una lógica diferente para empleados y jubilados.
Ese régimen eliminó la posibilidad de deducir cónyuge, hijos, alquileres, servicio doméstico, prepagas e intereses hipotecarios para quienes quedaban comprendidos.
En reemplazo de esas deducciones se fijó una única deducción especial equivalente a 180 Salarios Mínimos, Vitales y Móviles anuales, es decir, 15 salarios mínimos por mes.
Solo quedaban alcanzadas las personas cuyos ingresos brutos superaban ese umbral. Quienes no llegaban al piso no pagaban el tributo ni debían declarar deducciones.
Para quienes sí lo superaban, la escala se expresaba en múltiplos del Salario Mínimo, Vital y Móvil y contemplaba alícuotas progresivas de entre el 27% y el 35% sobre el excedente.
El valor de la deducción se actualizaba dos veces por año, en enero y julio, según el salario mínimo vigente.
La nueva reforma volvería a modificar ese esquema, con beneficios para las empresas, una base más amplia para personas humanas y menos deducciones específicas, aunque todavía no se difundió un texto definitivo ni una fecha precisa para su presentación ante el Congreso.
El Gobierno analiza una nueva reforma del Impuesto a las Ganancias que reduciría la alícuota para las empresas al 25% y ampliaría la cantidad de personas alcanzadas por el tributo. La iniciativa, aún en estudio, buscaría compensar la menor carga empresarial con una base más amplia para trabajadores y autónomos, bajo el compromiso oficial de mantener el equilibrio fiscal.
El Impuesto a las Ganancias vuelve a ingresar al quirófano tributario por tercera vez en tres años, una frecuencia que ya permite sospechar que el problema no es el paciente sino la cantidad de cirujanos que se turnan con el bisturí. Esta vez, el Gobierno estudia bajar la carga para las empresas y ampliar la cantidad de personas que pagan, una arquitectura fiscal donde el alivio desciende por ascensor corporativo mientras la compensación sube por escalera entre trabajadores y autónomos.
La propuesta promete simplicidad, previsibilidad y menor distorsión, tres palabras que en materia impositiva argentina suelen aparecer juntas con la misma confianza que “trámite rápido” en una oficina pública. El objetivo sería que los tributos influyan menos en las decisiones económicas, aunque para lograrlo se analiza incorporar más contribuyentes, reducir deducciones y revisar alícuotas. Es decir: menos complejidad, pero posiblemente más gente preguntándose por qué ahora aparece en la boleta.
Para las empresas, la idea es extender el beneficio del RIGI y llevar la alícuota al 25%. Para las personas, en cambio, se proyecta una ampliación de la base con menos deducciones y un esquema simplificado. La reforma busca una delicada armonía: que las compañías respiren, que el Estado recaude y que el trabajador comprenda la liquidación antes de que termine el ejercicio fiscal o su paciencia, lo que ocurra primero.
La historia reciente tampoco ayuda a generar apego emocional por las reglas vigentes. En 2023 se creó un impuesto cedular con un piso atado a 15 salarios mínimos. En 2024 se desarmó ese esquema, volvieron las deducciones y cerca de 800.000 trabajadores quedaron otra vez alcanzados. Ahora se prepara una nueva modificación, porque el sistema tributario argentino considera que la estabilidad es una costumbre extranjera incompatible con la creatividad normativa nacional.
El Gobierno sostiene que todo deberá hacerse sin alterar el equilibrio fiscal, convertido en la línea roja de la gestión. De modo que la reforma enfrenta una ecuación sencilla de enunciar y bastante más entretenida de resolver: bajar impuestos, recaudar lo mismo y evitar que alguien se enoje. Hasta ahora, la matemática no presentó una renuncia formal, pero seguramente ya pidió licencia.