Un eclipse solar transformó este miércoles 12 de agosto el atardecer en una inesperada noche en distintas regiones del hemisferio norte. El fenómeno astronómico extendió su sombra desde los confines del Ártico ruso hasta las islas mediterráneas de España y fue seguido con entusiasmo por millones de personas.
Una de las reacciones se produjo en la ciudad española de Tarragona, donde Alejandro Cuesta, un investigador científico de 30 años, describió la emoción que le provocó observar el eclipse.
«Casi me pongo a llorar, me ha subido un escalofrío por el cuerpo, era precioso», dijo Alejandro Cuesta, un investigador científico de 30 años en la ciudad española de Tarragona.
«Se veían las manchas solares que salían rojizas… Lo mejor de mi vida que yo haya visto», dijo el hombre que lo presenció con su madre.
La sombra recorrió miles de kilómetros
Poco antes de las 17:00 GMT, la alineación entre la Luna y el Sol proyectó una extensa sombra sobre el extremo norte de Rusia. Desde allí, el eclipse avanzó sobre Groenlandia, Islandia y España, antes de desaparecer en el Mediterráneo aproximadamente una hora y media después.
El fenómeno atravesó España en diagonal, desde el noroeste atlántico hasta las Islas Baleares, donde dejó de observarse alrededor de las 18:30 GMT.
Aunque la totalidad solamente alcanzó determinadas regiones, el eclipse pudo observarse de manera parcial desde otros puntos de España, buena parte de Europa occidental, Canadá, el noroeste de África y Estados Unidos.
Menos de dos minutos de oscuridad total
El momento más intenso del eclipse fue breve. La fase de totalidad duró menos de dos minutos, incluso en las regiones ubicadas en la franja más favorable para la observación.
Sin embargo, el fenómeno completo se extendió durante casi dos horas, desde el momento en que la Luna comenzó a cubrir el disco solar hasta que terminó de apartarse.
Durante ese corto período de totalidad, distintas zonas quedaron momentáneamente sumidas en la oscuridad en pleno atardecer, generando uno de los fenómenos astronómicos más llamativos observados en Europa durante la jornada.
Un eclipse solar recorrió este miércoles 12 de agosto amplias regiones del hemisferio norte, desde el Ártico ruso hasta España, donde la oscuridad sorprendió a millones de personas. El fenómeno atravesó Groenlandia, Islandia y territorio español, mientras que también pudo observarse parcialmente en otras zonas de Europa, Canadá, África y Estados Unidos.
Europa tuvo este miércoles uno de esos momentos en los que la astronomía recuerda que puede producir mejores efectos especiales que cualquier estudio de Hollywood y, además, sin cobrar entrada. En plena tarde, la Luna se interpuso entre el Sol y la Tierra y consiguió algo que normalmente requiere una crisis eléctrica de gran escala: que millones de personas miraran hacia arriba al mismo tiempo y dejaran durante unos minutos de discutir con sus teléfonos.
La sombra comenzó su recorrido en el extremo norte de Rusia y avanzó sobre Groenlandia, Islandia y España hasta perderse en el Mediterráneo. En algunas zonas, el día directamente se rindió antes de horario y entregó el turno a la noche durante menos de dos minutos. Una actuación breve, sí, pero suficiente para provocar lágrimas, escalofríos y probablemente una producción industrial de fotografías destinadas a ser mostradas durante años con la frase inevitable: “En persona era mucho mejor”.
España quedó particularmente favorecida por el espectáculo. El eclipse atravesó el país en diagonal, desde el noroeste atlántico hasta las Islas Baleares, mientras miles de personas siguieron el fenómeno con protección especial. En Tarragona, un investigador describió la experiencia con un entusiasmo que confirma que incluso la ciencia más rigurosa puede perder momentáneamente la compostura cuando el Sol desaparece en horario laboral.
La totalidad duró menos de dos minutos en los puntos privilegiados, aunque todo el proceso se extendió casi dos horas. Una proporción bastante injusta: horas de espera, filtros especiales, planificación y desplazamientos para recibir apenas unos segundos de oscuridad absoluta. Pero esa es también la elegante crueldad de los eclipses: el universo organiza un espectáculo monumental, permite verlo un instante y después sigue funcionando como si nada hubiera ocurrido.