El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este miércoles que volverá a reunirse con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, antes de que termine el año.
“Sí, me reuniré con él”, respondió Trump al ser consultado mientras mostraba a periodistas las obras que se realizan en la Casa Blanca.
El mandatario estadounidense también se refirió al arsenal nuclear norcoreano y ofreció una cifra concreta sobre las capacidades de Pyongyang.
“Tiene 57 armas nucleares muy poderosas. Nunca debería haberse permitido que esto pasara”, dijo el presidente a periodistas en la Casa Blanca. “Pero las tiene. Me llevo muy bien con él”, agregó.
Trump y Kim mantuvieron tres reuniones durante el primer mandato del dirigente republicano, aunque hasta ahora no habían retomado las conversaciones presenciales durante su segundo período en la Casa Blanca.
Kim Yo Jong dijo desconocer contactos recientes
El anuncio del presidente estadounidense se produjo horas después de que Kim Yo Jong, hermana del líder norcoreano, asegurara que no tenía conocimiento de comunicaciones recientes entre Trump y Kim Jong-un.
Sin embargo, la funcionaria norcoreana sostuvo que la relación personal entre ambos dirigentes continúa siendo “excelente”.
“Respecto a las recientes noticias de Washington sobre comunicación entre los líderes de Corea del Norte y Estados Unidos, no tengo absolutamente ningún conocimiento de eso”, dijo en un comunicado. “Es probablemente el único asunto de política exterior de nuestro máximo liderazgo que desconozco”, agregó, aunque remarcó que su hermano todavía guarda “buenos recuerdos y sentimientos” hacia Trump.
Trump había afirmado el lunes que Kim respondió a sus intentos de establecer conversaciones. Al ser consultado sobre si había obtenido una respuesta del dirigente norcoreano, contestó: “sí, lo hizo”.
El presidente estadounidense sostiene que su vínculo con Kim permite hacer la situación “mucho más segura” y busca avanzar hacia un nuevo encuentro antes del cierre del año.
Estados Unidos y Corea del Sur redujeron los ejercicios militares
La posibilidad de una nueva reunión también coincide con la decisión de Estados Unidos y Corea del Sur de acortar sus ejercicios militares conjuntos anuales, conocidos como Escudo de la Libertad Ulchi.
Trump había informado que ordenó al Pentágono reducir las maniobras debido a su “buena relación” con Kim.
El Estado Mayor Conjunto surcoreano confirmó que los ejercicios fueron ajustados para desarrollarse entre el 17 y el 21 de agosto, en lugar de extenderse hasta el 27, como estaba previsto inicialmente.
La modificación se realizó “a sugerencia de la parte estadounidense”, según informó el organismo surcoreano.
El Pentágono indicó que los simulacros, “sustancialmente reducidos”, “preservarán la disposición esencial” sin causar “ninguna degradación en los objetivos de entrenamiento estadounidenses”.
Las maniobras habían sido diseñadas en dos etapas: una primera orientada a la defensa frente a eventuales amenazas provenientes de Corea del Norte y una segunda centrada en una contraofensiva. Esta última fase quedó descartada.
Pyongyang mantiene sus críticas a las maniobras
Kim Yo Jong minimizó la decisión de reducir los ejercicios militares y afirmó que “no consideramos que valga la pena comentarlo y nos resulta completamente poco interesante”.
También sostuvo que disminuir la escala o la duración de las maniobras no modifica su carácter “provocador y agresivo”.
Por su parte, la agencia estatal norcoreana KCNA calificó los ejercicios como “la amenaza más inmediata y abierta” para Corea del Norte y “la seguridad regional”.
El canciller surcoreano, Cho Hyun, indicó además que su Gobierno no había sido informado previamente sobre la decisión de Trump de reducir los ejercicios.
“Ni nuestro gobierno ni funcionarios del gobierno de Estados Unidos sabían de antemano lo que el presidente Trump reveló a través de Truth Social”, afirmó Cho.
Estados Unidos mantiene desplegados alrededor de 28.500 soldados en Corea del Sur como parte del dispositivo de defensa establecido tras la Guerra de Corea, conflicto que se desarrolló entre 1950 y 1953 y concluyó con un armisticio, sin que posteriormente se firmara un tratado de paz definitivo.
El posible nuevo encuentro entre Trump y Kim abre así otra etapa de expectativas diplomáticas en torno a la península coreana, mientras Washington busca combinar el diálogo directo con Pyongyang y su alianza militar con Corea del Sur.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que se reunirá con el líder norcoreano Kim Jong-un antes de que termine 2026. El anuncio se conoció en medio de señales de acercamiento entre Washington y Pyongyang, mientras Estados Unidos y Corea del Sur redujeron sus ejercicios militares conjuntos por decisión del mandatario estadounidense.
Donald Trump volvió a poner a Corea del Norte en el calendario diplomático con una frase breve y suficientemente contundente como para alterar agendas en Washington, Seúl y Pyongyang: “Sí, me reuniré con él”. Así anunció que antes de que termine el año pretende volver a encontrarse con Kim Jong-un, una relación que durante su primer mandato produjo cumbres históricas, fotografías memorables y una cantidad de análisis geopolíticos capaz de abastecer varias temporadas completas.
Trump acompañó el anuncio con una estimación extraordinariamente específica sobre el arsenal norcoreano. “Tiene 57 armas nucleares muy poderosas. Nunca debería haberse permitido que esto pasara”, afirmó. Y luego agregó: “Pero las tiene. Me llevo muy bien con él”. Una síntesis diplomática singular: primero contabilizar decenas de armas nucleares y, apenas segundos después, recordar que la relación personal funciona correctamente.
La posible reunión llega además con un intercambio de señales bastante particular. Kim Yo Jong, hermana del líder norcoreano, dijo desconocer contactos recientes entre ambos dirigentes, aunque aseguró que el vínculo continúa siendo “excelente”. Es decir, nadie parece tener demasiados detalles sobre las conversaciones, pero la química interpersonal goza de excelente salud. La diplomacia contemporánea también tiene esos momentos en los que la información oficial se parece sospechosamente a una conversación grupal donde cada participante recibió una versión distinta.
Trump también ordenó reducir los ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur, una decisión que Pyongyang recibió con entusiasmo comparable al de alguien encontrando una factura nueva debajo de la puerta. Kim Yo Jong sostuvo que “no consideramos que valga la pena comentarlo y nos resulta completamente poco interesante”, mientras Corea del Norte continuó calificando las maniobras como provocadoras.
El tablero queda así preparado para otra posible cumbre entre dos dirigentes que ya se reunieron tres veces y que vuelven a ensayar una diplomacia basada en relaciones personales, movimientos militares y mensajes públicos. En la península coreana, donde la Guerra de Corea terminó con un armisticio y no con un tratado de paz, cualquier gesto puede convertirse rápidamente en noticia mundial. Incluso uno que comienza con un sencillo “Sí”.