Myriam Bregman cuestionó el fallo de la Corte Suprema relacionado con la derogación de la Ley de Tierras y calificó la decisión de “ilegal e ilegítima”. Durante una entrevista con Jorge Fontevecchia, también analizó el crecimiento de la izquierda, defendió la movilización social como herramienta política y sostuvo que el capitalismo actual ofrece escaso margen para reformas estructurales.
La conversación comenzó con la Ley de Tierras y terminó recorriendo el capitalismo mundial, Lula, Donald Trump, Alemania, Bolivia, el Fondo Monetario, las elecciones municipales y hasta el servicio militar obligatorio. Una entrevista que salió de Tribunales y, algunas preguntas después, ya estaba haciendo escala en medio planeta. Myriam Bregman aprovechó el itinerario para desplegar una tesis conocida de su espacio político: las reformas moderadas, según su mirada, llegan con fecha de vencimiento incorporada.
En el centro de la discusión apareció el reciente fallo de la Corte Suprema sobre la demanda impulsada por el CECIM La Plata. El máximo tribunal resolvió que la organización de excombatientes carecía de legitimación para llevar adelante esa acción colectiva y, por ese motivo procesal, quedó nuevamente vigente el artículo del DNU 70/2023 que derogó la Ley de Tierras. La Corte aclaró que no se pronunció sobre la constitucionalidad de fondo de la medida, una precisión jurídica capaz de garantizar varias semanas adicionales de abogados explicándose unos a otros qué decidió exactamente la Corte.
Bregman fue bastante menos contemplativa con los tecnicismos. Definió el fallo como “ilegal e ilegítima”, sostuvo que existe una discusión profunda sobre soberanía territorial y vinculó el tema con el RIGI y el aprovechamiento de recursos naturales. Son afirmaciones políticas de la dirigente, no conclusiones establecidas por el tribunal. Y allí la entrevista dejó definitivamente el expediente para entrar en un debate más amplio: quién controla los recursos, cuánto margen tiene el Estado y qué alternativas ofrece la izquierda.
Cuando Fontevecchia llevó la charla hacia encuestas, alianzas y posibilidades de gobierno, Bregman rechazó la idea de que la izquierda deba moderar progresivamente su programa para administrar primero un municipio, después una provincia y finalmente la Nación. En términos políticos, eligió discutir el edificio completo en vez de empezar administrando el consorcio. Su argumento fue que las alianzas con sectores de derecha terminan condicionando los cambios prometidos y que la transformación social depende de organización y movilización. El diagnóstico puede ser discutido; modesto, definitivamente, no es.