La campaña presidencial en Colombia atraviesa sus últimas horas antes del balotaje del próximo 21 de junio con un escenario que, según coinciden ambos espacios políticos, aparece más competitivo de lo que reflejan las encuestas publicadas durante las últimas semanas.
Aunque Abelardo de la Espriella, representante de la ultraderecha, llega como favorito tras imponerse en la primera vuelta, tanto su equipo como el del candidato de izquierda Iván Cepeda intensificaron las estrategias para movilizar votantes y captar indecisos.
La preocupación por la participación electoral
Dentro de la campaña de De la Espriella existe confianza por los resultados obtenidos en mayo, pero también preocupación por un posible exceso de optimismo entre sus simpatizantes.
El equipo del candidato considera que la sensación de victoria anticipada podría reducir la participación de parte de su electorado, especialmente entre los colombianos que se encuentran fuera del país siguiendo a la selección nacional durante el Mundial de Norteamérica.
Según fuentes de la campaña, alrededor de 80.000 colombianos que podrían participar del proceso electoral permanecen actualmente en el exterior, un dato que genera inquietud en el tramo final de la contienda.
«Estamos bien en las encuestas, pero esto no se gana con encuestas», advirtió Mauricio Gómez Amín, uno de los principales referentes de la campaña del candidato ultraderechista.
Una ventaja que no parece definitiva
De la Espriella obtuvo en la primera vuelta una diferencia cercana a los 632.222 votos, equivalente a poco menos de tres puntos porcentuales sobre Cepeda.
Sin embargo, el comportamiento de más de tres millones de votantes que respaldaron a otros candidatos y de más de 400.000 ciudadanos que votaron en blanco aparece como una de las grandes incógnitas de la elección.
A ello se suma la posibilidad de un incremento en la participación electoral, fenómeno que ya ocurrió en las elecciones presidenciales de 2022 y que resultó determinante para definir el resultado final.
Si bien encuestas y mercados de predicción continúan favoreciendo al dirigente ultraderechista, dentro de su entorno reconocen que la diferencia podría ser menor a la proyectada públicamente.
La estrategia de Iván Cepeda
En el comando de campaña de Cepeda predomina una visión distinta. Aunque reconocen la dificultad del desafío, sostienen que todavía existen posibilidades concretas de revertir el resultado.
Durante las últimas semanas, el senador reforzó su presencia digital y modificó parte de su estrategia comunicacional para mostrarse más cercano a los votantes.
El crecimiento en plataformas como TikTok y otras redes sociales es uno de los aspectos que destacan desde su entorno, donde aseguran que los indicadores digitales registraron avances significativos en los últimos días.
Además, la campaña recibió el respaldo de estudiantes, artistas, movimientos sociales y comunidades digitales que buscan ampliar el alcance del candidato entre sectores jóvenes y urbanos.
Los apoyos internacionales y la recta final
En paralelo, De la Espriella continuó fortaleciendo su estrategia internacional. Durante las semanas posteriores a la primera vuelta recibió expresiones públicas de apoyo por parte de figuras como Donald Trump y Javier Milei.
También mantuvo una intensa actividad en redes sociales y logró sostener una campaña caracterizada por mensajes claros y una estructura organizativa que sus colaboradores consideran uno de sus principales activos.
Por su parte, Cepeda buscó ampliar su base electoral tomando distancia de algunas posiciones impulsadas por el presidente Gustavo Petro, especialmente en temas que generaban preocupación entre votantes moderados e independientes.
A pocos días de la votación definitiva, las dos campañas coinciden en un diagnóstico: la elección continúa abierta y el resultado dependerá en gran medida de la capacidad de movilizar a los electores que aún permanecen indecisos o que no participaron en la primera vuelta.
La campaña presidencial en Colombia entra en su tramo final con una disputa más ajustada de lo que reflejan las encuestas. Aunque Abelardo de la Espriella mantiene una ventaja tras imponerse en la primera vuelta, tanto su equipo como el de Iván Cepeda intensifican los esfuerzos para movilizar votantes de cara al balotaje del 21 de junio.
Las encuestas dicen una cosa, los candidatos dicen otra y los militantes directamente viven en una dimensión paralela donde cada acto reúne a un millón de personas y cada publicación en redes cambia el destino de la patria. Así transcurren los últimos días de la campaña presidencial colombiana, una competencia donde todos aseguran estar ganando y, curiosamente, todos parecen estar preocupados.
Del lado de Abelardo de la Espriella, los sondeos muestran una ventaja cómoda. Tan cómoda que se transformó en un problema. Porque en política existe una ley no escrita: cuando un candidato empieza a verse demasiado ganador, sus propios votantes pueden convencerse de que ir a votar es apenas un trámite opcional. El peligro no es perder apoyo; el peligro es que el apoyo decida quedarse viendo el partido desde el sillón.
La preocupación llegó incluso a niveles casi futbolísticos. Mientras miles de colombianos acompañan a la selección en el Mundial, en algunos despachos de campaña alguien mira mapas, estadísticas y padrones electorales intentando calcular cuántos de esos viajeros podrían estar perdiéndose la oportunidad de depositar una boleta. La Copa del Mundo y la elección presidencial compiten así por el mismo recurso estratégico: la atención nacional.
En la vereda opuesta, Iván Cepeda protagoniza una remontada contrarreloj. La campaña que hace apenas unas semanas parecía golpeada por el resultado de la primera vuelta ahora intenta reinventarse a velocidad de fibra óptica. Más videos, más presencia digital, más cercanía y menos solemnidad. El desafío es gigantesco: convencer a quienes no fueron a votar, seducir a los indecisos y atraer a sectores moderados que observan la contienda con una mezcla de interés y desconfianza.
Las redes sociales se transformaron en otro campo de batalla. TikTok, que alguna vez pareció territorio exclusivo de los estrategas del ultraderechista, ahora recibe una ofensiva acelerada de la campaña rival. Influencers, estudiantes, artistas y hasta fanáticos del K-pop participan de una movilización digital donde cada video parece disputarse el destino de una elección nacional.
Mientras tanto, los respaldos internacionales desfilan como si se tratara de una cumbre global improvisada. Donald Trump, Javier Milei, referentes regionales y líderes políticos aparecen en una campaña donde cada foto, cada saludo y cada mensaje buscan sumar algunos votos más en una carrera donde ningún equipo se siente completamente seguro.
La tensión es tal que las acusaciones cruzadas, las denuncias de posibles irregularidades y las advertencias sobre el resultado forman parte del paisaje cotidiano. Lo curioso es que ambas campañas coinciden en algo: ninguna cree que la elección esté definida. Y cuando los dos bandos sienten que todavía pueden perder, suele ser porque la pelea está mucho más abierta de lo que muestran los números.
A tres días del balotaje, Colombia se prepara para una jornada decisiva. En los comandos de campaña nadie duerme demasiado, nadie festeja antes de tiempo y nadie se anima a guardar los afiches. Porque en política, como en el fútbol, los partidos terminan cuando termina el partido. Y hasta entonces, cualquier cálculo puede terminar en tiempo suplementario.