El pronóstico de escurrimiento correspondiente al período 2026-2027 podría sufrir una demora de alrededor de 15 días respecto del cronograma habitual debido al comportamiento atípico de las nevadas en la alta montaña. Así lo explicó el secretario de Recursos Hídricos y Energías Renovables de San Juan, David Devia, quien atribuyó la situación a la presencia de un fenómeno de «El Niño» de carácter tardío.
El funcionario señaló que el año hídrico concluye el 30 de septiembre y el nuevo ciclo comienza el 1 de octubre. Habitualmente, el máximo de acumulación de nieve se registra durante la primera quincena de septiembre, momento en el que los equipos técnicos realizan las mediciones de campo para determinar tanto la cantidad como la densidad de la nieve acumulada.
Sin embargo, los modelos meteorológicos actuales indican que las nevadas más importantes podrían producirse hacia fines de septiembre o incluso durante los primeros días de octubre, modificando el calendario habitual de trabajo.
La importancia de medir en el momento adecuado
Devia explicó que una medición anticipada podría dejar afuera parte de la acumulación si las nevadas continúan posteriormente. A la inversa, si el relevamiento se realiza demasiado tarde, el aumento de las temperaturas puede provocar el inicio del deshielo y alterar la densidad de la nieve, afectando la precisión de los datos.
Por ese motivo, estimó que el informe definitivo podría presentarse aproximadamente dos semanas después de lo previsto, con el objetivo de reflejar de manera más precisa el pico de acumulación nívea.
El impacto de un «Niño tardío»
Según detalló el secretario, distintos especialistas nacionales e internacionales vienen advirtiendo que este episodio de «Niño tardío» no respondería a los patrones observados en ciclos anteriores. Mientras que en otros años las precipitaciones más intensas se concentraban hacia diciembre o enero, las proyecciones actuales desplazan el mayor nivel de actividad hacia el tramo final del verano.
En ese contexto, las previsiones indican que durante febrero y posiblemente marzo podrían registrarse lluvias de fuerte intensidad en la región. Esta situación obliga a mantener activos los mecanismos de monitoreo y prevención frente a eventuales fenómenos climáticos extremos.
Monitoreo permanente y trabajo conjunto
Frente a este escenario, la Secretaría de Recursos Hídricos implementará un esquema de seguimiento continuo. «Vamos a ir haciendo un seguimiento y avances en la información permanente para que no quede descolocado», afirmó Devia.
Mientras se completa el informe definitivo, se elaborarán prepronósticos con información actualizada a partir de los datos obtenidos en tiempo real. Para ello, el Departamento de Hidráulica dispone de cámaras de acceso público instaladas en puntos estratégicos de la cordillera, que permiten verificar de manera inmediata la ocurrencia de nevadas.
El funcionario también destacó el trabajo coordinado con el Consejo Hídrico Federal (CoHiFe), organismo en el que participan todas las provincias para debatir las políticas hídricas del país. En San Juan, además, las tareas se desarrollan junto a investigadores de la Universidad Nacional de San Juan, entre ellos Oscar Dölling, Germán Poblete y Silvio Pastore, además de la participación de la Secretaría de Ambiente mediante la Dirección de Cambio Climático.
«El definitivo saldrá cuando la naturaleza lo diga», concluyó Devia, al remarcar que la prioridad será garantizar la precisión técnica del pronóstico por encima del cumplimiento estricto de los plazos previstos.
El pronóstico de escurrimiento para el período 2026-2027 en San Juan podría demorarse alrededor de dos semanas debido a un cambio en el comportamiento de las nevadas de alta montaña asociado a un «Niño tardío». La Secretaría de Recursos Hídricos priorizará mediciones más precisas y difundirá prepronósticos mientras continúa el monitoreo de la cordillera.
Quince días de demora para un informe que define buena parte de la planificación del agua. No es un problema de papeles ni de computadoras: es la cordillera haciendo recordar que el cronograma más importante sigue siendo el de la naturaleza.
Es como querer sacar la foto de un cumpleaños antes de que lleguen los invitados. Si medís la nieve demasiado temprano, todavía falta caer. Si esperás demasiado, el calor empieza a borrar parte del escenario. La montaña tiene menos ansiedad que cualquier oficina y bastante menos interés por cumplir fechas administrativas.
El llamado «Niño tardío» cambió el libreto. Las nevadas que normalmente alcanzan su punto máximo durante la primera quincena de septiembre ahora podrían aparecer recién hacia fines de ese mes o incluso en los primeros días de octubre. Mientras tanto, los técnicos hacen equilibrio entre esperar lo suficiente para obtener datos completos y no hacerlo tanto como para que el deshielo altere las mediciones.
La consecuencia no es solamente un informe que llega más tarde. También obliga a mantener el radar puesto sobre un verano que podría traer lluvias intensas entre febrero y marzo, un detalle que convierte cualquier pronóstico en una pieza que necesita actualización permanente y no una foto congelada.
Por eso habrá prepronósticos, monitoreo continuo y cámaras apuntando a la cordillera para seguir la evolución de las nevadas. La tecnología ayuda, los especialistas analizan y los modelos proyectan. Pero la última palabra sigue estando varios miles de metros sobre el nivel del mar.
Hay calendarios que se imprimen todos los años. Y después está el de la montaña, que nunca pidió autorización para cambiarlos.