Este 11 de septiembre tenía que ser de Endo Verde. Y así fue. El alazán respondió a su condición de favorito y se quedó con el Clásico Sarmiento después de una definición en la que volvió a demostrar el excelente momento que atraviesa.
Desde la partida, Endo Verde se posicionó en la parte posterior del pelotón. Las dos primeras curvas transcurrieron con el favorito esperando su oportunidad y, al aproximarse a la tercera, Noriega comenzó a acomodarlo para preparar el avance definitivo.
Mientras tanto, A Mares asumió el desgaste frente a Ettore y Señor Importante, los ejemplares del Stud La Nona de Horacio Muñoz que aparecían como algunos de los principales rivales de Endo Verde.
Una definición para quedarse con toda la gloria
Al ingresar en la recta final, Agavero se pegó a la baranda y avanzó por el sector interno de la pista hasta conseguir una pequeña ventaja. Sin embargo, todavía faltaba la respuesta del gran favorito.
Endo Verde comenzó a cerrarse, alcanzó a su rival y emparejó la línea. En los metros decisivos hizo valer su gran presente y terminó imponiéndose para quedarse con el Clásico Sarmiento.
La victoria desató la celebración en las tribunas. El caballo que concentraba buena parte de las expectativas respondió dentro de la pista y completó una jornada inolvidable para el Jockey Club.
Un año marcado por grandes victorias
El triunfo en San Juan amplió una campaña que ya había tenido dos capítulos destacados en Mendoza. Endo Verde ganó el Vendimia en marzo y volvió a imponerse en julio en el Patrono Santiago. El gran desafío pendiente era el Clásico Sarmiento.
En la edición de 2025 había participado de la carrera que terminó con la victoria de Solicitadísimo. Este 11 de septiembre, en cambio, Endo Verde consiguió su propia página de gloria y entró en la historia del turf sanjuanino con una victoria celebrada por el público que lo había elegido como favorito.
Endo Verde se consagró este 11 de septiembre en el Clásico Sarmiento y coronó una jornada inolvidable en el Jockey Club. Conducido por Noriega, el alazán remontó desde la parte posterior del pelotón y definió la carrera en los metros finales. La victoria se sumó a sus conquistas del Vendimia y el Patrono Santiago en Mendoza.
El 11 de septiembre parecía tener el nombre de Endo Verde escrito desde temprano, aunque el alazán decidió agregarle suspenso al asunto porque ganar de punta a punta habría resultado demasiado administrativo. Mientras buena parte de las tribunas esperaba verlo adelante, el favorito se acomodó en la parte posterior del pelotón con esa tranquilidad reservada para quienes parecen saber algo que el resto descubrirá varios minutos después.
Pasaron las primeras curvas y Noriega comenzó a preparar la maniobra. Adelante, A Mares se encargaba del desgaste frente a Ettore y Señor Importante, los representantes del Stud La Nona de Horacio Muñoz que aparecían como grandes adversarios del favorito. Todo transcurría según el delicado orden del turf: varios caballos buscando la gloria, una multitud haciendo cálculos emocionales y Endo Verde esperando el momento indicado para recordar por qué todos habían ido a verlo.
En la recta definitiva apareció Agavero. El mendocino se pegó a la baranda, encontró espacio por dentro y consiguió una pequeña ventaja. Durante unos instantes pareció dispuesto a cometer el sacrilegio deportivo de arruinarle la celebración al favorito. Pero entonces apareció Endo Verde. Se fue cerrando, emparejó la línea y convirtió los últimos metros en una declaración de autoridad. Donde otros llegaban al límite, el alazán todavía tenía una marcha reservada.
La tribuna obtuvo finalmente aquello que había pedido: el favorito respondió. Y no precisamente con discreción. Después de ganar el Vendimia en marzo y el Patrono Santiago en julio, ambos en Mendoza, quedaba pendiente el Clásico Sarmiento. En 2025 había corrido en la edición que terminó consagrando a Solicitadísimo; esta vez decidió que mirar la historia desde un papel secundario ya era suficiente. Endo Verde cruzó adelante y convirtió el viernes del Jockey Club en su propia función de gala. El señor de la película había llegado al último acto y, como corresponde a todo protagonista que se respete, se quedó con el final.