San Luis cerró el fin de semana largo con un 58% de ocupación turística, impulsado por una agenda que combinó gastronomía, cultura, deporte y propuestas familiares en distintos puntos de la provincia. Villa de Merlo, Juana Koslay, Potrero de los Funes, La Carolina, San Francisco del Monte de Oro, San Gerónimo y Balde estuvieron entre los destinos con mayor movimiento.
San Luis terminó el fin de semana largo con un 58% de ocupación turística y una agenda tan cargada que daba la impresión de que la provincia había decidido competir contra el aburrimiento con todos los recursos disponibles. Hubo dulzura en Merlo, globos aerostáticos en Juana Koslay, carreras, música, gastronomía, espectáculos y actividades familiares. Faltó que alguien organizara una cumbre diplomática entre turistas y prestadores para declarar oficialmente que no quedaba tiempo libre.
La 35° Fiesta Nacional de la Dulzura volvió a convertir a Villa de Merlo en territorio de peregrinación gastronómica, con productores y emprendedores mostrando que el azúcar también puede funcionar como política de atracción turística. Mientras tanto, en Juana Koslay, San Luis Flota sumó globos aerostáticos, música y comida, una combinación que responde a una pregunta que aparentemente nadie había formulado pero que ahora parece indispensable: qué pasa si se mezcla paisaje, altura y gastronomía en un mismo evento.
El Cine Teatro San Luis aportó el costado cultural con la presentación de Noelia Pace y el concierto del Coro La Marea, mientras Corre San Luis hizo lo propio desde el deporte. Así, algunos visitantes recorrieron ferias, otros asistieron a espectáculos y otros directamente eligieron correr, porque aparentemente descansar durante un fin de semana largo también puede incluir varios kilómetros de actividad física voluntaria.
El movimiento se extendió además a San Gerónimo, Balde, Potrero de los Funes, La Carolina y San Francisco del Monte de Oro. El resultado fue una distribución turística que benefició a alojamientos, restaurantes, comercios, emprendedores y prestadores. En otras palabras, San Luis volvió a aplicar una fórmula bastante menos misteriosa de lo que parece: ofrecer actividades, repartirlas por el territorio y esperar que los visitantes encuentren suficientes razones para postergar el regreso a casa.