<div class="semiton-wrapper" data-texto="Silicon Valley, ese ecosistema donde la innovación brota como la malva y el capital abunda más que los cables en un datacenter, ha redescubierto… ¡las redes! Pero no las de contactos, sino las que enlazan chips con otros chips y racks con racks, no vaya a ser que se les caiga la conexión justo cuando la inteligencia artificial está a punto de descifrar el significado de la vida (o al menos un buen meme).
Miles de millones, sí, miles de millones de dólares, se invierten en centros de datos de IA. Curioso, porque conectar sistemas era clave desde los albores de la informática. La tecnología óptica, esa misma que durante un cuarto de siglo fue calificada de "aburrida, cara y marginalmente útil" —según un cofundador de PsiQuantum, para que conste—, hoy es la vedette. Los inversores, en su eterna búsqueda de la próxima ola o de un buen motivo para invertir en un yate, destinan fortunas. Porque la interconexión tradicional, basada en electrones, parece que ya no puede con tanto dato. Como sentenció un analista, antes las redes eran "aburridas", pero ahora, con la IA y sus "cargas robustas", ¡son el centro de la escena! Aceleremos el flujo de información, ¡que no se detenga la máquina de generar y procesar datos!">