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La inteligencia artificial, esa criatura digital que prometía un futuro brillante (y quizás un poco flojo, ¡admitámoslo!), ahora enfrenta una profecía apocalíptica de boca de alguien que sabe un par de cosas sobre crear mundos: Dan Houser, el cerebro detrás de los universos que nos robaron miles de horas de vida. El tipo, que ahora tiene la libertad de decir lo que piensa sin que le pregunten dónde está GTA VI, tiró la bomba atómica en una charla con VirginRadioUK. ‘La IA se comerá a sí misma’, sentenció. Y claro, ¿cómo no? Si alimentás a la bestia con su propia caca digital, ¿qué esperabas? ¿Un unicornio de píxeles? ¡No! Esperabas el equivalente tecnológico de la enfermedad de las vacas locas.

Sí, queridos lectores, la ‘enfermedad de las vacas locas’ digital. Imaginen el panorama: la IA buscando inspiración en internet, y lo único que encuentra es… más IA. Es como un bucle infinito de espejos donde la creatividad se diluye en una sopa indistinguible de algoritmos recalentados. ¿Se acuerdan de las vacas locas? Yo tampoco, pero el miedo era real. Ahora, el miedo es que tu próxima película favorita sea escrita por un bot que se inspiró en otro bot que leyó un tercer bot. ¡Qué bajón!

Pero la cosa no termina ahí. Houser, con la sabiduría que solo te da haber creado Vice City, también le pegó un palo a los profetas de la singularidad: ‘Los que dicen que la IA va a superar a los humanos en creatividad… miren, los desarrolladores de estas cosas no son exactamente los más humanos ni los más creativos’. ¡TOMA! Un cachetazo de realidad para los gurúes de Silicon Valley que piensan que un código puede sentir más que un tango. Presentar a la IA como reemplazo del talento humano es, para él, ‘obviamente falso’. Y sí, obvio que es falso. ¿Acaso una IA podría escribir ‘Bohemian Rhapsody’? ¡Ni a palos!

Mientras tanto, el mundo ya está inundado de imágenes hiperrealistas, rostros que nunca existieron y escenas tan perfectas que te hacen dudar si tu abuela realmente visitó la Antártida. Los expertos ya lo advierten: la verdad es el primer cadáver en la guerra de la información. Prepárense para una era donde cada foto de un choripán perfecto en redes sociales podría ser una creación de un algoritmo hambriento. ¿Quién dijo que el fin de la humanidad no sería divertido (y un poco ridículo)?
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