Mauricio Macri retomó el contacto directo con Karina Milei y habilitó una nueva instancia de diálogo entre el PRO y la Casa Rosada. El expresidente comunicó a la mesa ejecutiva de su partido que mantuvo una conversación con la secretaria General de la Presidencia el lunes y, a partir de ese intercambio, decidió avanzar con un primer acercamiento político al Gobierno.
Como consecuencia de esa comunicación, Macri pidió a Cristian Ritondo, presidente del bloque de diputados nacionales del PRO, y a Fernando de Andreis, secretario general partidario, que participen este jueves de una reunión con el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y representantes de la conducción política del oficialismo.
Karina Milei adoptó una decisión equivalente dentro de la estructura gubernamental y solicitó a Santilli y a Lule Menem que participen del encuentro con los dirigentes del PRO.
Un primer intento para reconstruir la confianza
Macri informó la novedad en el chat que comparten los integrantes de la mesa ejecutiva del PRO. Allí explicó que había mantenido días atrás una conversación con Karina Milei y detalló las decisiones adoptadas después de ese contacto.
El mensaje fue enviado minutos después de las 16.40. En ese intercambio interno, el exmandatario señaló que el objetivo de la reunión será “dar un primer paso de acercamiento” e intentar “construir un marco de confianza” con la Casa Rosada.
La apertura del diálogo no implica, sin embargo, que hayan desaparecido las diferencias. Macri reconoció ante los principales dirigentes del partido que continúa siendo “escéptico” respecto de las posibilidades de alcanzar un entendimiento estable con la administración libertaria.
Al mismo tiempo, sostuvo que durante este año resulta necesario “agotar todo intento de que a este gobierno le vaya bien”. Esa definición establece un marco para la estrategia que el expresidente pretende impulsar durante los próximos meses, aun cuando persistan diferencias con la conducción libertaria.
El nuevo contacto representa un cambio relevante en la relación entre el PRO y La Libertad Avanza. El diálogo entre Karina Milei y Macri se produjo después del Mundial, tras un período de distanciamiento entre el fundador del PRO y el núcleo político más cercano al presidente Javier Milei.
En paralelo, dentro del partido amarillo se profundizó durante los últimos meses la discusión sobre qué posición adoptar frente al Gobierno y cómo preservar una identidad propia de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
La conversación tuvo además una consecuencia política concreta: Macri resolvió delegar en dos dirigentes centrales de su estructura partidaria la apertura de una nueva instancia de negociación con el oficialismo.
Ritondo participará por su condición de jefe del bloque de Diputados, mientras que De Andreis lo hará como secretario general del PRO y uno de los dirigentes de mayor confianza del expresidente.
El debate interno del PRO y el rol de Santilli
La decisión de comunicar personalmente el diálogo con Karina Milei ante la mesa ejecutiva buscó también ordenar el movimiento dentro del PRO. El partido mantiene desde hace meses una discusión sobre el vínculo que debe sostener con el oficialismo y sobre el nivel de autonomía política que necesita conservar para competir en 2027.
En ese contexto, Macri procuró que el acercamiento tuviera carácter institucional y fuera conocido por la conducción partidaria. La elección de Ritondo y De Andreis responde a esa lógica: uno representa al PRO en su principal estructura legislativa y el otro ocupa uno de los cargos centrales de la organización partidaria.
Por parte del Gobierno, Santilli encabezará la reunión junto con otros representantes de la conducción política oficialista. Su participación adquiere relevancia por su pasado dentro del PRO, sus vínculos históricos con numerosos dirigentes del espacio y su capacidad para actuar como interlocutor entre estructuras que atravesaron numerosas tensiones.
Por el momento, Macri planteó un objetivo limitado y evitó hablar de un acuerdo electoral o de una alianza para 2027. Tampoco presentó esta instancia como un proceso de integración entre el PRO y La Libertad Avanza.
El expresidente tampoco retiró los cuestionamientos que viene formulando sobre distintos aspectos de la administración nacional. La admisión de que mantiene una posición “escéptico” respecto del eventual resultado de las conversaciones permite establecer los límites con los que el propio Macri encara esta etapa.
La iniciativa, por lo tanto, no supone todavía una reconciliación. El expresidente no comunicó a la conducción del PRO un cambio en su evaluación general sobre el Gobierno ni describió la conversación con Karina Milei como el comienzo de un acuerdo político definitivo.
Lo que resolvió fue habilitar un nuevo intento de entendimiento y colocar la recuperación de la confianza como primera condición para avanzar en cualquier negociación posterior.
La segunda definición política contenida en el mensaje tiene una dimensión más amplia. Pese a las diferencias existentes, Macri considera que durante este año el PRO debe realizar todos los esfuerzos posibles para contribuir a que la gestión de Milei tenga resultados favorables.
Esa posición se incorpora directamente a una discusión que atraviesa al partido. Por un lado, existen dirigentes que consideran necesario mantener la cooperación con el Gobierno y evitar acciones que puedan interpretarse como un intento de debilitarlo.
Por otro, sectores del PRO sostienen que el espacio necesita profundizar su diferenciación política y reconstruir una agenda propia si pretende competir con posibilidades en las elecciones de 2027.
Macri intenta ubicarse entre ambas posiciones. Desde el comienzo de la administración libertaria respaldó buena parte del programa económico y diversas reformas estructurales promovidas por Milei, aunque simultáneamente manifestó cuestionamientos sobre la gestión y sobre la estrategia de construcción política del oficialismo.
Ese equilibrio aparece reflejado en el mensaje enviado a la conducción partidaria: Macri mantiene sus objeciones, pero considera que aún existe margen para intentar una recomposición.
La decisión de enviar a Ritondo y De Andreis a dialogar con el Gobierno convierte esa posición en un movimiento político concreto.
Una relación marcada por acuerdos y tensiones
El contacto directo con Karina Milei incorpora además un elemento político de peso. La conversación no se desarrolló entre operadores secundarios ni respondió exclusivamente a una negociación parlamentaria puntual.
Participaron la secretaria General de la Presidencia, hermana del Presidente y una de las principales figuras del esquema de poder libertario, y el fundador y principal referente político del PRO.
La conversación posterior al Mundial permitió de ese modo reabrir un canal entre las máximas conducciones de ambos espacios.
Desde el inicio de la presidencia de Milei, la relación entre el PRO y La Libertad Avanza estuvo caracterizada por una combinación de cooperación legislativa y enfrentamientos políticos.
Los legisladores amarillos acompañaron una parte significativa de las principales iniciativas promovidas por la Casa Rosada y resultaron determinantes en distintas votaciones. Sin embargo, esas coincidencias parlamentarias nunca lograron transformarse en un entendimiento político estable.
En diferentes etapas se analizó incluso la posibilidad de avanzar hacia una integración más profunda. Esos contactos encontraron obstáculos en las diferencias sobre la identidad partidaria, la estrategia electoral y, especialmente, en una relación entre ambas conducciones que no consiguió consolidar niveles suficientes de confianza.
Ese antecedente explica por qué la reconstrucción de la confianza aparece ahora como el primer objetivo formal de la nueva etapa.
La reunión prevista para este jueves funcionará como la primera prueba del acercamiento. Ritondo y De Andreis llegarán con un mandato directo de Macri después de la conversación entre el expresidente y Karina Milei. Del otro lado estarán Santilli y representantes de la estructura política gubernamental.
El encuentro se desarrollará además en un escenario en el que la Casa Rosada necesita mantener capacidad de articulación política para sostener su agenda legislativa.
El PRO conserva un peso relevante en el Congreso y sus votos pueden resultar decisivos en iniciativas para las que el oficialismo necesita reunir mayorías por fuera de sus propios bloques.
Para el partido amarillo, mientras tanto, la negociación también tiene una dimensión electoral. Aunque todavía restan definiciones para 2027, su dirigencia deberá resolver si procura una nueva convergencia con Milei, construye una alternativa propia o adopta un esquema que le permita respaldar determinadas políticas oficiales sin resignar autonomía.
El nuevo diálogo entre Karina Milei y Mauricio Macri no responde todavía esas preguntas, pero sí modifica el escenario político entre ambos sectores.
Después del Mundial, los dos dirigentes retomaron el contacto y esa conversación produjo una primera consecuencia concreta: representantes del PRO y del Gobierno volverán a sentarse en una mesa para intentar recomponer una relación deteriorada.
Macri dejó establecido ante la conducción partidaria que mantiene sus dudas, aunque también definió una posición para los próximos meses: antes de adoptar una estrategia definitiva frente a Milei, considera necesario explorar las posibilidades de entendimiento y contribuir al funcionamiento del Gobierno.
La reunión entre Ritondo, De Andreis, Santilli y los representantes de la conducción oficialista será el primer paso para determinar si esa nueva instancia puede avanzar más allá de una reapertura formal del diálogo.
Mauricio Macri retomó el diálogo con Karina Milei y habilitó una nueva instancia de negociación entre el PRO y el Gobierno nacional. Tras una conversación mantenida el lunes, el expresidente encargó a Cristian Ritondo y Fernando de Andreis reunirse este jueves con Diego Santilli y referentes oficialistas para intentar reconstruir la confianza entre ambos espacios de cara a los próximos meses.
Macri volvió a hablar con Karina Milei y el PRO regresó a la mesa de negociación con la Casa Rosada. Después de meses de distancia, reproches y una relación política con más idas y vueltas que una ventanilla de organismo público, ambos espacios decidieron probar nuevamente si todavía queda confianza para reconstruir.
La llamada tuvo efecto inmediato: Macri mandó a Cristian Ritondo y Fernando de Andreis a conversar con Diego Santilli y la conducción política oficialista. No es todavía una alianza, una reconciliación ni una foto de familia; por ahora es esa instancia argentina en la que dos sectores que discutieron durante meses aceptan sentarse en la misma mesa y comprobar si todavía recuerdan la contraseña del Wi-Fi.
El propio Macri avisó que sigue siendo “escéptico”, una palabra suficientemente diplomática como para no cerrar la puerta y suficientemente clara como para no encargar todavía las empanadas del festejo. Al mismo tiempo, sostuvo que durante este año hay que “agotar todo intento de que a este gobierno le vaya bien”, mientras el PRO intenta decidir cuánto acercarse a Milei sin terminar convertido en una sucursal con logo amarillo.
Del lado libertario, Karina Milei también activó a Santilli y Lule Menem. Así, el Gobierno y el PRO volvieron a desplegar esa especialidad de la política nacional en la que primero se mide la distancia, después se discute la identidad, luego se habla de confianza y finalmente se agenda una reunión para averiguar si existe alguna posibilidad de dejar de discutir sobre la confianza.
El problema de fondo sigue intacto: el PRO necesita definir qué quiere ser en 2027, mientras la Casa Rosada necesita aliados para sostener su agenda legislativa. Por eso la reunión puede ser apenas un café diplomático o el primer movimiento de una negociación mayor.
Por ahora no hay reconciliación. Hay mesa, emisarios y cautela: en la política argentina, prácticamente un compromiso formal.