Candela Arizaga negó haber sufrido violencia de género por parte de Facundo Moyano y afirmó que no recuerda con claridad buena parte de lo ocurrido durante el episodio que dio origen a la investigación. Un informe elaborado tras entrevistarla señaló que, por su estado físico, mental y emocional, no fue posible obtener información suficiente para evaluar indicadores concretos de riesgo.
La profesional interviniente detalló que Candela se encontraba dormida y somnolienta cuando llegaron y que estaba acompañada por una consigna policial y una amiga.
Durante la entrevista, Arizaga sostuvo que no tenía recuerdos precisos de aquella madrugada. Al ser consultada específicamente por la denuncia, afirmó: “No hubo violencia de género como se está diciendo”.
De acuerdo con su relato, la joven recordó que se encontraba con Facundo Moyano, su novio, y que ambos habían consumido alcohol o drogas. Sin embargo, no logró precisar qué sucedió posteriormente ni explicar por qué terminó huyendo del departamento.
También manifestó que su perro se había escapado y que, en determinado momento, pidió ayuda a un colectivo, aunque no pudo precisar qué la llevó a hacerlo.
Los factores de vulnerabilidad señalados por los especialistas
Los profesionales concluyeron que no fue posible reunir información suficiente para valorar indicadores concretos de riesgo vinculados con una situación de violencia de género, “debido al estado de salud física, mental y emocional de Candela al momento de la entrevista”.
No obstante, identificaron distintos factores de vulnerabilidad que podrían condicionar su capacidad para relatar los hechos. Entre ellos mencionaron la asimetría de poder por cuestiones de edad, género y por la posición laboral y política del denunciado.
También señalaron el tenor de los hechos denunciados y la existencia de signos compatibles con consumo abusivo de sustancias psicoactivas y/o alcohol por parte de ambos.
Otro aspecto considerado fue la exposición mediática y pública de la joven, una circunstancia que, según el informe, podría generar presiones capaces de condicionar su relato.
Los especialistas también destacaron la dificultad de Arizaga para precisar los acontecimientos y una “reticencia a profundizar sobre la dinámica de la relación”. A eso se sumaron su negativa a instar la acción penal y a aceptar medidas de protección.
El informe describió además una situación de vulnerabilidad integral asociada a su género, edad, estado de salud y exposición mediática.
Qué declaró Candela Arizaga ante la Justicia
Durante su declaración en la Fiscalía, Arizaga, representada por el abogado Roberto Herrera, negó haber sido víctima de violencia por parte del dirigente sindical, aseguró que no recuerda una parte considerable de lo ocurrido y pidió que se levantaran las restricciones existentes para poder retomar el vínculo.
Al reconstruir los días anteriores al episodio, relató que pasó el fin de semana con Moyano, compartió una comida familiar con él, asistieron juntos a la cancha de River y posteriormente regresaron al departamento del dirigente, donde vieron una película.
La joven declaró que aquella noche consumió cocaína y que al día siguiente decidió avisarle a la empleada doméstica que no fuera a trabajar porque ambos habían trasnochado. También afirmó que no consumió la droga junto con Moyano y sostuvo que la sustancia era de ella.
“Yo venía con cambios en estado de ánimo y no fue una buena mezcla y tuve un brote psicótico”, declaró Arizaga.
Asimismo, sostuvo que nunca había atravesado anteriormente una situación similar y relacionó ese episodio con problemas personales y con el hecho de “sentirse sola porque su familia vive lejos”.
Los recuerdos fragmentados sobre el episodio
Al referirse específicamente a lo sucedido aquella madrugada, Arizaga volvió a señalar que conserva recuerdos poco claros. “Lo poco que me acuerdo es que yo estaba corriendo en la calle… sentía que me perseguía y no sabía ni quién era”, afirmó.
También contó que llegó a preguntarles a los efectivos policiales “si Facundo me estaba corriendo, si era real o una imaginación”.
Según su declaración, en ese momento creyó que el colectivo al que había acudido estaba en movimiento, aunque posteriormente supo que se encontraba detenido. Arizaga expresó además que supone que fue el chofer del vehículo quien llamó al 911.
La joven afirmó que no recuerda haber discutido con Moyano ni haber mantenido relaciones sexuales con él antes del episodio. Tampoco recordó que el dirigente hubiera intentado sujetarla para protegerla, aunque indicó que, después de observar las cámaras, considera que esa situación efectivamente pudo haber ocurrido.
“Cuando veo las imágenes no las recuerdo, lo que yo veía en ese momento era otra cosa, no lo que pasaba”, manifestó Arizaga durante su declaración.
La investigación deberá determinar, a partir de las declaraciones, los informes profesionales y el resto de las pruebas incorporadas al expediente, las circunstancias en las que se produjo el episodio y si existen elementos jurídicamente relevantes para avanzar en la causa.
Candela Arizaga negó haber sufrido violencia de género por parte de Facundo Moyano y aseguró que no recuerda con claridad gran parte del episodio investigado. Un informe profesional señaló que, debido a su estado físico, mental y emocional, no fue posible valorar indicadores concretos de riesgo, aunque identificó distintos factores de vulnerabilidad.
La causa que involucra a Candela Arizaga y Facundo Moyano quedó instalada en ese territorio particularmente incómodo donde la Justicia intenta reconstruir hechos mientras una de las protagonistas asegura no recordarlos con claridad y la exposición pública convierte cada detalle en combustible informativo. El informe profesional incorporó una precisión que debería bastar para desalentar conclusiones veloces: durante la entrevista no existían condiciones suficientes para determinar indicadores concretos de riesgo vinculados con violencia de género. Traducido al idioma menos espectacular del expediente: había más preguntas que respuestas.
Arizaga negó que hubiera existido violencia de género, pero también explicó que sus recuerdos de aquella madrugada son fragmentarios. En paralelo, los especialistas identificaron factores de vulnerabilidad vinculados con la diferencia de poder, el consumo de sustancias, la exposición mediática y su estado de salud. La combinación dejó un escenario en el que cualquier intento por fabricar una película completa con algunas escenas sueltas corre el riesgo de transformar una investigación judicial en una producción de suspenso escrita por demasiados guionistas.
La joven relató además que había consumido cocaína y atribuyó lo sucedido a un brote psicótico, mientras sostuvo que las imágenes registradas no coinciden con aquello que creía estar viviendo en ese momento. La paradoja es contundente: existen cámaras capaces de registrar movimientos, pero ninguna tecnología disponible puede filmar con la misma precisión lo que una persona percibe durante un episodio de alteración mental.
Por ahora, el expediente sigue obligado a hacer algo bastante menos vistoso que los titulares: determinar qué ocurrió, qué puede acreditarse y qué significado jurídico corresponde darle. Porque en una investigación de estas características la realidad no se completa con intuiciones, hashtags ni reconstrucciones instantáneas. Se completa, cuando es posible, con evidencia.