La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete comenzó a reconfigurar la relación entre el Gobierno nacional y las provincias. Gobernadores aliados y dialoguistas interpretan su designación como una oportunidad para recuperar canales de negociación con la Casa Rosada, aunque el antecedente de Guillermo Francos mantiene la cautela sobre el impacto que podría tener el cambio.
Apenas se confirmó su nombramiento, mandatarios de distintos espacios políticos expresaron públicamente su respaldo. Entre ellos se encuentran Rogelio Frigerio, Leandro Zdero, Ignacio Torres, Raúl Jalil, Rolando Figueroa, Alberto Weretilneck, Marcelo Orrego, Juan Pablo Valdés, Claudio Vidal, Gustavo Sáenz, Claudio Poggi, Jorge Macri y el fueguino Gustavo Melella, uno de los pocos gobernadores opositores que saludó la designación.
Una nueva etapa en el vínculo con las provincias
Durante los últimos meses, Santilli se desempeñó como ministro del Interior y fue el principal interlocutor entre el Ejecutivo nacional y los gobiernos provinciales. Su experiencia política y su capacidad de negociación le permitieron sostener el diálogo incluso en los momentos de mayor tensión entre la Nación y las provincias.
Con su llegada a la Jefatura de Gabinete, además de coordinar el funcionamiento del Poder Ejecutivo, volverá a concentrar las funciones vinculadas con el vínculo institucional con los gobernadores, luego de la reorganización del Gabinete nacional.
Expectativa, pero también cautela
En distintas provincias el cambio fue recibido con optimismo, aunque predomina una postura de prudencia respecto de los resultados concretos que pueda generar.
Los gobernadores esperan que la nueva etapa permita avanzar en negociaciones pendientes relacionadas con la distribución de recursos nacionales, obras públicas paralizadas y proyectos legislativos que requieren acuerdos entre la Nación y las provincias.
Sin embargo, varios mandatarios recuerdan que Guillermo Francos también asumió la Jefatura de Gabinete con el objetivo de fortalecer el diálogo político y absorber las funciones del Ministerio del Interior, aunque esa reorganización no logró evitar nuevos conflictos por fondos y decisiones administrativas.
Los desafíos que tendrá Santilli
Además de recomponer la relación con las provincias, el nuevo jefe de Gabinete deberá construir consensos para impulsar las principales iniciativas legislativas del oficialismo.
Entre ellas aparece la discusión sobre la reforma electoral, especialmente la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), un proyecto que todavía genera posiciones diversas incluso entre gobernadores que mantienen una relación cercana con el Gobierno nacional.
La estrategia oficial también contempla el trabajo coordinado con otros referentes del Ejecutivo. Mientras Santilli buscará consolidar acuerdos con los mandatarios provinciales, otros integrantes del Gobierno tendrán un rol clave en las negociaciones parlamentarias para reunir los apoyos necesarios.
El éxito de esa articulación será determinante para definir si la llegada de Santilli logra transformar las expectativas iniciales en acuerdos concretos o si, como ocurrió en experiencias anteriores, las dificultades políticas terminan imponiéndose sobre los cambios de nombres dentro del Gabinete.
La designación de Diego Santilli como jefe de Gabinete despertó expectativas entre gobernadores aliados y dialoguistas, que buscan recuperar un vínculo más fluido con la Casa Rosada. Sin embargo, el antecedente de Guillermo Francos, quien tampoco logró estabilizar la relación entre Nación y las provincias, mantiene la cautela sobre el alcance real del cambio.
En la política argentina los cambios de gabinete funcionan como los cambios de técnico en el fútbol: los primeros días todos aseguran que ahora sí llegó la persona indicada, que el clima mejoró y que el equipo recuperó la confianza. Después aparece el fixture, los resultados y la realidad se encarga de recordar que ningún nombramiento trae puntos debajo del brazo. La Casa Rosada acaba de mover una pieza importante y los gobernadores observan la jugada con una mezcla de entusiasmo y memoria.
Diego Santilli desembarca en la Jefatura de Gabinete con una ventaja que pocos funcionarios tienen: conoce a los gobernadores, habla el idioma de la política tradicional y entiende que una reunión sin café dura poco y una negociación sin llamados previos dura menos. En tiempos donde la motosierra fue protagonista del relato oficial, algunos mandatarios provinciales empiezan a ilusionarse con que vuelva una herramienta mucho más antigua: el diálogo.
Pero en las provincias nadie compra champagne antes de tiempo. Hace no tanto, Guillermo Francos también fue presentado como el hombre capaz de reconstruir puentes, destrabar conflictos y aceitar la relación con las jurisdicciones. La expectativa duró bastante más que los resultados. Los reclamos por fondos, las obras frenadas y las discusiones legislativas siguieron ocupando la agenda. Por eso, esta vez abundan las felicitaciones públicas, aunque las verdaderas conclusiones quedaron archivadas hasta que empiecen a llegar las respuestas.
Santilli recibe un escritorio, una agenda cargada y un desafío que no figura en ningún decreto: convencer a gobernadores que aprendieron a medir el optimismo con cuentagotas. Porque en la política nacional las designaciones generan titulares, pero son las transferencias, los acuerdos y las leyes las que terminan definiendo si un funcionario cambió la historia… o apenas cambió la placa con el nombre en la puerta del despacho.