La crisis que atraviesa FADEA, la fábrica de aviones de Córdoba, continúa profundizándose. A la escasa actividad productiva y el conflicto gremial permanente se sumaron en julio el pago fragmentado de los salarios, la demora en contratos ya negociados con la Fuerza Aérea Argentina (FAA) y la falta de definiciones sobre un posible acuerdo con la Federación Mexicana de la Industria Aeroespacial (FEMIA), considerado estratégico para el futuro de la empresa.
En paralelo, la conducción de la compañía cambió con la designación de Oscar López como presidente, en reemplazo de Julio Manco. Sin embargo, el relevo no modificó el escenario de incertidumbre que enfrenta la estatal, marcada por la tensión con el Sindicato de Trabajadores Aeronáuticos (STA), la ausencia de nuevos negocios y una compleja situación financiera.
Salarios en cuotas y reclamo gremial
Desde el STA informaron que los trabajadores percibieron únicamente el 60% de sus haberes correspondientes a julio. Frente a esa situación, el gremio anunció que presentará una denuncia ante la Secretaría de Trabajo de Córdoba y solicitará una audiencia con las nuevas autoridades de la empresa.
«Hace solo siete días el entonces vicepresidente llegó con un mensaje del ministro de Defensa diciendo que los sueldos estaban garantizados hasta fin de año. Por eso esto nos sorprendió totalmente», declaró Marcelo Bertorello, secretario general del sindicato.
Respecto de la nueva conducción, Bertorello agregó: «Esperábamos que nos anunciara novedades sobre la producción y los nuevos contratos. En cambio, nos encontramos con esta situación. Nos mostraron trabajos por fuera del Estado que estaban próximos a concretarse. Si se concreta siquiera el 50% de lo que nos presentaron, sería una nueva vida para FADEA».
Fuentes del sector aeronáutico sostienen que actualmente solo el 30% de la estructura productiva de FADEA permanece operativa. La actividad vigente se concentra principalmente en un contrato de provisión de componentes para la empresa brasileña Embraer.
Contratos demorados y oportunidades en riesgo
La falta de nuevos negocios también impacta sobre el personal. Según fuentes del sector, entre 200 y 250 trabajadores dejaron la empresa en los últimos 33 meses, mientras continúan sin avances las negociaciones con la Fuerza Aérea para la modernización de aviones Pampa, un proyecto valuado en 110 millones de dólares.
La demora en ese acuerdo limita la posibilidad de recuperar capacidad industrial y acceder a nuevos contratos internacionales. Entre ellos figura el proyecto de cooperación con FEMIA para el desarrollo de entrenadores IA-63 Pampa III Block 2, una iniciativa que podría abrir un mercado estimado en 600 millones de dólares.
Sin embargo, la incertidumbre que rodea a la empresa mantiene esa oportunidad en suspenso, mientras persisten las dudas sobre el rumbo que el Gobierno nacional definirá para la fábrica de aviones.
Una deuda millonaria con proveedores
La situación financiera también preocupa a los proveedores. La Cámara Industrial Metalúrgica de Córdoba sostiene que FADEA mantiene una deuda cercana a 20 millones de dólares con empresas del sector.
El dato fue expuesto por Santiago Sara, integrante de la comisión directiva de esa entidad, quien aseguró que «la inactividad es casi total, más allá del programa KC 390 de Embraer, que es lo único activo».
El dirigente también afirmó que la deuda con los proveedores ya lleva casi dos años sin resolverse y que no hubo avances en las negociaciones con el Ministerio de Defensa. «Más allá del cambio en el Ministerio de Defensa no hubo ningún avance», sostuvo.
Sara agregó además que los trabajadores acumulan un año sin aumentos salariales y describió el delicado escenario económico de la empresa: «FADEA no está ganando dinero. El problema es que lo que cobran no les alcanza para pagarnos a nosotros y para cubrir los gastos de producción», concluyó.
FADEA atraviesa una profundización de su crisis con salarios abonados en cuotas, contratos estratégicos demorados y una sostenida pérdida de personal. La empresa estatal mantiene baja actividad productiva, enfrenta una millonaria deuda con proveedores y continúa sin avances en acuerdos clave con la Fuerza Aérea Argentina y la industria aeroespacial mexicana, lo que agrava la incertidumbre sobre su futuro.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
El 60% del sueldo llegó. El otro 40% quedó en modo «próximamente». En una fábrica de aviones, donde todo debería despegar, la novedad del mes fue que los salarios aterrizaron en cuotas mientras los contratos siguen haciendo fila en la pista.
La escena tiene algo de colectivo que anuncia servicio completo pero circula con una sola rueda. Hay hangares, hay técnicos, hay proyectos millonarios sobre la mesa y hay presentaciones prometedoras. Lo que falta es el combustible que convierta los anuncios en producción. Porque un PowerPoint nunca ensambló un avión, aunque a veces parezca el componente más abundante del sector público.
El cambio de presidente tampoco disipó la niebla. Oscar López asumió en reemplazo de Julio Manco en medio de una empresa que cambia nombres en la conducción mientras los problemas conservan una envidiable estabilidad. Los trabajadores esperaban novedades sobre contratos y producción. Recibieron, en cambio, un salario incompleto y la promesa de una reunión. La diferencia entre expectativa y realidad quedó más grande que la pista de despegue.
Mientras tanto, los acuerdos con la Fuerza Aérea siguen demorados y el proyecto con la Federación Mexicana de la Industria Aeroespacial permanece flotando en una zona donde las oportunidades comerciales conviven con la incertidumbre. Un negocio potencial de cientos de millones de dólares depende de una empresa que hoy apenas mantiene activa una parte reducida de su capacidad productiva. Es como querer alquilar un salón de fiestas mientras todavía se está arreglando el techo.
A eso se suma una deuda con proveedores que ya lleva casi dos años y reclamos por unos 20 millones de dólares. Los proveedores esperan cobrar, los empleados esperan cobrar completo, los contratos esperan firmarse y la producción espera arrancar. La paciencia terminó siendo el recurso más fabricado por FADEA. Y, curiosamente, es el único que nunca figura en los balances.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La crisis que atraviesa FADEA, la fábrica de aviones de Córdoba, continúa profundizándose. A la escasa actividad productiva y el conflicto gremial permanente se sumaron en julio el pago fragmentado de los salarios, la demora en contratos ya negociados con la Fuerza Aérea Argentina (FAA) y la falta de definiciones sobre un posible acuerdo con la Federación Mexicana de la Industria Aeroespacial (FEMIA), considerado estratégico para el futuro de la empresa.
En paralelo, la conducción de la compañía cambió con la designación de Oscar López como presidente, en reemplazo de Julio Manco. Sin embargo, el relevo no modificó el escenario de incertidumbre que enfrenta la estatal, marcada por la tensión con el Sindicato de Trabajadores Aeronáuticos (STA), la ausencia de nuevos negocios y una compleja situación financiera.
Salarios en cuotas y reclamo gremial
Desde el STA informaron que los trabajadores percibieron únicamente el 60% de sus haberes correspondientes a julio. Frente a esa situación, el gremio anunció que presentará una denuncia ante la Secretaría de Trabajo de Córdoba y solicitará una audiencia con las nuevas autoridades de la empresa.
«Hace solo siete días el entonces vicepresidente llegó con un mensaje del ministro de Defensa diciendo que los sueldos estaban garantizados hasta fin de año. Por eso esto nos sorprendió totalmente», declaró Marcelo Bertorello, secretario general del sindicato.
Respecto de la nueva conducción, Bertorello agregó: «Esperábamos que nos anunciara novedades sobre la producción y los nuevos contratos. En cambio, nos encontramos con esta situación. Nos mostraron trabajos por fuera del Estado que estaban próximos a concretarse. Si se concreta siquiera el 50% de lo que nos presentaron, sería una nueva vida para FADEA».
Fuentes del sector aeronáutico sostienen que actualmente solo el 30% de la estructura productiva de FADEA permanece operativa. La actividad vigente se concentra principalmente en un contrato de provisión de componentes para la empresa brasileña Embraer.
Contratos demorados y oportunidades en riesgo
La falta de nuevos negocios también impacta sobre el personal. Según fuentes del sector, entre 200 y 250 trabajadores dejaron la empresa en los últimos 33 meses, mientras continúan sin avances las negociaciones con la Fuerza Aérea para la modernización de aviones Pampa, un proyecto valuado en 110 millones de dólares.
La demora en ese acuerdo limita la posibilidad de recuperar capacidad industrial y acceder a nuevos contratos internacionales. Entre ellos figura el proyecto de cooperación con FEMIA para el desarrollo de entrenadores IA-63 Pampa III Block 2, una iniciativa que podría abrir un mercado estimado en 600 millones de dólares.
Sin embargo, la incertidumbre que rodea a la empresa mantiene esa oportunidad en suspenso, mientras persisten las dudas sobre el rumbo que el Gobierno nacional definirá para la fábrica de aviones.
Una deuda millonaria con proveedores
La situación financiera también preocupa a los proveedores. La Cámara Industrial Metalúrgica de Córdoba sostiene que FADEA mantiene una deuda cercana a 20 millones de dólares con empresas del sector.
El dato fue expuesto por Santiago Sara, integrante de la comisión directiva de esa entidad, quien aseguró que «la inactividad es casi total, más allá del programa KC 390 de Embraer, que es lo único activo».
El dirigente también afirmó que la deuda con los proveedores ya lleva casi dos años sin resolverse y que no hubo avances en las negociaciones con el Ministerio de Defensa. «Más allá del cambio en el Ministerio de Defensa no hubo ningún avance», sostuvo.
Sara agregó además que los trabajadores acumulan un año sin aumentos salariales y describió el delicado escenario económico de la empresa: «FADEA no está ganando dinero. El problema es que lo que cobran no les alcanza para pagarnos a nosotros y para cubrir los gastos de producción», concluyó.
FADEA atraviesa una profundización de su crisis con salarios abonados en cuotas, contratos estratégicos demorados y una sostenida pérdida de personal. La empresa estatal mantiene baja actividad productiva, enfrenta una millonaria deuda con proveedores y continúa sin avances en acuerdos clave con la Fuerza Aérea Argentina y la industria aeroespacial mexicana, lo que agrava la incertidumbre sobre su futuro.
El 60% del sueldo llegó. El otro 40% quedó en modo «próximamente». En una fábrica de aviones, donde todo debería despegar, la novedad del mes fue que los salarios aterrizaron en cuotas mientras los contratos siguen haciendo fila en la pista.
La escena tiene algo de colectivo que anuncia servicio completo pero circula con una sola rueda. Hay hangares, hay técnicos, hay proyectos millonarios sobre la mesa y hay presentaciones prometedoras. Lo que falta es el combustible que convierta los anuncios en producción. Porque un PowerPoint nunca ensambló un avión, aunque a veces parezca el componente más abundante del sector público.
El cambio de presidente tampoco disipó la niebla. Oscar López asumió en reemplazo de Julio Manco en medio de una empresa que cambia nombres en la conducción mientras los problemas conservan una envidiable estabilidad. Los trabajadores esperaban novedades sobre contratos y producción. Recibieron, en cambio, un salario incompleto y la promesa de una reunión. La diferencia entre expectativa y realidad quedó más grande que la pista de despegue.
Mientras tanto, los acuerdos con la Fuerza Aérea siguen demorados y el proyecto con la Federación Mexicana de la Industria Aeroespacial permanece flotando en una zona donde las oportunidades comerciales conviven con la incertidumbre. Un negocio potencial de cientos de millones de dólares depende de una empresa que hoy apenas mantiene activa una parte reducida de su capacidad productiva. Es como querer alquilar un salón de fiestas mientras todavía se está arreglando el techo.
A eso se suma una deuda con proveedores que ya lleva casi dos años y reclamos por unos 20 millones de dólares. Los proveedores esperan cobrar, los empleados esperan cobrar completo, los contratos esperan firmarse y la producción espera arrancar. La paciencia terminó siendo el recurso más fabricado por FADEA. Y, curiosamente, es el único que nunca figura en los balances.