La demanda mundial de cobre continúa en crecimiento por el avance de la electrificación, la expansión de las redes eléctricas y el desarrollo de centros de datos, mientras la capacidad de la industria para incorporar nueva oferta enfrenta dificultades. En ese escenario, Argentina y Chile aparecen ante oportunidades y desafíos relevantes de cara a la próxima década.
La Agencia Internacional de Energía proyecta hacia 2035 un déficit de oferta de cobre. Para Argentina, ese escenario podría traducirse en un impacto sobre las reservas de divisas, el modelo productivo y el desarrollo de infraestructura vinculada a las regiones mineras.
Una eventual escasez global del metal podría impulsar los precios internacionales y favorecer el financiamiento de grandes emprendimientos que se encuentran en fases avanzadas de desarrollo.
Los grandes proyectos de cobre en Argentina
Especialistas de la industria minera argentina estiman que proyectos como Josemaría, Los Azules y El Pachón, en San Juan; Agua Rica/MARA, en Catamarca; y Taca Taca, en Salta, requieren desembolsos iniciales que en conjunto superarían los US$ 28.000 millones.
De acuerdo con las proyecciones mencionadas por analistas del sector, durante la próxima década podrían incorporarse nuevos proyectos cupríferos, mientras también se observa el desarrollo productivo asociado al área de Vaca Muerta.
En caso de concretarse las estimaciones planteadas, los ingresos mineros anuales de Argentina podrían superar los US$ 35.000 millones en 2035.
La creciente demanda derivada de los vehículos electrificados, las redes eléctricas y los centros de datos destinados a inteligencia artificial también podría colocar al país en una posición de mayor relevancia internacional. Las proyecciones indican que Argentina podría aportar entre el 5% y el 6% de la oferta mundial de cobre para 2035.
Ese escenario incrementaría la importancia estratégica del país frente a las grandes economías que buscan asegurar cadenas de suministro de minerales críticos fuera de zonas atravesadas por conflictos internacionales.
Chile enfrenta el desafío de aumentar su productividad
Chile es actualmente el principal productor mundial de cobre y enfrenta un escenario en el que el crecimiento de la demanda supone, al mismo tiempo, una oportunidad y un desafío para su industria.
El desarrollo de nuevos proyectos mineros puede demandar más de una década, por lo que el aumento de la producción también dependerá de la capacidad de mejorar el rendimiento de las operaciones que ya se encuentran en funcionamiento.
En este contexto, la incorporación de tecnología e inteligencia artificial aparece entre las herramientas consideradas por la industria para elevar la productividad y sostener la competitividad.
“Esa brecha del 25% no es un número lejano, es básicamente decirle al mundo que, si seguimos operando como hasta ahora, no vamos a poder responder a la demanda que se viene. Y Chile, que es el principal productor de cobre del planeta, tiene ahí una responsabilidad y una oportunidad enorme”, señala Nicolás Orellana, CCO de X Analytic, empresa especializada en inteligencia artificial aplicada a la minería.
La demanda mundial de cobre crece impulsada por la electrificación, las redes eléctricas y los centros de datos, mientras la Agencia Internacional de Energía proyecta un déficit de oferta hacia 2035. En ese escenario, Argentina podría ampliar su participación global mediante proyectos en San Juan, Catamarca y Salta, con inversiones iniciales estimadas en más de US$ 28.000 millones.
El mundo descubrió que para electrificar vehículos, expandir redes eléctricas y alimentar centros de datos gigantescos hace falta cobre, bastante cobre, una revelación comparable a confirmar que para llenar una pileta se necesita agua. La diferencia es que la Agencia Internacional de Energía advierte que hacia 2035 podría faltar oferta, y entonces los grandes consumidores globales comenzaron a mirar los mapas mineros con ese entusiasmo particular que aparece cuando un recurso estratégico amenaza con convertirse en artículo de colección.
En ese tablero, Argentina aparece sentada sobre una oportunidad de dimensiones considerables: proyectos como Josemaría, Los Azules y El Pachón en San Juan, Agua Rica/MARA en Catamarca y Taca Taca en Salta forman parte de una cartera que, según estimaciones de especialistas de la industria, necesitaría más de US$ 28.000 millones de inversión inicial. Una cifra que obliga a agregar varios ceros antes de terminar de acomodarse en la silla.
Si las proyecciones se cumplen, los ingresos mineros anuales del país podrían superar los US$ 35.000 millones en 2035 y Argentina llegaría a aportar entre el 5% y el 6% de la oferta mundial de cobre. Dicho de otra manera: después de décadas en las que la economía nacional convirtió la búsqueda de dólares en una disciplina de resistencia, el subsuelo podría intentar incorporarse formalmente al equipo encargado de conseguirlos.
Chile, mientras tanto, observa el mismo panorama desde una posición diferente: ya es el principal productor mundial y sabe que abrir nuevas minas puede demandar más de una década. Por eso, además de sumar proyectos, el desafío pasa por obtener más rendimiento de las operaciones existentes mediante tecnología e inteligencia artificial. El cobre todavía no aprendió a extraerse solo, de modo que la productividad volvió a ocupar el centro de la escena con esa incómoda costumbre de los problemas importantes: llegar antes que las soluciones.
La carrera, además, excede a Sudamérica. Las principales potencias buscan asegurar cadenas de suministro de minerales críticos fuera de regiones atravesadas por conflictos. Así, un metal conocido desde hace miles de años terminó convertido en una de las piezas centrales de vehículos eléctricos, redes energéticas y servidores de inteligencia artificial. La modernidad, después de recorrer un camino extraordinariamente sofisticado, volvió a una pregunta bastante elemental: quién tiene el cobre y cuánto puede producir.