La inflación de julio no mostraría mejoras significativas frente al 1,9% registrado en junio, de acuerdo con las estimaciones elaboradas por distintas consultoras privadas durante las últimas semanas del mes.
Los relevamientos ubicaron al Índice de Precios al Consumidor entre 1,9% y 2,1%, en un período marcado por factores estacionales vinculados con las vacaciones de invierno, aumentos en alimentos y ajustes en precios regulados.
De confirmarse esas proyecciones, julio interrumpiría la tendencia descendente que el Gobierno busca consolidar. El dato oficial del Indec será publicado el jueves 13 de agosto.
Las estimaciones privadas para julio
EcoGo proyectó una suba mensual del 2,1%, el mismo porcentaje estimado por la Fundación Libertad y Progreso. EconViews calculó una variación cercana al 2%, mientras que Analytica presentó la previsión más baja, con un 1,9%.
En junio, el Instituto Nacional de Estadística y Censos había informado una inflación mensual del 1,9%. Según los analistas, la evolución de julio mostró un cambio respecto de la moderación observada durante los meses anteriores.
La aceleración habría sido impulsada por componentes estacionales y por incrementos concentrados en determinados rubros, especialmente alimentos, bebidas y productos regulados.
Qué ocurrió con los alimentos
De acuerdo con el último relevamiento de LCG, los precios de los alimentos y las bebidas aumentaron 0,3% durante la tercera semana de julio, después de no haber registrado variaciones en la semana anterior.
El promedio de inflación de las últimas cuatro semanas alcanzó así el 1,9%, lo que representó un incremento de 0,6 puntos porcentuales respecto del período previo.
Dentro de la categoría de alimentos y bebidas, los mayores aumentos se observaron en carnes, lácteos, panificados y bebidas. Durante la última semana analizada, las carnes subieron 0,8% y las bebidas avanzaron 0,9%.
En sentido contrario, las verduras registraron una baja del 1,4%, una variación que ayudó a moderar el incremento general del sector.
El dato mayorista y la preocupación por los combustibles
Como señal positiva, el Gobierno destacó que la inflación mayorista de junio fue del 1,1%, el registro más bajo de los últimos cuatro meses.
El indicador refleja las variaciones de los precios aplicados por productores e importadores en el mercado interno. Desde el oficialismo consideran que permite observar con mayor precisión la evolución previa de los precios, aunque su medición no incluye el costo de los servicios.
La atención de los analistas también se concentra en los combustibles, debido al riesgo de que futuros ajustes impacten sobre los costos de transporte y logística. Un incremento en ese rubro podría trasladarse posteriormente a distintos bienes y servicios, generando nuevas presiones sobre el índice general de precios.
Las consultoras privadas estimaron que la inflación de julio se ubicó entre 1,9% y 2,1%, sin mejoras significativas frente al registro de junio. Los alimentos, las vacaciones de invierno y los precios regulados explicaron parte de la dinámica. El dato oficial del Indec se conocerá el jueves 13 de agosto, mientras crece la preocupación por futuros aumentos en los combustibles.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Julio cerró sus persianas y dejó sobre el mostrador una inflación que, según las consultoras, se habría negado a colaborar con el relato de la desaceleración. Después del 1,9% de junio, el índice mensual habría quedado entre 1,9% y 2,1%, una diferencia tan pequeña que podría parecer estadística, salvo para cualquier persona que haya intentado llenar el changuito sin convertir la visita al supermercado en una auditoría patrimonial.
Las vacaciones de invierno hicieron su aporte estacional, los precios regulados cumplieron con su costumbre de regular principalmente el ánimo de los consumidores y los alimentos volvieron a demostrar que poseen una política monetaria propia. Carnes, lácteos, panificados y bebidas avanzaron durante el mes, mientras las verduras bajaron 1,4%, probablemente agotadas de cargar sobre sus hojas la responsabilidad histórica de salvar todos los índices.
El Gobierno pretende consolidar una tendencia descendente, pero julio habría decidido colocar una reposera en medio del camino. No se trataría de una aceleración descontrolada, aunque sí de una interrupción incómoda: ese momento en que el gráfico deja de bajar, mira a cámara y recuerda que la economía argentina nunca firma contratos de exclusividad con la tranquilidad.
Como noticia favorable, la inflación mayorista de junio fue del 1,1%, el menor registro de los últimos cuatro meses. El dato fue celebrado oficialmente como una señal más precisa sobre la evolución de los precios, aunque no contempla servicios. Es decir, el indicador ofrece una fotografía alentadora, siempre que nadie en la imagen necesite transporte, electricidad, alquiler, telefonía o cualquier otra actividad sospechosamente vinculada con la vida cotidiana.
La próxima preocupación aparece en los combustibles, cuyo impacto podría trasladarse a costos logísticos y precios finales. Porque en la extensa mitología inflacionaria argentina, la nafta nunca se limita a mover automóviles: también viaja escondida en camiones, góndolas y facturas, con una capacidad extraordinaria para llegar antes que cualquier programa de estabilización.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La inflación de julio no mostraría mejoras significativas frente al 1,9% registrado en junio, de acuerdo con las estimaciones elaboradas por distintas consultoras privadas durante las últimas semanas del mes.
Los relevamientos ubicaron al Índice de Precios al Consumidor entre 1,9% y 2,1%, en un período marcado por factores estacionales vinculados con las vacaciones de invierno, aumentos en alimentos y ajustes en precios regulados.
De confirmarse esas proyecciones, julio interrumpiría la tendencia descendente que el Gobierno busca consolidar. El dato oficial del Indec será publicado el jueves 13 de agosto.
Las estimaciones privadas para julio
EcoGo proyectó una suba mensual del 2,1%, el mismo porcentaje estimado por la Fundación Libertad y Progreso. EconViews calculó una variación cercana al 2%, mientras que Analytica presentó la previsión más baja, con un 1,9%.
En junio, el Instituto Nacional de Estadística y Censos había informado una inflación mensual del 1,9%. Según los analistas, la evolución de julio mostró un cambio respecto de la moderación observada durante los meses anteriores.
La aceleración habría sido impulsada por componentes estacionales y por incrementos concentrados en determinados rubros, especialmente alimentos, bebidas y productos regulados.
Qué ocurrió con los alimentos
De acuerdo con el último relevamiento de LCG, los precios de los alimentos y las bebidas aumentaron 0,3% durante la tercera semana de julio, después de no haber registrado variaciones en la semana anterior.
El promedio de inflación de las últimas cuatro semanas alcanzó así el 1,9%, lo que representó un incremento de 0,6 puntos porcentuales respecto del período previo.
Dentro de la categoría de alimentos y bebidas, los mayores aumentos se observaron en carnes, lácteos, panificados y bebidas. Durante la última semana analizada, las carnes subieron 0,8% y las bebidas avanzaron 0,9%.
En sentido contrario, las verduras registraron una baja del 1,4%, una variación que ayudó a moderar el incremento general del sector.
El dato mayorista y la preocupación por los combustibles
Como señal positiva, el Gobierno destacó que la inflación mayorista de junio fue del 1,1%, el registro más bajo de los últimos cuatro meses.
El indicador refleja las variaciones de los precios aplicados por productores e importadores en el mercado interno. Desde el oficialismo consideran que permite observar con mayor precisión la evolución previa de los precios, aunque su medición no incluye el costo de los servicios.
La atención de los analistas también se concentra en los combustibles, debido al riesgo de que futuros ajustes impacten sobre los costos de transporte y logística. Un incremento en ese rubro podría trasladarse posteriormente a distintos bienes y servicios, generando nuevas presiones sobre el índice general de precios.
Las consultoras privadas estimaron que la inflación de julio se ubicó entre 1,9% y 2,1%, sin mejoras significativas frente al registro de junio. Los alimentos, las vacaciones de invierno y los precios regulados explicaron parte de la dinámica. El dato oficial del Indec se conocerá el jueves 13 de agosto, mientras crece la preocupación por futuros aumentos en los combustibles.
Julio cerró sus persianas y dejó sobre el mostrador una inflación que, según las consultoras, se habría negado a colaborar con el relato de la desaceleración. Después del 1,9% de junio, el índice mensual habría quedado entre 1,9% y 2,1%, una diferencia tan pequeña que podría parecer estadística, salvo para cualquier persona que haya intentado llenar el changuito sin convertir la visita al supermercado en una auditoría patrimonial.
Las vacaciones de invierno hicieron su aporte estacional, los precios regulados cumplieron con su costumbre de regular principalmente el ánimo de los consumidores y los alimentos volvieron a demostrar que poseen una política monetaria propia. Carnes, lácteos, panificados y bebidas avanzaron durante el mes, mientras las verduras bajaron 1,4%, probablemente agotadas de cargar sobre sus hojas la responsabilidad histórica de salvar todos los índices.
El Gobierno pretende consolidar una tendencia descendente, pero julio habría decidido colocar una reposera en medio del camino. No se trataría de una aceleración descontrolada, aunque sí de una interrupción incómoda: ese momento en que el gráfico deja de bajar, mira a cámara y recuerda que la economía argentina nunca firma contratos de exclusividad con la tranquilidad.
Como noticia favorable, la inflación mayorista de junio fue del 1,1%, el menor registro de los últimos cuatro meses. El dato fue celebrado oficialmente como una señal más precisa sobre la evolución de los precios, aunque no contempla servicios. Es decir, el indicador ofrece una fotografía alentadora, siempre que nadie en la imagen necesite transporte, electricidad, alquiler, telefonía o cualquier otra actividad sospechosamente vinculada con la vida cotidiana.
La próxima preocupación aparece en los combustibles, cuyo impacto podría trasladarse a costos logísticos y precios finales. Porque en la extensa mitología inflacionaria argentina, la nafta nunca se limita a mover automóviles: también viaja escondida en camiones, góndolas y facturas, con una capacidad extraordinaria para llegar antes que cualquier programa de estabilización.