En una nueva audiencia del debate oral por la desaparición de Loan Danilo Peña, declaró el veterinario y especialista en odorología forense Mario Rolando Rosillo, quien brindó detalles sobre las pericias realizadas en los vehículos vinculados con algunos de los principales acusados.
Ante el tribunal, el experto ratificó que los perros entrenados detectaron rastros de olor atribuidos a Loan en dos rodados pertenecientes al exmarino Carlos Pérez y a la exfuncionaria municipal María Victoria Caillava.
Las marcaciones en la Ford Ranger y el Ford Ka
De acuerdo con la declaración de Rosillo, los canes realizaron marcaciones positivas en los asientos traseros de una camioneta Ford Ranger y de un Ford Ka.
La camioneta fue el vehículo utilizado por Pérez y Caillava para asistir al almuerzo familiar celebrado el día en que Loan fue visto por última vez. El Ford Ka, en tanto, fue empleado posteriormente por el matrimonio para viajar a la ciudad de Corrientes y luego a la provincia del Chaco.
Durante su testimonio, el perito sostuvo de manera categórica: «Fue de Loan». Un tercer vehículo examinado, un Volkswagen Voyage, no presentó coincidencias concluyentes y fue descartado en esta instancia de la pericia odorológica.
La detección en el Ford Ka ocupa un lugar central dentro de la hipótesis investigativa que analiza un posible traslado del niño fuera del paraje Algarrobal. Mientras la presencia de la Ford Ranger en el almuerzo familiar podría permitir planteos sobre una transferencia accidental, el uso posterior del automóvil es uno de los puntos evaluados por los investigadores.
Las limitaciones técnicas explicadas por el especialista
A pesar de ratificar los resultados, Rosillo realizó una serie de aclaraciones sobre el alcance científico de la prueba. Explicó que la odorología forense permite identificar componentes volátiles, pero no determina de qué forma, en qué momento ni bajo qué circunstancias el olor llegó a una superficie.
El especialista señaló además que algunas de las inspecciones iniciales fueron efectuadas en «lugares no controlados». Esa condición deberá ser considerada por el tribunal al momento de valorar la prueba y su relación con el resto de los elementos incorporados al expediente.
Las defensas de Pérez y Caillava han cuestionado históricamente estos resultados mediante la hipótesis de contaminación cruzada o transferencia secundaria. Según sus planteos, personas que participaron de los primeros rastrillajes podrían haber trasladado indirectamente el olor del niño hasta los vehículos.
También cuestionaron el resguardo de los rodados y las condiciones en las que permanecieron antes de las pericias. Estos argumentos deberán ser contrastados con los informes técnicos, las declaraciones testimoniales y la documentación incorporada a la causa.
Cuestionamientos a otro operativo con perros
Durante su exposición, Rosillo también evaluó el procedimiento realizado por otra guía y su perro, provenientes de Paso de los Libres, durante una inspección en el vehículo de los imputados Daniel Ramírez y Mónica Millapi.
El perito afirmó que existió una «alta inducción» de la guía sobre el animal y sostuvo que no se produjo una marcación real. Por ese motivo, consideró que ese procedimiento en particular no puede ser tomado como una técnica pericial válida.
Además de las pruebas odorológicas, los investigadores realizaron distintos procedimientos sobre los vehículos. Se aplicó luminol, se levantaron muestras de manchas y cabellos y se analizaron posibles rastros biológicos que pudieran aportar elementos objetivos a la causa.
También se evaluaron registros de cámaras de seguridad, peajes y antenas de telefonía para reconstruir el recorrido del Ford Ka y contrastar los horarios con las declaraciones brindadas por los acusados.
Otra de las líneas analizadas durante la investigación fue la posibilidad de un accidente con la Ford Ranger. Para ello se estudiaron las ruedas del vehículo y se buscaron rastros compatibles en el terreno, aunque esa hipótesis perdió fuerza frente a la investigación por una posible sustracción y traslado.
La acusación también analiza la actuación del excomisario de 9 de Julio, Walter Maciel, ante la sospecha de que durante los primeros operativos se habrían desviado recursos y orientado la búsqueda hacia pistas falsas. Entre esos episodios figura el hallazgo de un botín de Loan en una zona de barro, cuya aparición fue incorporada al análisis judicial.
El debate oral continuará con la declaración de nuevos testigos, entre ellos efectivos de las fuerzas de seguridad que participaron en los primeros procedimientos desplegados después de la desaparición del niño.
El perito en odorología forense Mario Rolando Rosillo declaró en una audiencia del caso Loan y ratificó que perros entrenados detectaron rastros de olor atribuidos al niño en una Ford Ranger y un Ford Ka vinculados a Carlos Pérez y María Victoria Caillava. También aclaró las limitaciones técnicas del procedimiento y cuestionó otra inspección realizada durante la búsqueda.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
La investigación por la desaparición de Loan volvió a ingresar en ese territorio donde la ciencia intenta hablar con precisión mientras el expediente acumula hipótesis, operativos cuestionados y procedimientos que parecen organizados por un comité especializado en convertir cada respuesta en tres preguntas nuevas. Esta vez declaró Mario Rolando Rosillo, veterinario y experto en odorología forense, quien ratificó que los perros detectaron olor atribuido al niño en dos vehículos relacionados con Carlos Pérez y María Victoria Caillava.
La afirmación más contundente del perito fue «Fue de Loan», cuatro palabras capaces de congelar una sala. Sin embargo, la contundencia vino acompañada por las advertencias que suelen transformar una certeza televisiva en un debate judicial de varias horas: la técnica detecta componentes volátiles, pero no explica cómo llegaron hasta allí, cuándo fueron transferidos ni mediante qué mecanismo. La ciencia entregó una pieza del rompecabezas; el problema es que el expediente todavía no encuentra la tapa de la caja.
Rosillo también señaló que parte de las inspecciones se realizó en «lugares no controlados», una descripción técnica que en cualquier otra actividad podría equivaler a admitir que el experimento fue ejecutado en condiciones menos ordenadas que una mesa familiar después del postre. Para las defensas, esa circunstancia abre la puerta a planteos sobre contaminación cruzada. Para la acusación, las marcaciones continúan siendo un indicio relevante. Para el tribunal, significa más informes, más testimonios y probablemente una nueva montaña de carpetas con señaladores de colores.
El especialista, además, cuestionó otro procedimiento y denunció una «alta inducción» de la guía sobre el animal. Según explicó, no hubo una marcación auténtica y esa actuación no debería considerarse una técnica pericial válida. El caso vuelve así a recordar una regla básica que algunas investigaciones aprenden cuando ya es demasiado tarde: un perro entrenado puede seguir un rastro, pero no debería tener que cargar también con los errores humanos, la presión mediática y la improvisación institucional.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En una nueva audiencia del debate oral por la desaparición de Loan Danilo Peña, declaró el veterinario y especialista en odorología forense Mario Rolando Rosillo, quien brindó detalles sobre las pericias realizadas en los vehículos vinculados con algunos de los principales acusados.
Ante el tribunal, el experto ratificó que los perros entrenados detectaron rastros de olor atribuidos a Loan en dos rodados pertenecientes al exmarino Carlos Pérez y a la exfuncionaria municipal María Victoria Caillava.
Las marcaciones en la Ford Ranger y el Ford Ka
De acuerdo con la declaración de Rosillo, los canes realizaron marcaciones positivas en los asientos traseros de una camioneta Ford Ranger y de un Ford Ka.
La camioneta fue el vehículo utilizado por Pérez y Caillava para asistir al almuerzo familiar celebrado el día en que Loan fue visto por última vez. El Ford Ka, en tanto, fue empleado posteriormente por el matrimonio para viajar a la ciudad de Corrientes y luego a la provincia del Chaco.
Durante su testimonio, el perito sostuvo de manera categórica: «Fue de Loan». Un tercer vehículo examinado, un Volkswagen Voyage, no presentó coincidencias concluyentes y fue descartado en esta instancia de la pericia odorológica.
La detección en el Ford Ka ocupa un lugar central dentro de la hipótesis investigativa que analiza un posible traslado del niño fuera del paraje Algarrobal. Mientras la presencia de la Ford Ranger en el almuerzo familiar podría permitir planteos sobre una transferencia accidental, el uso posterior del automóvil es uno de los puntos evaluados por los investigadores.
Las limitaciones técnicas explicadas por el especialista
A pesar de ratificar los resultados, Rosillo realizó una serie de aclaraciones sobre el alcance científico de la prueba. Explicó que la odorología forense permite identificar componentes volátiles, pero no determina de qué forma, en qué momento ni bajo qué circunstancias el olor llegó a una superficie.
El especialista señaló además que algunas de las inspecciones iniciales fueron efectuadas en «lugares no controlados». Esa condición deberá ser considerada por el tribunal al momento de valorar la prueba y su relación con el resto de los elementos incorporados al expediente.
Las defensas de Pérez y Caillava han cuestionado históricamente estos resultados mediante la hipótesis de contaminación cruzada o transferencia secundaria. Según sus planteos, personas que participaron de los primeros rastrillajes podrían haber trasladado indirectamente el olor del niño hasta los vehículos.
También cuestionaron el resguardo de los rodados y las condiciones en las que permanecieron antes de las pericias. Estos argumentos deberán ser contrastados con los informes técnicos, las declaraciones testimoniales y la documentación incorporada a la causa.
Cuestionamientos a otro operativo con perros
Durante su exposición, Rosillo también evaluó el procedimiento realizado por otra guía y su perro, provenientes de Paso de los Libres, durante una inspección en el vehículo de los imputados Daniel Ramírez y Mónica Millapi.
El perito afirmó que existió una «alta inducción» de la guía sobre el animal y sostuvo que no se produjo una marcación real. Por ese motivo, consideró que ese procedimiento en particular no puede ser tomado como una técnica pericial válida.
Además de las pruebas odorológicas, los investigadores realizaron distintos procedimientos sobre los vehículos. Se aplicó luminol, se levantaron muestras de manchas y cabellos y se analizaron posibles rastros biológicos que pudieran aportar elementos objetivos a la causa.
También se evaluaron registros de cámaras de seguridad, peajes y antenas de telefonía para reconstruir el recorrido del Ford Ka y contrastar los horarios con las declaraciones brindadas por los acusados.
Otra de las líneas analizadas durante la investigación fue la posibilidad de un accidente con la Ford Ranger. Para ello se estudiaron las ruedas del vehículo y se buscaron rastros compatibles en el terreno, aunque esa hipótesis perdió fuerza frente a la investigación por una posible sustracción y traslado.
La acusación también analiza la actuación del excomisario de 9 de Julio, Walter Maciel, ante la sospecha de que durante los primeros operativos se habrían desviado recursos y orientado la búsqueda hacia pistas falsas. Entre esos episodios figura el hallazgo de un botín de Loan en una zona de barro, cuya aparición fue incorporada al análisis judicial.
El debate oral continuará con la declaración de nuevos testigos, entre ellos efectivos de las fuerzas de seguridad que participaron en los primeros procedimientos desplegados después de la desaparición del niño.
El perito en odorología forense Mario Rolando Rosillo declaró en una audiencia del caso Loan y ratificó que perros entrenados detectaron rastros de olor atribuidos al niño en una Ford Ranger y un Ford Ka vinculados a Carlos Pérez y María Victoria Caillava. También aclaró las limitaciones técnicas del procedimiento y cuestionó otra inspección realizada durante la búsqueda.
La investigación por la desaparición de Loan volvió a ingresar en ese territorio donde la ciencia intenta hablar con precisión mientras el expediente acumula hipótesis, operativos cuestionados y procedimientos que parecen organizados por un comité especializado en convertir cada respuesta en tres preguntas nuevas. Esta vez declaró Mario Rolando Rosillo, veterinario y experto en odorología forense, quien ratificó que los perros detectaron olor atribuido al niño en dos vehículos relacionados con Carlos Pérez y María Victoria Caillava.
La afirmación más contundente del perito fue «Fue de Loan», cuatro palabras capaces de congelar una sala. Sin embargo, la contundencia vino acompañada por las advertencias que suelen transformar una certeza televisiva en un debate judicial de varias horas: la técnica detecta componentes volátiles, pero no explica cómo llegaron hasta allí, cuándo fueron transferidos ni mediante qué mecanismo. La ciencia entregó una pieza del rompecabezas; el problema es que el expediente todavía no encuentra la tapa de la caja.
Rosillo también señaló que parte de las inspecciones se realizó en «lugares no controlados», una descripción técnica que en cualquier otra actividad podría equivaler a admitir que el experimento fue ejecutado en condiciones menos ordenadas que una mesa familiar después del postre. Para las defensas, esa circunstancia abre la puerta a planteos sobre contaminación cruzada. Para la acusación, las marcaciones continúan siendo un indicio relevante. Para el tribunal, significa más informes, más testimonios y probablemente una nueva montaña de carpetas con señaladores de colores.
El especialista, además, cuestionó otro procedimiento y denunció una «alta inducción» de la guía sobre el animal. Según explicó, no hubo una marcación auténtica y esa actuación no debería considerarse una técnica pericial válida. El caso vuelve así a recordar una regla básica que algunas investigaciones aprenden cuando ya es demasiado tarde: un perro entrenado puede seguir un rastro, pero no debería tener que cargar también con los errores humanos, la presión mediática y la improvisación institucional.