Flybondi atraviesa una severa crisis financiera, laboral y operativa, con salarios impagos, cientos de indemnizaciones pendientes, deudas con proveedores y una flota drásticamente reducida. A ese escenario se suman pedidos de quiebra presentados ante la Justicia Comercial y versiones dentro del sector aerocomercial sobre una eventual presentación en concurso preventivo de acreedores.
La compañía controlada por el empresario Leonardo Scatturice adeuda, según la información conocida, salarios correspondientes a junio y julio, además del medio aguinaldo, a trabajadores que todavía mantienen relación de dependencia.
El problema alcanza también a quienes dejaron la empresa. Más de 700 exempleados llevarían más de tres meses esperando el pago de indemnizaciones correspondientes a despidos sin causa y acuerdos de retiro voluntario suscriptos con la propia compañía.
La situación tuvo además consecuencias sobre la cobertura médica. El 6 de agosto, la falta de pago de aportes patronales dejó a trabajadores y exempleados sin prestaciones de medicina prepaga u obra social, con impacto sobre tratamientos y controles médicos.
Una flota reducida y cientos de vuelos cancelados
La dimensión financiera de la crisis está directamente vinculada con el deterioro de la operación. Flybondi contaba con una estructura preparada para aproximadamente 15 aeronaves, pero actualmente tendría cinco aviones en el país y solamente dos estarían en condiciones de operar.
La compañía avanzó durante los últimos meses con una reducción de personal. Parte de los acuerdos indemnizatorios fueron formalizados ante escribanía y otros atravesaron instancias de homologación administrativa, aunque los pagos acordados permanecen pendientes.
La empresa también enfrenta dificultades con diferentes proveedores. YPF dejó de abastecerla mediante cuenta corriente y comenzó a exigir el pago anticipado del combustible ante los incumplimientos registrados.
La falta de liquidez llegó a afectar directamente la programación. Durante el 24 y 25 de junio, la compañía no habría contado con los fondos necesarios para adquirir combustible y no pudo concretar vuelos.
Los propietarios de algunas aeronaves también habrían impedido que sus equipos continuaran operando mientras permanecieran pendientes determinadas obligaciones económicas.
Los números muestran el alcance de la crisis. Durante junio, Flybondi había programado 2.626 vuelos y concretó 803, mientras 1.823 fueron cancelados. Esto representa un nivel de cumplimiento del 30,6%.
La situación empeoró en julio. De acuerdo con los datos difundidos, de 427 vuelos programados solamente se habrían completado 23, equivalentes al 5,4%, y buena parte de ellos registraron demoras.
Entre el 6 y el 10 de agosto, la empresa acumuló además 66 cancelaciones, pese a haber presentado un esquema de arribos y partidas.
Pasajes vendidos y una posible instancia judicial
Mientras enfrenta estas dificultades, Flybondi continúa comercializando pasajes. Esto abre otro interrogante relacionado con los pasajeros que compraron servicios que posteriormente fueron cancelados.
Un boleto aéreo constituye un contrato mediante el cual la compañía asume la obligación de transportar al pasajero entre determinados destinos, en una fecha y horario establecidos.
Una eventual presentación en concurso preventivo podría modificar considerablemente el escenario para quienes mantengan créditos contra la empresa por servicios incumplidos.
En ese supuesto, los damnificados podrían verse obligados a verificar sus créditos dentro del expediente concursal. Ese procedimiento puede implicar asistencia jurídica, plazos judiciales y quedar sujeto a las condiciones de pago o quitas que eventualmente sean aprobadas dentro del proceso.
La Justicia Comercial ya registra varios pedidos de quiebra contra la compañía. Hasta el momento no derivaron en una declaración de quiebra, pero forman parte del complejo cuadro financiero que atraviesa la aerolínea.
El concurso preventivo, en caso de concretarse, permitiría establecer un corte sobre las obligaciones acumuladas y abrir una negociación con los acreedores para intentar reestructurar el pasivo.
Deudas con proveedores y controles sobre la operación
La compañía mantiene además obligaciones con distintos actores del sistema aerocomercial, entre ellos la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), la Empresa Argentina de Navegación Aérea (EANA), Aeropuertos Argentina 2000 e Intercargo.
La situación también produjo consecuencias fuera del país. La autoridad aeronáutica brasileña restringió la venta de pasajes de Flybondi hacia Florianópolis, Maceió y Salvador después de detectar un alto nivel de cancelaciones.
Entre el 1° y el 27 de julio, según los datos informados, la empresa había cancelado el 79% de los vuelos programados hacia Brasil.
Posteriormente, las autoridades argentinas exigieron a Flybondi la presentación de un plan de acción que detallara su programación y la disponibilidad efectiva de la flota, bajo la posibilidad de adoptar medidas sobre las aeronaves ante eventuales incumplimientos relacionados con la seguridad operacional.
La combinación de una operación severamente reducida, salarios e indemnizaciones pendientes, compromisos comerciales y fiscales acumulados y pedidos de quiebra alimentó las versiones sobre una próxima presentación en concurso preventivo.
También circulan versiones dentro del sector sobre una eventual modificación de la marca en caso de que el grupo empresario decida reorganizar la actividad, aunque no existe hasta el momento una confirmación formal de ese cambio.
De concretarse el concurso preventivo, comenzaría una nueva etapa para Flybondi, sus trabajadores, proveedores y pasajeros acreedores. Por el momento, la compañía continúa operando con una capacidad fuertemente reducida mientras crece la incertidumbre respecto de su futuro financiero y operativo.
Flybondi atraviesa una profunda crisis financiera y operativa: adeuda salarios desde junio, el medio aguinaldo y más de 700 indemnizaciones, mientras acumula pedidos de quiebra y deudas con proveedores. La compañía opera actualmente con una flota muy reducida y en el sector aerocomercial crecen las versiones sobre una posible presentación en concurso preventivo de acreedores.
Dos aviones en condiciones de volar, salarios adeudados desde junio, más de 700 indemnizaciones pendientes y varios pedidos de quiebra. Flybondi llegó a ese punto del viaje donde la demostración de seguridad debería incluir cómo colocarse el concurso preventivo en caso de emergencia financiera.
La estructura de la compañía estaba preparada para operar 15 aeronaves, pero actualmente tiene cinco en el país y apenas dos estarían disponibles para volar. La reducción no quedó solamente en los hangares: empleados activos reclaman salarios de junio, julio y el medio aguinaldo, mientras exempleados esperan desde hace más de tres meses indemnizaciones correspondientes a despidos y retiros voluntarios.
La crisis también llegó al surtidor. YPF dejó de abastecer combustible mediante cuenta corriente y comenzó a exigir pago anticipado, mientras propietarios de aeronaves habrían impedido operar algunos equipos hasta cancelar deudas. La low cost consiguió llevar el concepto de “pague antes de viajar” a una dimensión que probablemente no imaginaba el pasajero.
Los números operativos son todavía más contundentes. Durante junio, de 2.626 vuelos programados se concretaron 803. En julio, de 427 previstos, solamente se habrían realizado 23. Entre el 6 y el 10 de agosto se sumaron otras 66 cancelaciones. Comprar un pasaje comenzó a tener cierta semejanza con adquirir una entrada para un recital sin confirmar si viene el artista.
El problema es que los tickets continúan comercializándose. Si finalmente hubiera un concurso preventivo, los pasajeros con servicios incumplidos podrían quedar frente a la necesidad de verificar sus créditos dentro del proceso judicial, con costos, plazos y prioridades propias de cualquier concurso. Uno compró Córdoba-Aeroparque y terminó estudiando Derecho Comercial.
En Brasil, la autoridad aeronáutica ya restringió la comercialización hacia Florianópolis, Maceió y Salvador después de registrar un elevado porcentaje de cancelaciones. En Argentina, la ANAC terminó exigiendo un plan de acción con programación y disponibilidad de flota.
Flybondi arrastra además obligaciones con organismos y empresas vinculadas con la actividad aeroportuaria. Con la operación reducida, deudas laborales y comerciales acumulándose y pedidos de quiebra en la Justicia Comercial, en el sector crece la expectativa de que la compañía pueda recurrir al concurso preventivo para renegociar sus pasivos.
Flybondi nació prometiendo una revolución de los aviones. Por ahora, la revolución consiste en descubrir primero si hay avión.