Dos propiedades mineras fueron registradas sobre terrenos ubicados entre San Carlos y San Rafael, parte de ellos vinculados al empresario Martín Varsavsky y al emprendimiento Wamani, conocido por su perfil turístico, aislado y por la difusión de la idea de un eventual refugio frente a conflictos globales.
Los cateos fueron identificados como “Sofía I” y “Mía I” y abarcan en conjunto más de 17.000 hectáreas destinadas a tareas de exploración.
Según los registros oficiales, los pedidos fueron realizados por Gustavo y Marcelo Sued, quienes además fundaron este año la empresa SUED MINING S.A.S.
En principio, no existen indicios en el registro de que los solicitantes de las propiedades mineras tengan relación societaria con los propietarios de las tierras superficiales.

La tierra y el subsuelo, dos derechos distintos
Uno de los puntos centrales del caso es que ser propietario de un terreno no implica ser dueño de los recursos minerales que pueda haber debajo.
El Estado provincial es quien administra y concesiona esos recursos y, en el caso de la minería, cualquier persona puede solicitar una propiedad minera sobre una zona siempre que no existan concesiones previas.
Si los titulares de los cateos no están vinculados con los dueños de la superficie, deberán notificar al superficiario y avanzar en una negociación para poder realizar las tareas correspondientes.
En caso de no alcanzar un acuerdo, el Estado deberá intervenir como mediador.
De acuerdo con la información catastral citada en el expediente, entre los titulares de las tierras alcanzadas aparecen Varsavsky Martín, Meizenq Nelson Guillermo y Pons Guillermo.
Qué es Wamani
Wamani es una estancia desarrollada inicialmente como emprendimiento turístico, con una propuesta de bajo impacto ambiental y fuerte aprovechamiento del aislamiento natural de la zona.
El lugar cuenta con actividades de aventura, domos, construcciones rurales y puestos tradicionales de crianceros.
Su ubicación, la disponibilidad de recursos naturales y especialmente el acceso al agua alimentaron la idea de que podía funcionar como un refugio privilegiado ante eventuales crisis globales.
Varsavsky adquirió tierras en San Carlos y sumó a otros empresarios al proyecto, con el objetivo de consolidar una suerte de reserva privada en la cordillera mendocina.

Los cateos se superponen con parte del emprendimiento
Los terrenos sobre los que se solicitaron permisos de exploración están fuera de áreas protegidas, aunque se encuentran a menos de 30 kilómetros de Laguna del Diamante y se superponen con sectores de Wamani.
Los pedidos de exploración fueron registrados en diciembre de 2024, pero recién fueron publicados en agosto de 2026.
Uno de los edictos señala: “Permiso de exploración cateo «SOFIA I» Sued Gustavo Cesar Y Sued Marcelo Rafael, y Mario Daniel Marino, solicitan permiso de exploración en la Provincia de Mendoza”.
Tras cruzar las coordenadas con la información de Catastro provincial, aparecieron los propietarios de las tierras superficiales involucradas.
San Carlos, un escenario difícil para la minería
Más allá de una eventual negociación con los propietarios de las tierras, uno de los principales obstáculos para cualquier avance minero podría ser la fuerte resistencia histórica que existe en San Carlos.
El departamento es considerado uno de los principales bastiones del movimiento antiminero de Mendoza y ha sido escenario de distintas movilizaciones y debates vinculados con proyectos extractivos.
En los últimos años, el impulso a la actividad minera en Mendoza generó además distintos conflictos entre titulares de derechos mineros y quienes ocupan o utilizan los territorios, entre ellos crianceros y comunidades originarias.
En este caso, la eventual disputa podría darse principalmente entre empresarios: por un lado, quienes poseen y desarrollan la superficie; por otro, quienes buscan explorar los recursos del subsuelo.
El registro de los cateos es apenas el primer paso administrativo y no implica que las tareas de exploración comiencen de inmediato. Entre la solicitud, las autorizaciones, los acuerdos con superficiarios y el eventual inicio de actividades puede transcurrir un período prolongado.
Dos cateos mineros, “Sofía I” y “Mía I”, fueron registrados sobre más de 17.000 hectáreas ubicadas entre San Carlos y San Rafael, en terrenos vinculados al empresario Martín Varsavsky y al emprendimiento Wamani. Los permisos corresponden a Gustavo y Marcelo Sued y abren una potencial puja entre propietarios superficiales e interesados en explorar recursos del subsuelo.
El “paraíso” antinuclear de millonarios ahora tiene cateos mineros encima. Dos permisos, más de 17.000 hectáreas y un detalle jurídico poco romántico: comprar la tierra no significa comprar también todo lo que pueda haber debajo.
Las propiedades mineras se llaman “Sofía I” y “Mía I” y fueron pedidas por Gustavo y Marcelo Sued, vinculados a SUED MINING S.A.S. En los registros no aparece una relación con los dueños de la superficie. Dicho en criollo: arriba puede estar el refugio premium; abajo, otro puede querer buscar metales.
La ley minera separa bastante bien ambas cosas. El superficiario conserva la tierra, pero los recursos del subsuelo son administrados por el Estado y pueden ser concesionados. Si los intereses chocan, primero toca negociar y, si no hay acuerdo, entra el Estado a mediar. El Edén, pero con expediente.
Wamani había ganado fama por su perfil aislado, turístico y de bajo impacto, además de toda la narrativa sobre un refugio frente a conflictos globales. Ahora suma un ingrediente menos contemplativo: cateos publicados, coordenadas cruzadas y posibles discusiones por uso del territorio.
Encima, el escenario tiene otro condimento: San Carlos es uno de los departamentos con mayor tradición antiminera de Mendoza. Así que el verdadero problema para cualquier proyecto podría no ser convencer a Varsavsky, sino convencer al lugar donde se pretende avanzar.
El refugio era para escapar de los conflictos del mundo. Los conflictos llegaron por el subsuelo.