La Liga Sanjuanina de Fútbol suspendió el desarrollo del campeonato de Primera B y resolvió postergar la Fecha 7 hasta que todas las instituciones participantes acrediten el cumplimiento de las condiciones básicas de protección para sus futbolistas, con especial énfasis en la vigencia de las pólizas de seguro de cada jugador.
La decisión fue adoptada luego del grave episodio protagonizado por Lucas Leonardo Díaz, futbolista de 19 años de Independiente de Villa Obrera, durante el partido disputado el fin de semana anterior frente a Sportivo Picón.
En ese encuentro, Díaz sufrió un fuerte impacto en la zona abdominal que le provocó una perforación intestinal. La lesión requirió una rápida intervención quirúrgica en el Hospital Rawson.
Una lesión que expuso deficiencias en la asistencia
Además de la gravedad médica del cuadro, el caso dejó expuestas serias falencias en la asistencia brindada al futbolista. La ambulancia nunca llegó al predio, por lo que el joven debió ser trasladado en un vehículo particular.
Posteriormente, también se constató que el jugador no contaba con la cobertura de seguro médico correspondiente, una situación que encendió las alarmas dentro de la organización de la competencia.
La Primera B, suspendida hasta nuevo aviso
Frente a la falta de garantías mínimas para el desarrollo del torneo, la Mesa Directiva resolvió detener de manera indeterminada la actividad del ascenso hasta que cada institución garantice formalmente que sus planteles cuentan con las pólizas de seguro exigidas.
Desde el organismo rector indicaron que la nueva programación y la fecha de regreso de la Primera B serán comunicadas por los canales oficiales una vez que las comisiones directivas de los clubes acrediten el cumplimiento total de los requisitos de seguridad establecidos.
La Liga Sanjuanina de Fútbol suspendió la Fecha 7 del campeonato de Primera B y frenó la competencia hasta que los clubes acrediten las pólizas de seguro de todos sus jugadores. La medida se tomó tras el caso de Lucas Leonardo Díaz, futbolista de Independiente de Villa Obrera que sufrió una perforación intestinal y no contaba con la cobertura médica correspondiente.
La Primera B sanjuanina quedó oficialmente en pausa por una razón bastante más seria que una cancha inundada, una protesta arbitral o cualquier otro clásico del fútbol doméstico: hubo que recordar que los jugadores deberían estar asegurados antes de salir a disputar un partido. La Liga Sanjuanina decidió suspender la Fecha 7 hasta que los clubes demuestren que las pólizas existen, están vigentes y no viven únicamente en esa dimensión administrativa donde también habitan los papeles que “ya están por salir”.
La resolución llegó después del dramático caso de Lucas Leonardo Díaz, de 19 años, jugador de Independiente de Villa Obrera, quien sufrió un fuerte golpe abdominal frente a Sportivo Picón y terminó con una perforación intestinal. A partir de allí, la jornada deportiva abandonó rápidamente cualquier parecido con el fútbol para convertirse en una auditoría involuntaria sobre todo lo que no debería fallar cuando un deportista necesita asistencia.
La ambulancia nunca llegó al predio, Díaz fue trasladado en un vehículo particular y luego se comprobó que no tenía la cobertura de seguro médico correspondiente. Una combinación que consiguió algo difícil: transformar un accidente dentro de una cancha en un catálogo bastante completo de aquello que una competencia organizada debería evitar. La posterior cirugía en el Hospital Rawson terminó de colocar el episodio muy lejos de cualquier discusión sobre puntos, posiciones o resultados.
Ahora la pelota quedó guardada hasta nuevo aviso y la tarea más urgente de los clubes no pasa por preparar una defensa de cuatro, mejorar la pelota parada ni encontrar un goleador: consiste en presentar documentación. La Mesa Directiva determinó que el campeonato no continuará hasta que cada institución garantice las pólizas de sus planteles. El ascenso sanjuanino descubrió así una nueva regla no escrita, aunque bastante elemental: antes de discutir quién sube, conviene asegurarse de que todos puedan jugar con garantías mínimas de protección.